La historia de este muñeco, forma parte del historial típico de
Cúcuta en su leyenda, en su tradición y conservación, en casi un
siglo expuesto a la intemperie de un muro rústico, una pared de una
casa antigua.
Millones de ojos ha fijado su mirada para contemplarlo y por qué no
rendirse de la pose de este desprevenido muñeco?
En el cruce de la avenida cuarta con la calle 18, sobre la pared en
la casa que forma esquina, frente al asilo, hay pintado una muñeco
de lo más llamativo y simpático. Es un tipo bastante despreocupado,
al parecer, al leer un periódico, tirado hacia atrás en una silla y
con los pies colocados sobre una mesa, a la manera acostumbrada,
fumando un cigarrillo, naturalmente "Exelsior" y por su pose,
saliéndose del bolsillo unos cigarrillos que corrían por el piso .
Sin embargo "El lector" no es joven.; queremos decir que la pintura
no es nueva. Hace casi 100 años que figura allí y suman miles de
miles las personas que la han mirado al paso, sin que una sola haya
dejado de sonreír ante el gracioso desplante de aquel "fresco"
sujeto. Hasta hace pocos años Cúcuta no contaba con otra entrada por
los lados del sur que la del camellón que desemboca en la esquina
mencionada o sea el de Puente Barco y por allí estaban obligados a
transitar cuantos vinieran o salieran y aún los viajeros de
Venezuela, cuando la vía del Rosario trasmontaba "el Alto del
Cují".! Piénsese en la cantidad de ojos que habian visto "El muñeco"
de " El aire libre", con cuyo nombre se le distingue porque una
tienda que existía en la misma esquina exhibía como enseña las tres
últimas palabras¡
El general Adán J. Vargas, jefe de frontera de Cúcuta en una época,
quiso dotar a la ciudad de una mejor y más pintoresca entrada, por
la avenida quinta, y al efecto construyó un puente y una carreterita
que ondeaba el cerro y bajaba al "Arenal", cerca a la "Vuelta del
Molino". Pero ni jinetes ni peatones le "pusieron bolas" a la
flamante vía y los pasajeros continuaron pasando por el ahora " El
aire libre" y saludando con una mirada cariñosa al popularísimo
personaje siempre absorto en su lectura.
Su historia no es muy conocida que digamos. En 1910 vino de
Maracaibo, su tierra natal, a esta ciudad, José María Lares,
muchacho culto y muy gentil y el genial artista del lápiz y el
pincel. Lares no era cualquier hombrecito de pipiripao. Media la
bobería de 2 m 5 cm del talón a la coronilla y se gastaba una cara
enorme, donde los barros y las espinillas había hallaron extenso
terreno baldío para prosperar y multiplicarse a su gusto. Magnífico
amigo y excelente dibujante, se hizo al patio en breves días y
encontró aquí la acogida más franca y cordial y era hermano de doña
María Cristina Lares de Ramírez, distinguida dama de nuestra
sociedad, familia colombo-venezolana residente en Cúcuta, oriunda de
Maracaibo.
Don Guillermo Ruan, propietario de la fábrica de cigarrillos ahora "
EXCELSIOR" afamados y copiosamente consumidos en la región, acababa
de vender su industria a Edmundito García Herreros, gallardo mozo
cucuteño, activo y laborioso como infatigable perseguidor de la
peseta por cuantos medios lícitos se pusieran al alcance de sus
expertas manos. Fue uno de los primeros en poner en práctica entre
nosotros el concepto yanqui de que " la propaganda hace el negocio"
el por eso entre las muchas formas de anunciar sus cigarrillos, se
le ocurrió la de aprovechar la estratégica esquina de" El aire
libre" para un aviso mural.
José María Lares efectuó el trabajo no sabemos a qué precio, y lo
hizo con tanto acierto que la dueña de la casa, la señora Martiniana
Jiménez, no sólo hizo respetar la pintura sino que hasta costeó su
retoque en las varias ocasiones. Lo único que desapareció fue la
leyenda relativa a la excelencia de los EXELSIOR que aparecía en la
parte superior de la figura.
El muñeco constituía la atracción de todos quienes por allí
forzosamente transitaban. Las ventas del producto así publicitado
aumentaron considerablemente según manifestación del señor García
Herreros. El simpático y llamativo muñeco ha sido símbolo de muchos
años y definición cucuteña, y todos quienes han vivido allí, se han
esmerado y encargado de retocarlo y conservar su tradición, así no
existan la fábrica. Cosa curiosa en esa casa, ha existido siempre
una panadería.
Casi 100 años de existencia al sol y al agua bien merecen que "El
muñeco del aire libre", cierto sea considerado como típica
pertenencia de la ciudad-princesa, que se le mire como gráfica
reliquia de tiempos mejores, que se detenga como recuerdo íntimo y
valioso de aquella afortunada época, cuando Cúcuta, aislada y sola,
luchaba con ejemplares bríos por imponer su nombre entre los más
visibles del conjunto de ciudades nacionales.
Que no se borre, al menos, entre el desdén y la indolencia
ciudadanas como se han borrado tantas cosas, el pantalón de hebilla
y la camisa blanca de los artesanos, el sombrerito jipi-japa de
nuestras mujeres, la ahora " Plata" 0. 835, el tranvía de vapor, los
ahora " chapaleos " y la fiesta de julio, que se formaban en la urbe
apacible y asoleada del clásico e inconfundible ambiente cucuteño.
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