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OCCIDENTE UNIVERSITARIO
N° 61
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Publicación informal, editada en la UNIVERSIDAD FRANCISCO DE
PAULA SANTANDER
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Director-Editor: JAIRO CELY NIÑO
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JUEVES 18 DE MAYO DEL 2006
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Votaciones, aborto y terremoto
JAIRO CELY NIÑO, profesor de
la Facultad de Ingeniería de la UFPS.
A las cinco de la tarde del pasado viernes, 12 de mayo, concluyó el
plazo de inscripción de candidatos a rector y a decano de
Ingeniería, para las votaciones de los próximos 2 y 3 de junio del
2006.
Como candidatos a rector se inscribieron tres ex rectores, y como
candidatos a decano de Ingeniería se inscribieron un joven profesor
y un profesor veterano, quienes no son ex decanos.
Si «el suscrito» Director creyera, como cualquier rezandero, en la
infalibilidad del llamado «sumo pontífice», también creería en la
infalibilidad del refrán según el cual: Más vale malo conocido,
que bueno por conocer.
Porque si tal «Aritmética de Tienda» fuera infalible, implicaría que
con quien quiera de los tres candidatos que resulte rector habrá la
garantía de que no ejercerá dando bandazos porque tiene experiencia,
mientras que, con quien quiera de los dos candidatos que resulte
decano, la Facultad de Ingeniería irá de desastre en desastre hasta
el Apocalipsis final, porque ninguno de los dos tiene experiencia.
Pero: ¿acaso el ser humano nace aprendido?
De pronto el candidato-presidente Álvaro Uribe diría que él sí, y
que por eso él es el mesías al cual hay que reelegir. Pero un
insignificante profesor de la Facultad de Ingeniería de la
Universidad Francisco de Paula Santander, como lo es «el suscrito»
director de
Occidente Universitario,
sostiene que no porque él sí nació imbécil, y que de algo de esa
imbecilidad lo han liberado el estudio y los zurriagazos que le ha
dado la vida.
Ahora bien: hay dos coincidencia y también un contraste en los cinco
candidatos que tuvieron los arrestos para hacerse contar. O para
someterse al implacable veredicto de las urnas triclave.
Los cinco, además de ser profesores de la Universidad Francisco de
Paula Santander, coinciden en que de pregrado son egresados de la
Universidad Estatal. Pero, mientras de los tres candidatos a rector,
dos son egresados de la Universidad Industrial de Santander y uno lo
es de la Universidad Nacional de Colombia, los dos candidatos a
decano de Ingeniería son egresados de la Universidad Francisco de
Paula Santander.
Y exceptuando psicópatas, claro: ¿quién, si no los hijos, puede
querer más a una madre? Por ello, como egresado —y además, profesor—
de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Francisco de Paula
Santander, «el suscrito» Director considera que su Facultad tendrá
un buen decano, independiente de si lo es Carlos-hache o
Ricardo.
Dicho eso, claro, confiando en que al rector y al decano lo
escogeremos nosotros, pues a uno y a otro se lo escoge votando.
Porque: ¡quién lo creyera! El sistema electoral de la Universidad
Francisco de Paula Santander fue hecho hace más de diez años para
que no decidan quienes votan, sino quienes con la abstención se
quieran putiar el proceso, lo cual nos pone ante la disyuntiva de
que: o los escogemos nosotros, votando… o nos los impone el Consejo
Superior Universitario.
Y la opción de escoger sólo es prerrogativa del único ser que nace
desvalido e imbécil: el humano. Al perro, por ejemplo, de nada le
serviría querer ser «bilingüe» porque maullar, por ejemplo, no es
para él una opción. Pero una persona sí tiene la opción de elegir,
en último extremo, entre lo peor y lo malo.
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En su fallo del recién pasado 10 de mayo del 2006, la Corte
Constitucional despenalizó el aborto en tres situaciones muy, pero
muy específicas: en caso de malformaciones del feto; en caso de que
la vida de la madre corra peligro; y en caso de violación o de
inseminación artificial no consentida. O sea que, aunque a medias, a
la mujer se le ha reconocido el derecho a elegir.
Hasta último momento, «el suscrito» Director aspiró a que los ocho
(de nueve) magistrados del máximo tribunal de control constitucional
tuvieran los arrestos para despenalizarlo totalmente. Esto es, que
«el suscrito» aspiraba a una zancada.
Y aunque no fue más que «un pasito» afuera de la covacha medieval en
que el statu quo nos ha mantenido, hay qué ver las reacciones
de dinosaurios como el cardenal Pedro Rubiano y el rector de la
«Gran» Colombia, José Galat, quien es el espadachín en Colombia del
ultra derechista Opus Dei.
Pareciera, entonces —o al menos así se lo parece al «suscrito»
director de
Occidente Universitario—,
que la fobia contra el aborto es un asunto de discriminación, más de
género, que del gusto sexual.
Porque por muy marica que fuera un monseñor, y por muy larga que
fuera la verga del cacorro que tuviera de mozo, no hay posibilidad
de que resulte preñado. Pero, si ello fuera factible, a que
existiría el undécimo mandamiento consagrando el derecho al aborto
total.
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El 19 de noviembre de 1863, el presidente Abraham Lincoln comenzó su
famoso
Discurso de Gettysburg
con estas palabras: Hace
87 años
nuestros padres
fundaron
en este continente una nueva nación, concebida en la libertad y
consagrada a la convicción de que todos los seres humanos somos
creados iguales.
Pues bien: hoy hace 131 años, un devastador terremoto se ensañó
contra la única ciudad del mundo que ha sido fundada por una mujer.
Sólo ripio y dolor dejó el terremoto, por lo cual nuestros
antepasados enterraron sus muertos y se dedicaron a refundar esta
hermosa ciudad en la cual,
87 años
después, sus descendientes
fundaron
la Universidad Francisco de Paula Santander.
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Proxeneta o chulo profesional
RICARDO GARCÍA RAMÍREZ,
profesor Titular emérito de la UFPS.
Una de las zonas de tolerancia de la ciudad de Guasimales a
finales de la década de 1960 era
La Isla,
que estaba llena de burdeles de cierta prestancia. Los más
importantes eran El Chochecal, La Casona, La Paisa
y Miramar, pero el más fino y elegante era
La Piscina,
en donde muchos guasimaleños perdieron su virginidad por cincuenta
mil pesos de hoy (2006).
Mayoral, le
decían al chulo mayor de esa zona, a la que conocía como a
las palmas de sus manos, y en la cual era muy respetado.
Esos lugares estaban llenos de clientes, putas y meseros maricas. Cada
hora, de nueve de la noche a tres de la madrugada, La Piscina
ofrecía el show de una puta que bailaba mientras se empelotaba
lentamente, tras lo cual hacía un recorrido ofreciendo en cada mesa
una nalga para que se la besaran. El tour lo terminaba
sentándose en la mesa de Mayoral y colocándole una pierna en cada
hombro. Mayoral le pasaba la lengua por el pubis y ella fingía un
orgasmo, jadeando.
La moneda venezolana era la más dura de América Latina, por lo que el
venezolano era muy apetecido en La Isla como cliente.
Generalmente fanfarroneaba saludando al mesero marica en inglés y
llamando así a una puta, la cual acudía diciéndole, coqueta:
“Maineimis Carol. Ayam de Pereira. Eres uélcom a este said. Estoy a
tu servis”.
Quien inició a Mayoral en el oficio de chulo fue su padre, quien dizque
tenía tanto prestigio que don Mario, el dueño del prostíbulo The
Dolls’ House, le fiaba las folladas. Y Mayoral llegó a ser tan
chulo que sus novias, como llamaba a las putas que tenía como
amantes —escogidas entre las “importadas” de Cali, Pereira y
Manizales—, las compartía extra burdel con amigos si eso le producía
buenos dividendos.
Mayoral es ingeniero, moreno, alto y “bien dotado”, como decían las putas
que le conocían el estrolín. Decía que lo bueno de las putas
es que no exigen compromisos. Era soltero y decía que jamás se
enamoraría de una puta, pero conoció a una “importada” de Armenia y
se encacorró perdidamente de ella. Se llamaba Sara, tenía una hija
de tres años y lo eludía porque lo consideraba muy mayor que ella y
reputísimo.
El día en que Sara lo mandó al diablo se emborrachó en un lugar lleno de
travestis, en donde “cayó en los brazos” de Ítala. A sus
putas no les gustó su frase lapidaria: “El sexo oral y anal de los
travestis es mejor que el de las hembras”.
Era socio de una empresa de consultoría y de interventoría de obras
públicas, pero no le jalaba a la una ni a la otra. Sólo le gustaba
la labor de proxeneta, y quienes sabían que era ingeniero civil no
entendían por qué se relacionaba con ese tipo de mujeres y no con
mujeres de la jaig.
Sus tres hermanos también eran profesionales y estaban casados, pero él
creía que a sus 42 años era muy joven y no debía casarse. Decía que
por su catre habían pasado cientos de mujeres, sin aclarar que
fueron putas porque su timidez lo cohibía de pedírselo a una mujer
que no lo fuera. Que a un burdel no se va a conquistar sino a
follar, porque la puta no espera príncipes azules sino clientes, ya
que se le exige no enamorarse (y a veces se enamora) ni ser tierna o
cariñosa.
Jamás tuvo una relación sentimental estable. Sólo “noviecitas” que se lo
dieron gratis, porque él era su patrón Jamás ha tenido un patrón de
belleza definido: le gusta todo tipo de mujeres, aunque las prefiere
rellenitas. A las anoréxicas las abomina por sus cuerpos
garruchentos, así como a las mujeres de su condición social: “Son
postizas, aun si son bonitas”.
Por eso las putas le parecen más aterrizadas, pues venden sus cuerpos
porque las circunstancias las forzaron, y por ellas aprendió que la
condición humana es risible. Como la de esas cabezas huecas de las
niñas “bien”, que sólo les interesa un macho que las mantenga, les
dé joyas, viajes, etc., por lo cual aprenden a fingir que son
felices, y por eso les parece que son putas muy ramplonas y no de
clase, como las putas de burdel.
Mayoral tiene hoy (2006) 80 años y nunca se casó. Tiene rancho en un
barrio “bien” de Guasimales, y vive holgadamente de las utilidades
que le dejaron la liquidación de aquella firma consultora y su
verdadera profesión, que fue la de proxeneta y no la de ingeniero.
Por su mala vida pasada los jóvenes lo buscan como “profesor de hora
cátedra ad honorem”, para que los ilustren en técnicas
guarichísticas, pues, según ellos: “Esa experiencia, ese bagaje, de
su buena vida pasada es para compartirlo con los que no saben. No
para que lo traguen virgen los gusanos, el día de mañana”.
Detesta a las llamadas “mujeres prepago”: esas modelos y actrices de
televisión que cobran caro, más que por acostarse con mafiosos y aun
con sus traquetos, para ser exhibidas como joyas por aquéllos en las
orgías que montan en sus feudos. “Esas putas bodrias —dice— son
polvos desechables. Todo en ellas es postizo: sus culos, sus tetas y
sus vidas”.
Aunque se considera Puto Emérito frecuenta, “en calidad de
observador”, los actuales antros que comercian con el sexo, algunos
de los cuales con nombres eufemísticos para no ser percibidos como
éso, porque son para las y los clientes de la jaig. Por eso
conoce bien las vidas y aventuras de sus faunas: dueños, clientes,
putas, gigoloes, maricas y lesbianas.
Pero hay algo que lo emputa: que algunas de las mujeres de su
elegante barrio les prohíben a sus maridos andar con él, dizque por
puto. Justo las que son putas redimidas: aquellas a las que algunos
señoritos de la jaig sonsacaron de los burdeles de La Isla
y las convirtieron en matronas; en las hoy respetables damas de la
alta sociedad guasimaleña. “Viejas hipócritas —se dice—: como si en
su juventud más de una no hubiera sido de mi harén y no hubiera
pasado por mi catre”.
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NOTAS:
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Por limitaciones
pecuniarias, las ediciones
«en papel» de
Occidente Universitario,
que se difunden
completamente gratis, es
de 40 ejemplares, en
promedio.
v
La edición 62 de
Occidente Universitario
está prevista para
el viernes 2 de junio
del 2006.
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