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| CUCUTA EN 1800 Cortesía de La Cámara de Comercio 19/07/2005 |
PERIODO 1800
Después de haberse logrado la
independencia de España, en Cúcuta se gestó un importante cambio comercial con
amplias perspectivas de desarrollo .
Ya no era obligatorio el cerrado comercio con la madre patria, sino que un
amplio panorama de posibilidades se le presentaron debido a su privilegiada posición geográfica, a las bondades de la región rica en minerales y sus
variadas tierras para toda clase de cultivos, y a la pujanza y visión de sus
gentes que supieron aprovechar las ventajas naturales que le permitían a la
ciudad comunicarse en poco tiempo por vía fluvial y marítima con el Puerto
venezolano de Maracaibo.
El desenvolvimiento comercial de Cúcuta tuvo su apogeo en la segunda mitad del
siglo XIX, cuando el cultivo de café, que se inició por primera vez en Colombia
en Salazar de las Palmas, se convirtió en uno de los principales productos de
exportación del país, y cuya comercialización se facilitó por la vía venezolana
del Puerto de Maracaibo.
A partir de ese momento Cúcuta logró un destacado desarrollo comercial y se
convirtió en un punto de atracción para que se instalaran en la ciudad
importantes casas comerciales europeas que efectuaban relaciones comerciales con
Inglaterra, Alemania, Italia y Francia.
También se importaba por esa época de Europa las manufacturas europeas que se
distribuían en los departamentos de Santander, Boyacá y en el vecino estado
venezolano del Táchira.
Cúcuta contó en ese entonces con una notable comunidad inmigrante de alemanes e
italianos y venezolanos que trajeron grandes beneficios en la organización
comercial y costumbres de la época.
En 1875 antes del terremoto del 18 de Mayo, Cúcuta era una ciudad con una
población aproximada de 12.000 habitantes y de una vida muy próspera y
tranquila, tal como consta en los relatos y crónicas históricas de la época.
"¡ Que grado de honradez caracterizaba al comercio de Cúcuta ! No se firmaban
documentos. La palabra empeñada era inviolable ! Parecía pueblo Aragonez"
Afirmaba Don Julio Pérez Ferrero con cierta nostalgia.
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