DICHOS DE CÚCUTA (9)
Tomados del libro “Modismos
cucutoches” del profesor universitario, ingeniero y escritor
Carlos Humberto Africano
Cúcuta desmedida
SISTEMA MUNICIPAL DE MEDIDAS
Cúcuta es una ciudad sui
generis. Tanto, que hasta tiene su propio Sistema Municipal
de Medidas que, ahora con aquello del
TLC
y la globalización, estamos a punto de homologarlo con los
patrones internacionales, solicitar que sea incluido dentro del
Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad y patentarlo con
la Denominación De Origen.
Para un “extranjero” que llega a Cúcuta por primera vez se
enfrenta a esa cruda realidad de las mediciones en este, por
demás, preciso sistema y por tanto, debe abandonar aquellos
“todos raros”, como el sistema métrico decimal o el inglés, que
nadie sabe qué es.
Qué cuentos de medir en el sistema métrico
decimal o en el inglés. Aquí se mide en dedos, jemes, cuartas,
brazas, minchas y minchitas. Qué cuentos de medir en cm3.
Aquí se mide en cucharadas, cucharaditas y goteros; tragos y
lámparas; vasos y medios vasos. Aquí se pesa en bultos, cargas,
puchos y puchitos. Las medidas finas son el pelo, el pelito, el
tilín, el tris, el trisito y el tantico; y las medidas de tiempo
son el rato y el ratico.
Como el sistema es un tanto complicado voy a proponerle a “La
Panchito”, nombre despectivo con el cual denominan algunos, que
no deben ser de aquí, a la Universidad Francisco de Paula
Santander, que dicte un diplomado sobre este sistema con fines
de homologación. Como aporte a este diplomado, al final de este
texto les presento un breve diccionario sobre el tema. Mientras
tanto, para mejor comprensión de propios y extraños, les refiero
en tres escenarios como opera este preciso sistema de
medidas.
PRIMER ESCENARIO:
REMODELACIÓN DE UNA CASA
El maestro le dice a su
ayudante: “Prepare una mezcla tres por uno”.
Si el obrero ya es ducho, a punto de graduarse de maestro de
obra, no pregunta más, ya sabe el resto de la película. Pero si
es novato ayudante, que está haciendo el curso para maestro de
obra, indaga y recibe esta aclaración: “Tres baldes de arena por
un cuarto de cemento”. Y que no vaya a hacer más preguntas
porque ya debe saber que el cuarto es de bolsa de cemento.
Porque balde y bolsa son dos medidas universales cucuteñas,
además exactas.
Pregunta: “¿Cuánta agua?”.
“Échele un poco”.
Listo. La precisión es única. Con el patrón universal cucuteño,
el ojímetro, el ayudante mide los «baldes», «el cuarto» y «el
poco», y bate la mezcla. El maestro le echa un ojito a aquella
mezcla y dice: “Está dura, échele otro poco”. Poco después, le
echa otro ojo y le dice al ayudante: “Le falta un poquito”.
El ayudante toma nuevamente el ojímetro, mide el «poquito», lo
agrega y la mezcla queda lista. Pregunta qué hace con ella.
Le contestan: “Haga dos montones y déjela reposar un rato”.
Cuando transcurre el «rato», el maestro va a
usar la mezcla.
El novato ha aprendido y repasa su lección sobre
mezclas y medidas: tres baldes de arena, un cuarto de bolsa de
cemento, dos ojitos, dos pocos y un poquito de agua, dos
montones y un rato de tiempo.
SEGUNDO ESCENARIO:
UN HOGAR CUCUTEÑO, UN FIN DE SEMANA
La señora se dispone a realizar una labor. Le
pide ayuda a su marido. Lo encarga para que le consiga «una tira
de madera», unidad genérica que cualquier cucuteño sabe qué y
cuánto es. Pero el marido, que a lo mejor es ingeniero, desea
precisar un poco más y solicita las dimensiones.
“Mediana, un poquito larguita, como de dedo y medio de gruesa, y
un jeme y un trisito de ancho”, dice ella.
Esa precisión es extraordinaria. Los cucuteños la entienden
perfectamente. Los “extranjeros” van a tener que hacer un
diplomado sobre el Sistema Municipal de Medidas.
Que ni se le ocurra al oprimido marido (perdón por el pleonasmo)
mencionar “sus raros sistemas de medir”, porque lo que se lleva
es un vaciadón del carajo. Así que, calladito, sale a cumplir la
misión imposible para cualquier extranjero, pero mamey para un
cucutoche. Llega a la carpintería y pide la «tira de madera»,
sin más señas.
El carpintero ni se inmuta, sólo le pide las dimensiones. Cuando
las oye, con la experiencia que tiene en estos pedimentos, busca
entre palos y elige tres o cuatro varas con las especificaciones
de «mediana» y «larguita». En ese momento ocurre algo
extraordinario, y es que el carpintero, con toda naturalidad,
toma de su cintura la cinta, que parece métrica, pero graduada
en el Sistema Municipal de Medidas. Mide el grueso de las tiras
y elige la que le da el «dedo y medio» de espesor. Ahora mide y
marca el ancho y, sin titubeos, la pasa por la sierra, que la
recorta con la precisión de «un jeme y un trisito».
Regresa a la casa el marido. Su mujer le pone su ojímetro al
largo y al espesor, que aprueba sin remilgos. Por si las moscas,
mide con su jeme el ancho y lanza una sonrisa de satisfacción.
La tira de madera tiene las medidas precisas.
TERCER ESCENARIO:
UN ALMACEN DE TELAS
Va la señora a un taller de modistería a
encargar una faldita para su hija. Pregunta: “¿Cuánta tela?”.
“Con un pedazo alcanza”, le dice la modista.
Para una cucuteña,
esto ya es suficiente. Pero, para confirmar, la señora pregunta:
“¿Cómo de cuánto?”.
“Por ahi” (palabra grave, no aguda, para nosotros) “de tres
cuartos”, le dice la modista. La señora entiende que los “tres
cuartos” son de «braza». El ancho ya se sabe: “lo que dé la
tela”, le ha dicho la modista.
Va la señora a un almacén que, “por pura casualidad”, es de un
paisa. Le pide a la empleada, que es rola, los tres cuartos de
tela y, en ese momento, cae en la cuenta de que puede quedarse
corta y cambia la orden por una «braza». La empleada toma la
tela y una cinta graduada a la que llama metro. La señora le
corrige, le dice que es un cartabón. Por extensión, le explica,
americanismo que indica medir tallas de personas. La empleada
mira sorprendida a la señora por la explicación no pedida y
menos entendida y le pide rectificación de la medida. Una braza,
le dice. La empleada mide la tela, diciendo “un metro”.
La señora le corrige: “Una braza” y un tanto molesta, toma la
tela por el extremo con los dedos índice y pulgar de la mano
izquierda, estira el brazo y con la mano derecha extiende la
tela hasta el hombro derecho para medir su braza.
Le dice a la empleada: corte por ahí.
La empleada que no conoce esa medida, en lugar de hacerlo, mide
la tela. Sus cuentas no le cuadran y, se va a pedir ayuda.
Salen hasta el pato y la gallina. El dueño le explica a la
señora que ellos no tienen esas medidas en su “metro” (como él
lo llama, porque esa cinta flexible mide metro y medio).
Cartabón, rectifica la señora.
Que miden en un sistema llamado métrico, continúa el dueño del
almacén.
“Todo raro”, dice en voz baja la señora.
Le propone un “arreglo amistoso”. Que, si lo desea, le vende un
metro de tela.
La señora acepta el trato a regañadientes y sale del almacén
refunfuñando, con su pedazo de tela si, “pero dizque de un
metro, a quien se le ocurre”, les dice. Despotrica en voz baja
de los paisas y rolos porque no saben de medidas. “Deberían irse
a vender canastos al parque Berrío o a San Vitorino”, agrega
finalmente.
Dos días después llama la modista para decirle a la señora que:
“Faltó un pedacito”.
“Listo, ya se lo llevo”, responde la señora.
Por si acaso, la modista le dice: “Una cuarta”.
“Ya lo sabía, que iba a faltar tela. Como no saben de medidas,
midieron con un cartabón de cauchito, pero pa’ cobrar si están
listos, es que son mucho lo… uis”, los acusa la señora desde su
casa. Sale embejucada para el almacén, busca a la empleada y le
dice que ya ve que tuvo que volver porque le faltó una cuarta de
tela por su culpa. Le pide que le venda una cuarta de la misma
tela.
La empleada toma la tela y su “metro” que ya le sabe a cacho a
la señora, y mide 25 centímetros. La señora, que ya le ha puesto
su ojímetro, le dice que ahora le va a vender de más.
Se arma una pequeña discusión porque la empleada cree que la
señora se equivocó y quería decir “cuarto” cuando dijo «cuarta»,
y entonces trata de explicarle a la señora que ya midió con su
metro el cuarto (25 cm).
“No”, le dice la señora, “que es una cuarta”. Nuevamente salen
hasta el pato y la gallina con calculadora en mano para hacer
cálculos astronómicos y poder calcular cuánto vale una cuarta de
tela. Al fin le cortan la tela y le cobran con el ojómetro
paisa, que siempre está terciado y por eso se ladea pa’ su lado.
Sale la señora del almacén, como buena cucuteña,
toda arrecha, hablando pestes de los paisas porque siente que la
tumbaron. Pero lo que más le arrecha es que le hicieron meter
las patas porque: “Definitivamente, esos paisas y esos rolos
deberían dejar de jodernos e irse a vender canastos al parque
Berrío y a San Victorino. Porque, lo que es de medidas, no saben
un carajo”.
GLOSARIO de
nuestro precioso y preciso “Sistema Municipal de Medidas”.
Baldado:
Así queda alguien cuando el baldado es de agua
fría. Medida de capacidad. Sirve para medir cualquier cosa, sea
líquida o sólida, en cualquier cantidad. No tiene medidas
equivalentes, ni múltiplos ni submúltiplos. Nada tiene que ver
con la expresión: De balde: gratis.
Braza: Medida de
longitud. Distancia desde la punta del dedo índice de una mano
al hombro del brazo contrario, volteando la “tar-jeta” hacia el
hombro para no quedar fallo en la medida.
Bolsa:
Una medida de la bobería. No sea bolsas. Medida
generalizada de los comercios de alimentos: bolsa de harina,
bolsa de café, bolsa de azúcar…
Canastado:
Es la medida oficial de la sabrosura y de la
hermosura. Un canastado de pan, un canastado de fresas, un
canastado de huevos, un canastado de flores y desde luego, si ve
un grupo de chicas, se dice: ¡Qué canastado de hermosura!
Un submúltiplo equivalente es el atado: un
atado de flores, un atado de chicas. Un canastado pueden ser
cuatro, cinco o seis atados, según el canasto y según lo
amarrado que sea el ventero (vendedor) para hacer los
atados.
Carga:
Medida del paso por la vida: Cada cual lleva su
carga a cuesta. Medida inequitativa del ingrato y mal remunerado
trabajo del hombre del campo. Se lo tazan en cargas de 125 Kg. Y
compra alimentos en latas de 125 gr.
Carretillada:
medida oficial en la construcción de
vivienda. No me explico por qué la quieren cambiar por una
extrajera: garrucha. ¡Qué palabra más fea, carajo!
Cuarta:
Medida de longitud. Esta medida como que tiene
género, porque es la preferida por las damas. Se puede decir que
junto con el dedo y su múltiplo, el dedito, es su medida
oficial. Muy usada por modistas. Y ahora, modistos. En el tejo,
cuando los jugadores son maletas (malos), se mide en cuartas; en
cambio, en el juego de pipas, la medida oficial es la cuarta.
Distancia de la punta del dedo meñique a la del dedo pulgar, sin
uñas; las uñas largas no valen.
Chorrito:
Medida oficial de la tacañería en líquidos. Un chorrito de
trago. La empresa de acueducto siempre nos manda un chorrito de
agua.
Otra medida más amplia de
la tacañería es la migaja, que sirve para todo. “Pero si lo que
me dio fue una migaja”, dice uno con enfado.
Cucharada, Cucharadita:
Medida oficial para medir medicinas
líquidas. Algunas veces usada en cocina, casi siempre
confundiendo el continente con el contenido. Cuando sean
patentadas estas medidas, les cobraremos por su uso a los
laboratorios y a los médicos.
Cucharón:
De la misma familia. No es un múltiplo, sólo es
una cuchara grande. Es una medida de la sopa, entre más grande,
más sabrosa.
Ah, si va a
Venezuela, ni pu’el chiras diga cuchara. Cuchara es la bicha, y
la bicha es la vulva. De modo que dicen como los españoletes:
cucharilla. Pregunté cómo nombraban una cuchara pequeña. Me
miraron así: )
: (gire la hoja 90º)
Cuenta:
Medida oficial para el pan pequeño. Una cuenta
de pan son doce panes, pero se pagan diez, los dos extra son el
vendaje. Ah, y en otros tiempos, cuando éramos pipiolos,
nos daban la ñapa. Anécdotas sobre la ñapa son contados en
“Quadriga”, Diccionario cucutoche (2).
Costalado, costal:
Medida con sinónimos, pero
dependiendo de los objetos, tiene su valor. Si son objetos
diferentes, es un costalado. El peso lo fija Ud. Con lo que sea
capaz. Si son granos, se habla de sacos y pesan 62,5 Kg. Sacos
de arroz, sacos de café, sacos de fríjoles. Si es en el mercado,
se habla de bultos, de yuca, de papa, de plátano y dependiendo
de lo “artista” que sea el vendedor en acomodar las yucas o los
plátanos, puede tener entre 50 y 60 Kg.
Dedo:
Submúltiplo de cuarta. Otra medida con género.
“¿Cuál es la medida?”. “Como tres cuartas y dos deditos”. “¿De
cuánto de ancho?”. “Como de tres dedos y medio”. “Le hacen falta
(a la medida) como cuatro dedos”. Son respuestas de cualquier
dama cucuteña.
Jeme:
Medida poco usada, parecida a la cuarta.
Distancia de la punta del dedo índice a la del dedo pulgar. Las
uñas tampoco valen.
Jurgo:
Medida discreta de gran tamaño. Sirve para medir
un jurgo de vainas. Es la unidad de la particularidad.
Dependiendo del objeto, mide su particularidad: ¿Cuánto le
costó? – Un jurgo de plata. ¿Qué tan lejos queda? – Un jurgo de
lejos.
Lámpara:
Medida exclusiva para medir aguardiente, usada
en los estancos, hoy en desuso. Una medida equivalente son “dos
dedos”. Sí, pero la distancia entre los dedos índice y meñique.
Para que tengan una idea, una “media” (de aguardiente) son dos
lámparas y un lamparazo era jartarse una
lámpara de un jalón.
Legua:
Cuando alguien nombra legua, se entiende
que es una medida de distancia grande. Lo que no se ha podido
definir es la forma de medirla. Unos dicen que es la distancia
recorrida en una hora a paso piano, otros que la distancia
recorrida a paso piano, mientras se fuma un tabaco. Lo cierto es
que llegó bien lejos. Recuerden al “Siete Leguas”, el caballo de
Pancho Villa.
Manotada:
Lo que se puede agarrar cerrando el puño, que no
es mucho, según el tamaño de la mano. Es mejor utilizar la
buruza: lo que agarre con todos los dedos juntos.
Mincha, Minchita:
Unidad de medida oficial en el juego del
tejo cuando la pajita de medir no alcanza. La medida entonces
puede ser: una paja y una mincha. Pocas cosas se pueden medir en
minchas. Lo más cercano a la mincha es el
Armstrong (10–8 m). Minchita no es diminutivo,
es un submúltiplo. Otras medidas equivalentes son: la
mirringa, la migaja, la ñapa, el ñoco
con sus submúltiplos: mirringuita, migajita,
ñapita, ñoquito.
Mochila, mochilada:
Medida del engaño: gato en mochila,
gato enmochilado. Medida de la necesidad: La necesidad de llevar
para la casa una, dos o tres mochilas de mercado cada semana,
que cuestan dos o tres mochiladas de plata. Es una medida muy
exacta. Ud. le pone el ojímetro y sabe si es una mochila o una
mochilita.
Montón, montoncito:
Medida dinámica de volumen. Dinámica:
Que se puede agrandar o “achiquitar” a voluntad.
Una de las medidas
oficiales de la construcción. Cuando los materiales son
descargados, automáticamente cambian de unidad de medida. Ya no
es una volquetada, sino un montón.
Paca:
Medida oficial para el cemento. Las
“ferreterías”, nombre genérico que designa los comercios de
artículos para la construcción, venden pacas, medias pacas y
cuartos de paca de cemento. De ahí para atrás son “puchos”.
Paca se usa también como
genérico de envoltorio. El sinónimo “extranjero” chuspa
no es de buen recibo. ¡Qué palabrita tan horrible!
Pelo, Pelito, pelín:
Dicen que es una medida para calvos:
le faltó un pelo. Es un casi-casi: por un pelito. Medida oficial
en el billar. Una expresión corriente es: Le faltó un pelo pa’
moña. Una medida equivalente es el casi-casi.
Pico, Piquito:
Además de ser una medida chiquita del amor:
déme un piquito (besito), sirve para medir costos:
—¿Cuánto le costó?
—Doscientos mil y pico.
Pisca, Pisquita:
Es una medida de olor: ¡Qué pisquita!
Medida muy usada en repostería y culinaria, actividades que no
tienen medida y por eso también es para olores: una pisca
de ajo, una pisca de cebolla, una pisquita de
orégano…
Pocillo:
Medida de capacidad que mide exactamente el
tamaño del pocillo. Una medida equivalente es la taza.
Medidas usadas en cocina, a las que les pondremos precio una vez
esté patentado el sistema.
Poco, Poquito:
Medidas universales cucuteñas para medir
cualquier cosa. Parecidas al jurgo, pero más pequeñas.
Pote:
medida oficial de la inteligencia: Si es un pote
para las matemáticas. A veces es “muy hábil” a veces es “cerrado
como un pote”. Ahora será la medida del TLC. Todo nos llegará
enlatado en potes.
Pucho:
Medida oficial de los mercados públicos. En
puchos se mide casi todo lo que venden. Pero ¡ojo!, que le
pueden meter gato por liebre, y aquí la frase es textual. Revise
el pucho antes de hacer negocio. Un pucho es más o
menos medio costal. Un costal es alrededor de ¾ de bulto
y un bulto es media carga. La carga son diez arrobas. Así que no
se deje enredar.
Punta:
Medida para el inicio del amor. La puntita
nomás. Otra medida oficial para culinaria, junto con pisca. Una
punta son como dos piscas y media, dependiendo del cuchillo. La
precisión es extraordinaria.
Rebanada:
Medida oficial de las charcuterías cucuteñas que
compite con “el paquete” de las charcuterías de marca. Está tan
oficializada que en los empaques de los salchichones ya vienen
marcadas las rebanadas.
Rato, Ratico:
medidas de tiempo. La primera, más o menos
larga la espera; y la segunda, más o menos cortica.
Talega:
Talega es una medida que mide exactamente el
tamaño de la talega y usada para medir la suciedad y el sudor.
En una talega se echa la ropa sucia. Los “extranjeros” quieren
meternos esta medida para medir alimentos. Qué horrible se oye
cuando un rolo dice: una talega de pan. Nuestra medida es la
bolsa.
Tantico:
Medida de un tiempo más o menos largo: ¡espere
tantico! Medida del pedigüeño: déme tantico.
Tarro:
Medida “extranjera” para el recipiente
cilíndrico metálico. Nuestra medida es el pote y si es pequeño,
tenemos el submúltiplo: el potecito. El tarro es para el
recipiente de vidrio, como medida del dulce. Los dulces se
almacenan en tarros.
Teterado:
Medida del hambre. Porque si es el alimento de
un nene, es un tetero. Para un adulto es una gran porción, que
no se sirve en un tetero. ¡Qué tal! Un teterado de mute.
Tilín:
Es una medida sonora cuando no suena. Mucho
tilín y nada de helados. Es otro de los diminutivos que nos
inventamos. Un tilín es un pelín pero un poquitín más grandecín.
Tira, tirita:
Medida oficial de la seguridad. Un tira es
un policía camuflado de civil. Pero una tira no es una mujer
detective. Es un pedazo, un tolete de cualquier cosa en forma de
tira. Esta también es una unidad con género. Preferida por las
mujeres para pedir una tira de madera, una tira de tela, una
tira de cinta. Como si la cinta ya no fuera de por sí una tira.
Trago:
Es una medida para el sediento. Medida
minusválida del licor. Siempre queda uno con un “sedenonón…”
cuando le dan un trago. También con esta mínima medida se vende
en las tiendas de barrio el trago de aceite para los frijoles,
el trago de vinagre para la ensalada.
Tris, Trisito:
trisito es
submúltiplo de tris; éste, submúltiplo de poquito;
y éste, submúltiplo de poco. Ya pueden ir haciendo
cuentas: más o menos es un Armstrong partido por la
mitad.
Sarta, sartal:
Medida de la mentira: el sartal de mentiras.
Medida para el pescado “criollo”en los mercados públicos: una
sarta de panches, una sarta de rampuches.
Ah, y un collar de
perlas, así sean de Mallorca, no es más que una sarta de pepas.
Sorbo, sorbito:
Esta es una medida de temperatura. El café
en las mañanas se toma a soplo y sorbo. También es una medida
del amor. Hay que darlo a sorbitos.
Volquetada:
Medida superlativa usada en la construcción. Los “maestros”
miden todo en volquetadas y le ganan a los ingenieros en las
cuentas. Estos tiene que aprenderles rapidito que una volquetada
son 5 m3 y que para una placa de piso de tantos m2,
con el concreto indicado, se requieren tantas volquetadas de
arena, tantas de triturado y tantas de cemento, aunque venga en
pacas y, además, cuantos potes de agua lleva.