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OCCIDENTE UNIVERSITARIO
N° 62
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Publicación informal, editada en la
UNIVERSIDAD FRANCISCO DE PAULA SANTANDER
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Director-Editor: JAIRO CELY NIÑO
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VIERNES 2 DE JUNIO DEL 2006
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EDITORIAL (O ALGO ASÍ).
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Reelección y votación
El pasado domingo reeligieron al
presidente Uribe Vélez con un «pico» más del 62% de los votos
emitidos, que en todo caso fueron menos de la mitad de los votos
potenciales.
Pues, de un poco más de 26 millones de votantes potenciales, sólo se
asomaron a las urnas un «pico» más de 12 millones de votantes, lo
cual implica que éso de que el señor Uribe Vélez recibió un
Mandato Claro es tan «creíble» como la infalibilidad que
se auto-atribuyen los papas y ayatolas.
¿Qué nos espera, entonces, en el próximo cuatrienio?
Pues más generales que justifiquen las atrocidades de la tropa con
la siniestra «tesis» de que ésta puede disparar aun si no es
atacada, con la cual justificó el actual comandante del Ejército la
masacre de diez policías y un civil que hizo la tropa en Jamundí.
O, en todo caso, debemos esperar todo lo contrario de lo prometido
en la campaña, cuyo más funesto antecedente de mentiras
presidenciales fue el asunto de la reelección presidencial. Sobre
todo porque, para poder consolidar la satrapía de los Uribe, al
Presidente le urge que dentro de cuatro años lo reelijan otra vez,
porque para entonces al mayor de sus dos vástagos le faltará un año
todavía para poder heredar de papi el coroto del poder.
Pero, bueno: lo de la reelección del señor Uribe Vélez es «leche
derramada» y, según advertían nuestros mayores, sobre ella de nada
vale lagrimear.
Así que el punto ahora es la votación que en nuestra Institución
habrá en la fecha en que la presente edición de
Occidente Universitario
se difunde, y el día siguiente, para elegir al decano de la Facultad
de Ingeniería y para elegir rector por quinta vez.
Dos egresados de la Facultad de Ingeniería están inscritos como
candidatos a primera autoridad ejecutiva de dicha Facultad, y tres
ex rectores se han inscrito como candidatos a primera autoridad
ejecutiva de toda el Alma Mater.
En términos generales es satisfactorio, al menos para «el suscrito»
Director, que, en cuanto respecta a los cinco candidatos, sus
campañas promocionales han sido muy ecuánimes. Ello es indicativo de
cuánto hemos progresado.
A fin y al cabo, la Democracia Participativa al seno de nuestro
primer centro regional de estudios superiores demandaba aprendizaje.
Sobre todo para que no fuera tan traumático el trasiego del régimen
oscurantista y represivo de la Constitución Política de 1886, al
sistema libertario y garantista —cosa que le causa escozor al
presidente Uribe Vélez— de la del 4 de julio de 1991.
Pero, como el comportamiento humano no es perfecto, anteanoche hubo
un lunar en relación con el debate organizado por los presidentes de
las organizaciones gremiales de los estamentos académicos, al cual
fueron invitados los tres candidatos a rector.
No porque uno de los tres se haya negado a participar por realizarse
en auditorio —como los eventos académicos—, en vez de en plazoleta.
Esto es, por no realizarse en «plaza pública» que es el «hábitat» de
los políticos de oficio.
No. El lunar se presentó por un (afortunadamente) muy pequeño grupo
de estudiantes simpatizantes del mencionado candidato —el único de
los tres que fue maestro del «suscrito» Director, quien da fe de que
fue un buen maestro—, quienes anteanoche, ad portas de que el
debate comenzara, casi protagonizan vandalismo.
Pero, en fin: la Democracia, como el oficio, tiene gajes. Porque lo
único que el ser humano escoge es a los amigos. Nadie escoge a los
hermanos y a los padres, y menos a los hinchas.
Luego entonces, que Alá, o Dios, o Buda o Marx, o quien quiera que
haya hecho el mundo, propicie dos días de votaciones tan civilizados
como en términos generales fueron las campañas de los cinco
candidatos.
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«El suscrito» Director deplora el recién fallecimiento de su
amigo, el compañero profesor
Carlos Humberto Redondo Naussa (Carlos-hache),
profesor de hora-cátedra adscrito a la Facultad de Ingeniería.
¡Paz en la tumba del doctor Redondo Naussa!
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Que lo diga Edgardo, yo no
RICARDO GARCÍA RAMÍREZ,
profesor Titular emérito de la UFPS.
Un día de esos de
extraño invierno cucuteño estaba en el departamento de Humanidades
porque aún me quedaba una clase por dictar y sólo Yohanna, la
secretaria, se hallaba en el salón de profesores. De repente
apareció mi gran amigo Edgardo, el que es jubilado de la Universidad
de Guasimales.
—Oiga, Cardín
—siempre me ha llamado así, tal vez para no decirme “Ricardín”—:
ahora que vienen las elecciones rectorales en la Francisco de Paula,
y ya que somos un par de toches “Sub-70”, ¿por qué no hablamos de la
Rectoría, de la Universidad y su función?
—¿Mejor por qué no
optamos por el voto de silencio? —le respondí, pues Edgardo, cuando
se pone a hablar, se esporrondingla. Como si tuviera diarrea
sublingual.
—¿Guardar silencio
ahora, cuando están ad portas ustedes de unas elecciones
rectorales?
—Ante todo,
como profesor jubilado, me está vedado el voto. Pero, sobre todo,
ocurre que ahora sólo estamos aquí nosotros dos y la secretaria. Y
si nos ponemos a hablar de lo humano y lo divino, podría llegar a
este salón alguno de los profesores chamos y, al oírnos dictar
cátedra sobre cómo arreglar la institución, podría decirme y con
razón: “Si según usted, esta institución está llevada, ¿qué hizo
usted en 30 años de trabajo? ¿No significa eso que lo único que
hicieron los jubilados fue jodérsela o tirársela?”.
—Cardín, no sea tan
toche. Usted aquí fue Decano y Jefe de Registro y Control, y en la
de Guasimales yo fui Vicerrector y Decano. Cometimos errores, como
hasta el más sabio de los humanos los comete. Por lo tanto, no se
trata de que un jubilado dicte cátedra como si fuera impoluto, como
si ante la responsabilidad fuera de teflón. Lo que creo es que los
veteranos están en el deber de confesar en qué y por qué se
equivocaron, para que las nuevas generaciones no cometan esos
yerros.
Después de todo,
algo de razón tenía Edgardo. Porque si a nivel individual “Nadie
aprende de la experiencia de otro”, como dice el refrán, a nivel
institucional la experiencia, tanto en fracasos como en éxitos, es
un bagaje que no se debe echar en la cesta de los papeles.
Subestimarla, o peor, menospreciarla, revela arrogancia. O ínfulas
del directivo de bajo, o mediano o alto rango de que todo el pasado
institucional es basura. Que todo lo que hicieron sus predecesores
vale mierda. Que con él comienza el futuro, porque sólo él y su
camada de “colaboradores” y “asesores” tienen la fórmula mágica para
convertir en un jardín de rosas ese rastrojo o peladero que se le
encomendó administrar.
Así que —me dije—,
después de todo, ¿por qué no oírle la lengua al deslenguado del
Edgardo?
—Ante todo —comenzó
él su exposición—, yo asimilo la Universidad a una empresa y como
tal debe manejarse. Claro que “distancia y categoría”, porque es una
empresa educativa; no una empresa de tornillos y menos una de
licores. Para manejar una empresa educativa se debe estar muy bien
preparado. La improvisión no cabe aquí. Nada se puede desarrollar
sin los conocimientos adecuados, pues nadie da lo que no tiene.
»Pero como nadie
tiene conocimientos para todo, para esto están los asesores. Pero
los de verdad; no esa perramenta que, a la hora del té, no son más
que áulicos baratos y zánganos tenebrosos para una institución. De
esos “expertos”, las Universidades Públicas tienen funestas
experiencias. Eso implica que quien manda, por no saberlo todo, debe
delegar. Delegar no es perder autoridad; es tener un hilo conductor
de ella muy bien organizado.
»Hay que convencerse
de que nadie engrandece, solo, una institución. Sería un necio y un
autócrata quien tenga esas ínfulas, lo que a mediano plazo asegura
el fracaso. Es necesario un buen equipo, pero que todos aporten al
éxito de la empresa. Un equipo universitario no puede tener gente
colinchada y chupando rueda. Se necesitan los que se llaman
consejeros, no aduladores o sacamicas de turno.
»De otra parte, no
se deben sentir celos de otras instituciones que están mejor
ranqueadas. Al contrario, se deben aprovechar sus buenas
experiencias. Quien sabe asimilar y adecuar de los demás, tiene
asegurado el éxito. Claro que, a pesar de la adaptación de lo mejor,
también es indispensable cierta dosis de originalidad. Porque un
rector debe tener estilo propio. Esto lo hace tener un talante y un
sello personal, por el cual será reconocido. Porque dejémonos de
vainas: por aquello de la humana vanidad, ¿a quién no le gusta ser
reconocido? Pero reconocido por tener criterio propio, claro; no por
ser una veleta o una insulsa turma».
Yohanna se disculpó
por interrumpirnos.
—¿Les sirvo un
tintico? —preguntó.
Edgardo tomó un
sorbo y continuó:
—Ser fiel al
compromiso contraído con los estamentos académicos cuando se
inscribe la candidatura a Rector, es cuestión de ética. Si es que
hasta para jartar se requiere ética; lo que usted y yo llamamos
“ética etílica”.
»Ahora bien, hay que
ser cautos con lo de la “calidad y cobertura”, que es un cuento del
Gobierno. Porque lo que a él le interesa es la cobertura, por
razones de “Marketing” político o dividendos electorales. Por eso la
Universidad debe privilegiar la calidad.
»Es muy buena
política consolidar las carreras que se tienen y andar con pies de
plomo en la creación de otras. “El que mucho abarca, poco aprieta”,
dice un refrán. Y parafraseando otro refrán, es mejor pájaro
acreditado que cien sin sal en los miaos, porque las Universidades
Públicas deben ser la antítesis de las universidades de garaje. O
sea, que es mejor tener pocos programas, pero apoyados con la debida
infraestructura; con la tecnología de punta en cada caso; si se
quiere, con “lo último en guaracha”. Como quien dice, que ante
afugias financieras, como es el pan de cada día de las Universidades
Estatales, hay que privilegiar la calidad académica y no el cemento
y el ladrillo. La calidad de la enseñanza debe ser más importante
que la construcción de un edifico o un andén, aunque esto sí
produzca aplausos.
»Ahora bien, los
rectores no deben tener prevención con las llamadas “alianzas
estratégicas” con universidades que tengan mejor ranquin que la de
uno. Eso no pordebajea. Por el contrario, eso es tener lucidez para
reconocer que, si no somos los mejores, tampoco somos los peores.»
Edgardo me pidió un
cigarrillo, y continuó su verborrea:
—Es curioso, pero a
veces se dan más desencuentros que encuentros entre las
instituciones universitarias. Los celos no nos sirven un toche. Unas
excelentes relaciones, estoy seguro, nos hacen ser mejores. Siempre
existirá alguna Universidad que es mejor que la de uno. Así que, en
vez de envidiarla, es mejor aliarse con ella y emularla, para luego
superarla.
»Debe haber medios
efectivos y afectivos de comunicación con los de abajo. En la
administración no deben primar conceptos unanimistas y menos
parroquiales; sobre todo, no en épocas de globalización del
pensamiento.
»Por cierto, la
Francisco de Paula está en mora de replantear su estructura
orgánica, a la que hace siglos le pasó su cuarto de hora. Además de
burocrática y costosa, es irracional. Mire no más esta perla: existe
un Consejo Académico en donde sólo dos de los seis Decanos tienen
derecho a voto, mientras sí lo tienen todos los Vicerrectores, a
sabiendas de éstos son nombrados por el Rector, mientras los decanos
son elegidos por los estamentos profesoral y estudiantil. ¡Increíble
que algo tan irracional ocurra en una institución de estudio
superiores!
»Además, en la
Universidad todo debe responder a criterios prospectivos. Eso es lo
que hoy llamamos Planeación. O dicho de otro modo, la Universidad
debe tener su propio Proyecto Institucional Educativo (PIE). La
comunidad universitaria se debe compenetrar con la realidad social
imperante, para responder a los cambios del mundo globalizado en que
estamos inmersos. Las realidades sociales locales, regionales y
nacionales jamás se deben eludir».
—¿Y qué opina usted,
Edgardo —lo interpelé—, de la política de doctorar los profesores?
—Pues en principio,
más que loable, es cuestión de conveniencia. Porque para el Gobierno
dizque son un indicador de calidad, por lo cual le da bastante peso
específico para efectos de acreditación.
»Pero
independientemente de que esa percepción del Gobierno sea cierta o
sea un cuento chimbo, como lo es casi todo lo que cranea la
burocracia, espero que en la Francisco de Paula no haya pasado lo
que en la Universidad de Guasimales, en donde la vaina de doctorar
los profesores no pasó de ser las baldosas del camino al infierno:
buenas intenciones. Allá, la inversión de tanta millonada en esos
profesores no ha tenido “tasa de retorno”, porque la Investigación,
que debe ser la impronta de esos profesores, aún está hibernando.
Porque la mayoría de esos profesores retornaron con su doctorado a
la docencia rasa; incluso, algunos a dictar materias de menor rango
en el pénsum, que las que dictaba antes de irse al exterior a
doctorarse.
»Hasta se ha dado el
descaro de que mediante no sé qué argucias, o con la protección de
no sé qué “capo” interno raro, algunos doctores le han sacado el
culo hasta a la docencia rasa en el pregrado, y se han chichipatiado
impunemente pirateando en los colegios; como si fueran maestritos
normalistas y no doctores. Pero eso sí, ¡qué ínfulas de genio la que
se gasta más de uno! Y sin embargo, nunca han escrito un paper
ni siquiera para una revista indexada de tercera calidad. ¿No se
supone que un doctor debe publicar al menos uno, si no al semestre,
sí al año en una revista indexada de primera calidad?»
—Pare ahí —lo
interrumpí—, para hacerle una pregunta: siendo usted tan lengua
arrecha, ¿nunca tuvo problemas con los mandamases de la Universidad
de Guasimales?
—Pues ya ve, Cardín,
que no. Y si no me temblaron las güevas para decir lo que pensaba
cuando tenía encima una autoridad nominadora, que podía amañar un
proceso disciplinario para echarme,
menos me van a temblar ahora para hablar de lo que aún se hace mal.
Porque, ¿cómo toches se puede echar a un jubilado? Debería aprender
usted de mí.
»Pero volviendo al cuento de las publicaciones y los papers,
veo que la Francisco de Paula está desnutrida en cuanto a
publicaciones se refiere. Lo digo porque cada Facultad debería
editar una revista. Cualquiera diría que la cabeza de los directivos
ni siquiera pare una iniciativa tan elemental y necesaria como esa;
o que, en cuanto a la escritura se refiere, los profesores son
analfabetos; o que ocurren ambas cosas».
—Óigame una joda,
Edgardo: con toda esa capacidad para ver en dónde están los males,
usted se debió inscribir como candidato a Rector de la Francisco de
Paula para el período 2006-2009. Dentro de diez días serán las
elecciones.
—Si no se inscribió
usted, que es jubilado de la Francisco de Paula, ¿cómo me voy a
inscribir yo, que soy jubilado de la Universidad de Guasimales?
—¿Por qué no? Los
requisitos son: tener título profesional y haber sido profesor
universitario por lo menos cinco años.
Dicho eso, cogí mi
maletín y me paré.
—No me diga, Cardín,
que para ir a miar se lleva el maletín. Las mujeres son las que van
al baño con el bolso.
—¿Y quién le dijo
que iba a miar? Lo que ocurre es que dentro de tres minutos tengo
clase.
—¿Es cierto, o
me está sacando el culo? No me diga que, con lo que dije, le herí
alguna susceptibilidad.
—Qué susceptibilidad
ni qué ocho cuartos. Tengo clase. Pero me gustaría seguir oyendo su
lengua arrasadora.
—Dígame cuándo tiene
una hora libre en la mañana y me aparezco, aunque sería mejor hablar
en una tienda. Porque aquí es a palo seco, mientras en la tienda la
charla se puede rociar con “Sello Rojo”. Y aunque hace mucho rato no
nos echamos unos guarilaques, supongo que todavía tiene ética
etílica; como para no resultar, al tercer trago, con que la mujer le
fuetea el culo si no llega antes de las doce campanadas.
»Porque falta hablar
de los colegas que, cuando estuvieron en la mamazón, decían que
debido a ellos todo era un paraíso. Y cuando están viudos del poder,
se la pasan despotricando con que todo lo que hace “la actual
administración” está llevao del putas. Justo, esos que hasta se
colinchan con los politiqueros enemigos de la Universidad para
desprestigiar a quienes los desbancaron de la ubre.
»Como también me
tiene que explicar por qué el promedio ponderado de la Francisco de
Paula y su estructura orgánica son como las vacas de la India:
sagradas. O como Eliot Ness: intocables».
Le prometí llamarlo
para ponernos una cita en “El Bunker”, que es una tiendita detrás
del Salesiano y no el desnucadero que construyeron en Lomitas.
Y a ustedes les
prometo que les escribiré un resumen de esa charla.
(Entregado: martes
30 de mayo del 2006)
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El
buen criterio
GUILLERMO
CARRILLO BECERRA,
profesor Asociado
emérito de la UFPS.
De acuerdo con el diccionario, el CRITERIO es la norma para
juzgar, estimar o conocer la verdad. También es el juicio o el
discernimiento; y finalmente, es la opinión y el parecer. Decimos
que una persona tiene BUEN CRITERIO cuando es capaz, después de
analizar distintas ideas y situaciones que se le presentan, de
otorgarle a cada una la justa valoración que se merece.
Son seres de mente abierta que, ante la presencia de eventos inesperados,
encuentran la luz y el camino correcto. Para entender mejor el
concepto, miremos estos dos casos de la vida real:
LA DISCRIMINACIÓN
El 14 de
octubre de 1998, en un vuelo trasatlántico de la línea aérea
British Airways tuvo lugar el siguiente suceso: A una
señora la sentaron en el avión al lado de un hombre negro. La mujer
pidió a la azafata que la cambiaran de sitio, porque “no podía
sentarse al lado de una persona tan desagradable”.
La empleada argumentó que el vuelo estaba totalmente lleno, pero que iría
a ver si acaso podría encontrar un lugar libre en primera clase. Los
pasajeros observaban la escena con disgusto, no sólo por el hecho en
sí, sino por la circunstancia de que, además, se le ofreciera a ella
un sitio más cómodo en primera clase. Minutos más tarde regresó la
azafata y le manifestó:
—Señora,
afortunadamente encontré un lugar desocupado en primera clase. Para
hacer este cambio tuve que pedir autorización al capitán, quien me
indicó que, efectivamente, no se podía obligar a nadie a viajar al
lado de una persona desagradable.
La “dama”, con sonrisa triunfal, intentó salir de su asiento, pero la
aeromoza se volteó hacia el hombre negro y le dijo:
—Caballero,
¿sería, usted, tan amable de acompañarme hacia su nueva silla?
Todos los pasajeros aplaudieron estrepitosamente la decisión tomada. Por
su BUEN CRITERIO para solucionar este problema, la British
Airways, una de las empresas aéreas más grandes del mundo les
otorgó, a la azafata y al capitán de la nave, el máximo
reconocimiento por el Buen trato al cliente, un concurso anual que
se realiza entre sus 20.000 funcionarios.
LA RELIGIÓN
Un maestro
retó a sus alumnos con esta pregunta:
—¿Dios creó todo lo que existe?
—Eso es totalmente cierto —respondió uno.
—Si Dios creó todo —argumentó el profesor—, entonces también hizo el mal,
pues el mal existe. Y si las obras son un reflejo de quien las hace,
entonces Dios es malo.
El estudiante se
quedó callado mientras el docente se paseaba por todo el salón, con
una mirada jactanciosa, por haberles probado que la religión es un
mito. Otro estudiante, de mirada apacible y cabellera despeinada,
alzó la mano y preguntó:
—-Profesor, ¿cree, usted, que el frío existe?
—¿Qué pregunta tan estúpida es esa? ¿Acaso usted nunca ha sentido frío, o
qué? ¡Pedazo de burro!
El alumno, temblando del susto ante la mirada del ogro, con voz trémula
prosiguió con su tema:
—De hecho, profesor, el frío no existe. Según las leyes de la Física, lo
que consideramos como frío es ausencia de calor. Todo cuerpo u
objeto es susceptible de estudio cuando tiene o transmite energía.
El cero absoluto es la ausencia total de calor, y todos los cuerpos
se vuelven inertes. Por lo tanto el frío no existe: hemos creado ese
término para describir cómo nos sentimos cuando nuestra temperatura
empieza a descender. Otra pregunta, profesor: ¿Usted cree que la
oscuridad existe?
—Qué sirirí el que me gané con este mocoso —pensaba el maestro—. Claro que
sí, pendejo. Salga a medianoche por el camino real y verá cómo se va
de culo por un barranco. Me tocó lidiar con toda la zupia del
colegio. A ver, termine sus pendejas teorías.
—La oscuridad tampoco existe, lo que hay es ausencia de luz. Podemos
estudiar la luz porque se puede descomponer, a través de un prisma,
en sus distintos colores constitutivos, con sus diferentes
longitudes de onda. En el caso de la oscuridad, ¿cómo se puede
descomponer lo que no existe? Los grados de oscuridad se miden por
la cantidad de luz presente.
Ya con nuevos bríos, el alumno le remacha:
—Profesor, ¿sigue creyendo en la existencia del mal?
—Por supuesto que sí, como lo demostré al principio de mi clase. Vemos
robos, asesinatos y guerras en todo el mundo. Esas son
manifestaciones del mal, obra de ese Dios que ustedes tanto adoran.
¡Oiga, jovencito!, usted como que es el rey de los tarados,
diciendo tantas ridiculeces. ¿Qué será de este país con mentes como
la suya?
—Ilustre maestro: el mal como tal no existe por sí mismo. Lo que hay es la
ausencia del bien y es, al igual que los casos anteriores, un
término inventado por el hombre para describir esa ausencia. Dios no
creó el mal: es el humano el padre de ese término nefasto, por
haberse desviado de los valores que el Supremo Creador nos donó.
Mamado de tanto insulto a su brillante inteligencia, el profesor pegó un
largo bostezo y dio por concluida la clase. A propósito, el “pedazo
de burro” que le sacó la piedra a ese modelo de docente, se llamaba
Albert Einstein, y fue en ese recinto en donde empezó a dar
muestras de su BUEN CRITERIO científico.
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De Albert
Einstein se cuentan muchas anécdotas relacionadas con su vida
cotidiana, la cual se caracterizó por su poco BUEN CRITERIO para
manejarla. Por vivir con la mente puesta en la Relatividad y otras
minucias, no se interesaba por lo mundano. He aquí un par de
ellas:
Un día fue a
cortarse el cabello en un salón de belleza mixto; o sea, los que hoy
conocemos como unisex. Como no se quitaba el sombrero, el
peluquero le dijo amablemente:
—Doctor Einstein, ¿quiere quitarse el sombrero, para poder peluquearlo?
—Ah, perdone. No me había dado cuenta de que aquí hay señoras y por eso
hay que descubrirse.
En otra
ocasión viajaba en el tren, con un gesto de preocupación pintado en
el rostro. El cobrador, muy gentil se le acercó y le dijo:
—¿Qué le pasa, profesor Einstein? Lo veo cariacontecido.
—Tengo un pequeño problema: se me perdió el boleto de viaje.
—No tenga cuidado, doctor. Para nuestra empresa es un honor contar con su
presencia.
—Le agradezco mucho el detalle. Lo grave es que, sin el boleto, no sé para
dónde voy ni en qué estación debo bajarme.
Sus alumnos de la Universidad de Princeton decían, mamando
gallo, que cuando Einstein salía de la casa, en las horas de la
mañana, se despedía con un beso a la puerta y un empujón a la
esposa.
(Cúcuta, junio de 2006.)
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Bueno, allá usted, pero no se queje
CARLOS HUMBERTO AFRICANO,
profesor Asociado emérito de la UFPS.
“No se vayan a
quejar. Ahora chupen”, dijo mi tío Gonzalo desde la puerta de
entrada, a las 6 p.m. del domingo 28 de mayo de 2006, cuando me
visitó en mi casa. Lo hice entrar para que celebrásemos.
Él es mi antónimo (la comparación es intencional): locuaz, dicharachero,
irreverente, impertinente y contestatario a todo lo que huela a
“establecimiento”. Por eso no me extrañó su discurso, que comenzó
después de servirnos sendos vasos de la bebida chispeante que traía:
“Si el resultado (de las elecciones presidenciales de ese día) ya se sabía
desde hace seis meses, ¿o hace un año?, ¿desde cuándo se comenzó a
cacaraquiar el huevito de la reelección presidencial de Uribio?, ¿y
quién dijo pío? Al contrario, desde esas nefastas fechas, con sólo
insinuarlo el mesías, ya era de aceptación general su reelección.
¡OH!, pero qué contraste. Discusiones, muchas de ellas airadas,
sostuve con muchos, y muchas también, que se escandalizaron y
condenaron al fuego eterno al presidente venezolano Hugo Chávez por
insinuar que gobernaría hasta el 2021. Pero cuando aquí el mesías
insinuó su reelección, entonces esas voces se convirtieron en
cánticos de alabanza, en gloria a los cielos, en ofrendas por los
favores recibidos”.
Y continuó:
“Después vino todo el montaje del sainete jolivudesco: el actor
principal, las actrices de reparto, el payaso, la trama de acción,
de intriga, el show central en el Congreso, hasta con traidor a
bordo, el despliegue de los medios, el montaje del contraataque y
finalmente, el clímax de la película en la Corte Constitucional, el
personaje cínico y siniestro ante las cámaras dándole la santa
bendición, no a la reelección, sino al nuevo período del presidente,
porque ese día la Corte Constitucional, retorciéndole el pescuezo a
la Constitución, estaba nombrando al presidente para un nuevo
período, y lo que han hecho este domingo 28 de mayo de 2006 siete
millones de colombianos útiles al mesías y 14 millones de inútiles
al pueblo, no ha sido más que una simulación de ese resultado final
que ya se sabía desde el comienzo del sainete y la votación hecha
fue para un período más allá del próximo”.
Tomó un sorbo y se vino con más:
“Desde las 5 p.m., a cuanto conocido me he topado, mi saludo ha sido: «Mi
más sentido pésame». Con el pecho henchido de satisfacción y de
orgullo, la respuesta que me han dado ha sido: «Sentido pésame a
usted, porque yo voté por Uribio». A los que les replico: «Por eso
mismo se lo digo, porque gracias a usted serán ocho años más de lo
mismo, pero no se vaya a quejar»”.
Agrega mi tío Gonza que muchos le preguntan: “Pero, ¿cuáles son los
pecados de Uribio, si han sido cuatro años de leche y miel?”. Y que
él les dice:
“Aparte de haberle mentido ene-veces al pueblo colombiano, y recuerden que
Nixon se cayó de la Presidencia gringa porque lo que le cobraron fue
haberle mentido al pueblo norteamericano, aparte, repito, de haberle
mentido ene-veces al pueblo, con su plan de gobierno para «mis
hijitos», con su referendo, con su reelección y ahora con su
siguiente reelección y otras mentiritas más de su lucha contra la
corrupción, con su mano dura y su corazón mezquino para el pueblo,
vemos a un personaje siniestro, un lobo con piel de oveja, un
autocrático de ultra derecha a ultranza, un pinochito disfrazado de
demócrata y eso es más peligroso que un sancocho de anzuelos”.
Me contó que alguien le dijo: “Pero eso no me afecta a mí en lo personal”.
Y que él le dijo:
“Bueno,
allá usted. Porque aparte de haberle retorcido el pescuezo a cuanta
ley le impedía abrirse camino para cuatro años más, y ahora para
ocho, de haber amañado las leyes a su acomodo, de haber rendido a su
voluntad a los otros poderes del Estado, de haber doblegado la ley
de garantías electorales…”.
Alguien dizque lo paró en seco: “Bueno, esas son jugadas políticas y en
ese juego todo vale”. Y que él le dijo:
“Bueno, allá usted. Porque aparte de la profundización de la desigualdad,
de la inequidad social para 33 millones de colombianos pobres que
viven con menos de 3 dólares diarios por familia, con 12 millones de
ellos que viven con menos de un dólar diario, sin derecho a
alimentación, vivienda, salud, empleo, educación…”.
Alguien dizque le replicó: “Ah, pero bueno, párela ahí, esas son frases de
cajón, palabrería demagógica”. Y que él le dijo:
“Bueno, allá usted. Porque aparte de que sus políticas de Estado y de
Gobierno no tienen el rumbo de mejorar las condiciones de vida de
aquellos 33 millones de pobres, ni en trabajo, ni en educación, ni
en vivienda, ni en salud, ni en empleo, ni en seguridad social, ni
en derechos civiles, ni…”.
“Más parafernalia mamertoide”, dizque le dijo otro. Y ¿qué iba a decirle
mi tío?:
“Allá usted. Porque aparte de la entrega de los recursos naturales a las
transnacionales, de la exención de retensión para la transferencia
de divisas al exterior para esas empresas, de la feria de activos
del Estado, de la entrega de los servicios públicos a la empresa
privada, incluyendo la educación y la salud, de la exportación
acelerada del escaso petróleo, para comprar gasolina cara y más
tarde importar ese mismo petróleo, aparte de…”.
“De eso yo no sé nada”, me dijo que le dijo otro y que él no le respondió.
Pero que sintió pena por el interlocutor y por el pueblo colombiano.
Se empujó otro sorbo y continuó con más:
“Aparte de todo esto, como no «les duele la patria, mis hijitos», sí les
va a doler en el alma, en el corazón y en la barriga una nueva
reforma tributaria con más impuestos, una reforma a la ley 100, de
la que fue ponente el mesías, que implica reforma a la seguridad
social y reforma pensional encaminada hacia los fondos privados
pensionales y de cesantías, con tiempos de 65 años para los actuales
trabajadores, rebaja al 60% de las mesadas con promedio de toda la
vida laboral. Para los nuevos empleos, contrato a término con
salario integral sin seguridad social, salud prepagada en las EPS y
ahorro pensional y de cesantías a voluntad en los fondos privados.
Apróntense para una reforma a la salud con más cierre de hospitales
o entrega a la empresa privada, probablemente caerá el Seguro Social
y será entregado a las EPS, ARS. Apróntense para una reforma a la
educación con perjuicio para las universidades estatales, con
recortes en sus presupuestos, más apoyo a las privadas,
autofinanciación de la educación universitaria pública, cierre de
colegios públicos y apoyo a colegios privados más elitistas y más
caros, desde luego con financiación de estos estudios y pruebas de
Estado más sesgadas y más selectivas para que sólo unos pocos
accedan a la educación superior. Apróntense para una reforma a la
justicia, con ajuste de las altas Cortes, del Consejo Superior de la
Judicatura, de la carrera judicial, de la tutela, de la acción de
cumplimiento y hasta del derecho de petición”.
—Ahora me salió futurólogo el tío —le dije y me replicó:
—Pero si no se necesita serlo, eso ya se estaba cocinando en las puertas
de congreso y fue aplazado para darle paso al embeleco de la
reelección y claro, porque no convenía para esa.
»Aparte de todo esto —continuó—, como “no sienten dolor de patria, mis
hijitos”, tal vez le duela en la barriga y en el bolsillo el alza
del precio de la gasolina que llegará a los cinco dólares el litro,
con la consiguiente alza del transporte y de los productos que,
junto con el palo que le darán a los trabajadores informales,
comercios informales llamados “sanandresitos”, las trabas para
establecerse formalmente, estos y los demás comercios, abastos,
tiendas, locales, tendrán que cerrar para darle paso a los productos
importados en las súper, híper y mega tiendas, donde “si no puedes
pagarlos, te damos crédito”, lo que estimulará el pago virtual a
crédito y hasta para comprar una panela habrá que “rayar” la
tarjeta, porque no tendrá como pagarla de contado, lo que favorecerá
a los agiotistas de los bancos.
»Seguramente todos me dirán —remató finalmente—: “bueno, si ese es el
futuro que nos espera, qué bien lo hicimos, no nos arrepentimos de
haber votado por Uribio”. Espérense y verán. Allá ustedes, pero no
se quejen».
(Cúcuta, mayo 31
de 2006.)
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Sansón y su pasión por las filisteas
RICARDO GARCÍA RAMÍREZ,
profesor Titular emérito de la UFPS.
Como todos
conocen, por los libros sagrados, la historia de Sansón, Dalila y
los filisteos, les voy contar algunas vainas inéditas de
Sansón.
Sansón era forzudo como el
Heracles griego, o
Hércules romano. Por eso no necesitaba de ejército ni ayuda
para acabar con sus enemigos que, en su tiempo, eran los filisteos.
Él, a puño limpio, acababa con los que lo provocaban. Porque él no
era pelión. Más bien parecía una güeva, pero se volvía un león
cuando le sacaban la puta piedra.
Mas, como dice Carbuco: “Algún defecto debía tener”, pues era más
enamorado que palomo azul, e irresistible ante las mujeres (como los
narcos y los banqueros, para envidia de los que devengan pensión o
sueldo de profesor universitario). Y lo que es peor: teniendo su
pueblo tantas mujeres lindas, se enamoraba de las de la tribu de sus
enemigos.
Antes de continuar les cuento que su mamá le había ofrecido a Yahvé que,
si le nacía un turmoncito y sin cesárea, sería nazareo. Oigan bien:
nazareo, no
“nazareno”.
A estos nazareos les tocaba ser como bichos raros. Porque, a diferencia de
Carbuco, el Negro, Edgardo, Puntillón,
Machicambiao y el Africano, no podían tomar licor.
Además, no podían cortarse el pelo, por lo que parecían jipis. Claro
que zanahorios, porque no le jalaban a la maracachafa, por lo que no
ponían grafitos en las paredes con las consignas de: “No pise la
yerba, fúmesela”, “Haga el amor y no la guerra”, “A mí no me jodan,
que yo vivo fresco”…
Como Sansón era muy tenorio, un día que pasó por un pueblito vecino se
encacorró de una pelada que era bacanísima. Cuando llegó a su pueblo
les contó a sus papás que estaba más tragado que calzoncillo de
torero, de una vieja, y les exigió que fueran a pedir su mano, pues
ya no se aguantaba las ganas de lo que sabemos. Los papás le
dijeron:
“Ala, mijo, ¿por qué tienes que encacorrarte de una filistea, si son
nuestros enemigos? ¿Es que es la única mujer que existe? Busque,
aquí en tu pueblo, una mujer que te guste”.
Pero Sansón sólo quería que fuera ella y, con el tiempo, a los papás les
tocó ceder porque, como Sansoncito se lo pasaba encerrado en el
baño, supusieron que no era por diarrea crónica sino sobándose la
polla.
Así que se fue con papá y mamá a pedir la mano. Y también el resto, porque
el ñongo-ñongo es completo si es “cuerpo a cuerpo”; y
a medias, si sólo es “mano a cuerpo”.
Por el camino les salió un león grandísimo, como el de la Metro,
pero con hambre. Por ser nazareo, cuando Sansón estaba en peligro se
le metía el espíritu de Yahvé, por lo que no había enemigo que le
diera un brinco. Así que en par-patadas acabó con el leonzote. Y
cuando llegaron al otro pueblo, pidieron la mano (y, claro, el
resto) de la muchacha, fijaron la fecha para el casorio y se
volvieron para su pueblo.
A los pocos días regresaron a
Timná, el pueblo de su tormento. Por el camino encontraron el
leonzote, con el cuerpo lleno de abejas. Sansón recogió miel y se la
fue comiendo por el camino, pues sabía que allá había una viejotas
culiprontas y cuquialegres, y le habían dicho que la miel es
buenísima para que al tomín no lo canse el exceso de ajetreo.
Para la boda, en la casa de la novia armaron una pachanga que duró 7 días,
como era costumbre en ese pueblo. Como al tercer día de aquella
juerga, Sansón retó a 30 de los invitados. “Si me adivinan lo que
les voy a decir —les dijo—, le regalo un vestido nuevo a cada uno”.
Como le cogieron la caña, Sansón les dijo: “Del que come, salió lo
que se come; y del que tiene más fuerza, salió lo más dulce. ¿Qué
es?”.
Por mucho que cranearon, no dieron con la respuesta. Entonces le pidieron
a la mujer de Sansón que se la sonsacara. Él le decía: “Pierdes tu
tiempo, mija. No te la voy a decir”. El séptimo día, ella lo
arrinconó: “Si no me das la respuesta, desde esta noche no habrá de
lo que sabemos”. Y el pobre Sansón sucumbió, ante el riesgo de un
prolongado ayuno.
“Venga, Sansón —le dijeron los 30 tipos—: la vaina más dulce es la miel, y
el que más fuerza tiene es el león”.
Sansón pensó: “Eso fue la lengüilarga de mi mujer quien se los contó”, y
cogió para un pueblo vecino a buscar los chiros. Al llegar a la
plaza principal de aquél, vio 30 muchachos elegantemente vestidos y
pensó: “Ahí está lo de pagar la apuesta”, y de uno en uno los fue
matando, dejando una tendereta de muertos empelotos. Esa vaina
parecía una masacre de las que hacen en Colombia los paracos y los
guerillos.
Aunque Sansón estaba muy tragado de su mujer, la aborreció por su
deslealtad, y le dijo al suegro que se la devolvía. Éste le dijo
que, en compensación, se llevara a su otra hija. Pues, si la miraba
bien, estaba más buena que su legítima.
Arrecho por esa “Propuesta Indecente”, Sansón salió refunfuñando y, para
desahogarse, le metió candela a un jurgo de cambuches de filisteos
quienes, en represalia, hicieron lo mismo con la finca del suegro de
su victimario, de lo cual Sansón resultó viudo y sin familia
política, porque todos quedaron reducidos a chicharrón.
Poco después Sansón se fue de incógnito a la ciudad filistea de
Gaza, a la
que tantas ganas le tienen los palestinos desde los tiempos de
Arafat. Y dicen las Escrituras que, como hacía rato que Sansón no
probaba carne peluda y cruda, se metió donde las mal llamadas
“mujeres malas”. Y digo “mal llamadas”, porque dizque son muy buenas
para el ñongo-ñongo.
Aunque Sansón entró de incógnito (“de civil”, dicen los policías y
militares), un cliente del burdel lo identificó, pagó la cuenta y le
llevó el dato a su patota. Entonces esos manes cerraron las puertas
de la ciudad para asegurarse de poder linchar a ese espécimen de una
raza enemiga de los filisteos. Y sobre todo a ése, que tantas
“bajas” les había causado.
Sansón salió del burdel, satisfecho por lo que sabemos y, al ver cerradas
las puertas de la ciudad, se olió la embestida. Entonces,
requeteemputao, arrancó el portón y se lo echó al hombro con marco y
todo, y lo subió a un monte.
Por allá fue donde conoció a
Dalila,
una filistea que era un palo de hembra, y comenzó un romance más.
Pero será en otro artículo en que les cuente el desenlace de esa
traga.n
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«EXIJO UNA EXPLICACIÓN»
(DECÍA CONDORITO)
En la página 5C de la edición del pasado viernes del diario
La Opinión
aparece una noticia con este titular:
Universidad de Pamplona
goza de buena salud financiera.
Según la información, la Contraloría Departamental denunció un
endeudamiento de dicha institución del orden de los 12 mil millones
de pesos.
En la nota, el rector encargado y el administrador financiero
de dicha institución refutan ese informe aduciendo, entre otros,
que: En el 98 los activos (de la Universidad) estaban en
$14.000 millones y en el 2006 llega (sic) a $132.000
millones.
Como «el suscrito» Director no es contador ni economista, no
entiende cómo un Ajuste por Inflación multiplica unos bienes
por 941%.
Por eso se pregunta: ¿será una revalorización antitécnica de
activos? ¿Algo así como comprar una computadora, por ejemplo, en un
millón de pesos, y registrarla en libros con el valor
de $9’410.000?
Que alguien, ad honores, se lo explique.
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N O T A S :
u Cualquier nota que no tenga explícitamente autor, debe
ser
atribuida
exclusivamente al director de
Occidente Universitario.
v Por limitaciones pecuniarias, las ediciones «en papel»
de
Occidente Universitario,
que se difunden completamente
gratis, es de 40
ejemplares, en promedio.
? La edición
Nº 63 de
Occidente Universitario
está
prevista para el
viernes 30 de julio del 2006.
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