OCCIDENTE UNIVERSITARIO
N° 79
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Publicación informal, editada en la
Universidad Francisco de Paula Santander (de Cúcuta, Colombia)
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Director-Editor: JAIRO CELY NIÑO l
8 pp l
MIÉRCOLES 13
DE JUNIO
DEL 2007
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A MODO DE «EDITORIAL (O ALGO ASÍ)».
Arribismo y derrotismo
«El
suscrito» Director vio por televisión los partidos de Copa
Libertadores que jugó el Cúcuta Deportivo, con cinco colegas
jubilados. Menos el de visita al Boca Júniors, pues lo vio con
ellos cinco, más otro jubilado, un decano y un veteranísimo
colega que no se ha pensionado.
Algo
reiterado fue el pesimismo del resto de «la patota» cada vez que
el rival «abrió la cuenta», ante lo cual «el suscrito» Director
—a quien se lo tiene por irreverente y hasta ateo— les espetó la
frase bíblica ¡Hombres de poca fe!, atribuida a
Jesucristo.
Así que: ¿qué
más podía esperarse cuando Martín Palermo anotó en La
Bombonera el segundo gol del Boca? Alguien de «la patota»
dijo quejumbroso que el dueño del negocio debería apagar ya el
televisor y nosotros, largarnos a dormir. Pero faltaba lo peor.
Apenas el
parcializado árbitro uruguayo decretó la conclusión, el
veteranísimo colega, quien hasta un segundo antes del segundo
del Boca le echó vivas al equipo motilón, saltó de la silla y
lanzó este chillido: ¿Qué se podía esperar del «cucutica», si
el Boca Júniors es «distancia y categoría»?
Una entristecida dama rubia, de una de las mesas adyacentes, llamó al
mesero y le pidió otra cerveza. Entonces el colega de «la
patota» que estaba cerca a ella le dijo que mejor pidiera una
docena de pañuelos para llorar a moco tendido la derrota.
Eso le hizo recordar al «suscrito» Director el arribismo de otros tiempos,
cuando los rectores y decanos eran «ponidos», que significa: no
elegidos. Porque la mayoría de los colegas eran «hinchas» del
que estaba más arriba: del rector. Pero, si el gobernador lo
«bajaba de ese burro», del árbol caído esos «hinchas» hacían
leña como para cocinar tamales, más mute más sancocho.
Hasta llegó a ocurrir que a un entrante gobernador se le pidió que no
cambiara al rector que nombró su antecesor. Y, de cuando en
cuando, al rector le enviaban panegíricos con un jurgo de firmas
de respaldo; curiosamente, cuando surgía alguna incipiente
oposición.
n
editorial-occidente-universitario@hotmail.com
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El
Doblemente Glorioso
CÚCUTA DEPORTIVO
subiendo la escalera al cielo
ALFREDO DÍAZ CALDERÓN, socio
honorario de la ACORD. Carnet N° 25.
El año 2007 se
inició para los cucuteños con gran expectativa, centrada en el
deporte. Porque, por lo demás, los problemas seguían siendo los
mismos: el bajo precio del bolívar, la ausencia de compradores
en los almacenes y de los turistas en los hoteles y
restaurantes, la lucha de los pimpineros y de los buhoneros, los
reclamos del magisterio por el atraso en el pago de sus sueldos
y primas, la violencia en las barriadas y la inseguridad en el
centro de Cúcuta.
Sin embargo, el tema central era: “Cúcuta
Deportivo ya está en la Copa Libertadores de América”
y “jugará
en su grupo con Gremio de Porto Alegre (de Brasil),
Cerro Porteño
(de Paraguay)
y Deportes Tolima
(de Colombia)”.
En esos días la crónica deportiva nacional le pronosticaba a nuestro
equipo Negri-Rojo el último lugar de ese grupo, por ser novato o
inexperto en ese torneo de tanta envergadura y prestancia. Los
cucuteños pusimos “oídos sordos” a aquellos argumentos, porque
teníamos la esperanza de que nuestro Doblemente Glorioso hiciera
honor a su nombre, a su historia y a nuestro ancestro.
LA PRIMERA
RONDA
EL “MARTES 13”
DE FEBRERO fue el debut del Cúcuta Deportivo en la Copa
Libertadores de América, empatando como local 0 por 0 con el
Deportes Tolima en esta fase clasificatoria para octavos de
final.
Conceptos muy negativos surgieron esa noche y se acentuaron el día
siguiente. En lo deportivo, las infaltables aves de mal agüero
locales sumaron sus voces a las de los “cachacos” y
reconfirmaron que seríamos eliminados sin ganar un partido en
esta primera fase. En lo organizativo, criticaron la iluminación
del estadio y el escaso aforo de las graderías, pues más del 40%
de ellas no estaban en servicio. Un programa deportivo radial de
Bogotá insinuó la posibilidad de que la Confederación
Suramericana de Fútbol (Conmebol) vetara el Estadio General
Santander, por causas deficitarias en su iluminación y en su
aforo.
EL MARTES 27 DE FEBRERO Cúcuta Deportivo empató con Gremio 0 por 0 en
Porto Alegre (Brasil). Los periodistas brasileros comentaron
positivamente esa actuación de nuestro equipo, llamándola
incluso “un
empate con sabor a triunfo”, mientras aquí, en Colombia, los anunciantes de desastres pronosticaron
que el Doblemente Glorioso difícilmente podría anotar un gol
antes de ser eliminado del torneo.
EL “MARTES 13” DE MARZO, en el General Santander, 32.000 espectadores
vieron empatar 1 por 1 al Cúcuta Deportivo con Cerro Porteño.
Nuestros pájaros de mal agüero ya no siguieron criticando
nuestro estadio ni la capacidad ofensiva del equipo, pero se
refugiaron en criticar la falta de triunfos.
EL MARTES 20 DE MARZO, en Ciudad del Este (Paraguay), Cúcuta Deportivo
perdió 1 por 2 ante Cerro Porteño. Los “casandras”, ¡felices!
porque el resultado les confirmaba la “infalibilidad” de sus
pronósticos, los cuales confirmaban lo que el “Papado rolo”
había dictaminado antes del primer “martes 13”: que nuestro
Doblemente Glorioso era un “equipito”. Y como todo agorero y
culebrero tiene su audiencia, la de los agoreros locales no sólo
confirmó su lealtad a sus gurúes, sino que arrastró a más
adeptos.
EL MIÉRCOLES 11 DE ABRIL, en el Estadio General Santander, ante 35.000
espectadores el Cúcuta Deportivo derrotó 3 por 1 al Gremio (de
Brasil). Nuestro equipo demostró capacidad ofensiva y los
agoreros se redujeron, pero aún quedaban unos cuantos que
pronosticaban el triunfo del Tolima dentro de “13” días en
Ibagué y la consecuente eliminación del Cúcuta Deportivo. (¡Qué
vaina! —pensarían—: cuando no es la fatídica coincidencia
“martes 13”, es el “13” a secas.)
EL MARTES 24 DE ABRIL, en Ibagué, Cúcuta Deportivo derrotó 4 por 3 a un
Deportes Tolima aguerrido. Nuestros jugadores demostraron esa
noche, no sólo técnica, disciplina, capacidad y resistencia,
sino, ante todo, ética deportiva y amor propio, pues llegaron
estar con el marcador en contra 2 a 3, lo cual les exigía dos
goles más para no quedar eliminados. Pero empataron el partido
y, ya sobre el minuto final, se logró el gol del triunfo y la
clasificación a octavos de final, donde comenzaríamos como
locales ante el Toluca (de México).
LOS OCTAVOS DE FINAL
JUEVES 3 DE
MAYO, en el Estadio General Santander: Cúcuta, 5; Toluca, 1. A los
20 segundos Toluca se pone en ventaja y los 38.000 espectadores
cucuteños quedan mudos, ante la euforia y los gritos de un pequeño
grupo de mexicanos. Ese gol tempranero, o “de camerino”, espoleó
la furia motilona
y lo que se vio a partir de ese momento en el General Santander fue
una
tromba negra y roja,
atacando y goleando sin piedad a su digno y pundonoroso adversario.
El argentino Juan Manuel “el Burrito” Martínez, autor de 3 goles,
fue la gran figura; y el uruguayo Charles Castro y el colombiano
Alexánder del Castillo anotaron los otros 2 goles del Cúcuta
Deportivo. Todo el plantel jugó esa noche en forma casi perfecta, y
demostró a propios y extraños que el Cúcuta Deportivo es el equipo
colombiano más dinámico, balanceado y armonioso de nuestro fútbol en
este momento.
MARTES 8 DE MAYO, en México: Toluca, 2; Cúcuta, 0. Nuestro equipo jugó,
lógicamente, sin exponer su ventaja acumulada 5 días antes y, ante
el empate de puntos, el marcador global de 5 por 3 a su favor lo
clasificó a cuartos de final, donde iniciaría como local ante
Nacional, de Montevideo (Uruguay).
LOS CUARTOS DE FINAL
MARTES 15 DE
MAYO, en el Estadio General Santander: Cúcuta, 2; Nacional, de
Montevideo, 0. Asistencia de 42.000 espectadores. Aforo completo.
Iluminación perfecta. Goles: Macnelly Torres, a los 75 minutos; y
Blas Pérez, a los 88 minutos. Excelente arbitraje. Buen
comportamiento del público y de los jugadores. Desaparecen los
agoreros, y los cucuteños ya estamos soñando con llegar al cielo,
porque nuestro Doblemente Glorioso, como uno de los 8 mejores
equipos de América, ya ha recorrido las tres cuartas partes de la
escalera celestial.
MARTES 22 DE MAYO, en el Estadio Parque Central, de Montevideo (que es el
estadio del Nacional): Nacional, 2; Cúcuta, 2. Desde las 6 p.m. el
pueblo cucuteño está pendiente de la señal de televisión, que viene
desde la República Oriental del Uruguay. A los 11 minutos de juego
ya estamos perdiendo 1 por 0, pero tenemos fe en nuestro equipo
negro y rojo. A los 21 minutos el rosariero Rubén Darío Bustos
empata 1 por 1 mediante cobro impecable de un tiro libre. El primer
tiempo termina 1 por 1, y los cucuteños adelantan la celebración en
todos los barrios de Cúcuta.
Se inicia el segundo tiempo y, a los 39 minutos de éste, Nacional anota y
se pone arriba 2 por 1. Pero los cucuteños seguimos optimistas y
alegres, porque el gol de visitante nos favorece. La explosión
triunfal en Cúcuta se produce a los 88 minutos de juego cuando
Lionard Pajoy, también rosariero, en rápido contragolpe individual
anota el gol del empate, para terminar el partido 2 por 2. La
diferencia de puntos 4 a 1 a favor del Cúcuta Deportivo (y ni hablar
del marcador global 4 por 2 a su favor) lo clasificó a semifinales
de Copa Libertadores de América.
Los cucuteños seguimos soñando con el cielo y lo vemos más cerca, porque
nuestro Doblemente Glorioso ya subió 28 peldaños y hoy está entre
los 4 mejores equipos de América. Esto nos llena de sano orgullo a
todos los cucuteños, lo mismo que a los habitantes de la Villa del
Rosario, cuna del general Francisco de Paula Santander, porque dos
jóvenes deportistas de esa Histórica Villa fueron esta noche los
verdaderos héroes en el Estadio Parque Central, de Montevideo
(Uruguay).
(Antiguamente, los habitantes de Villa del Rosario se autodefinían
“rosarieros”. Después, utilizaron el gentilicio “rosarienses”. Y por
las cosas del fútbol, sobre todo por el gentilicio de los hinchas de
los equipos argentinos Newell’s Old Boys y Rosario Central, ahora se
autodefinen “rosarinos”.)
EL PRIMER PARTIDO DE LA SEMIFINAL
JUEVES 31 DE
MAYO, a partir de las 7 de la noche en el Estadio General Santander.
Cúcuta Deportivo derrota 3 por 1 al Boca Júniors, de Buenos Aires
(Argentina), equipo que es pentacampeón de la Copa Libertadores de
América y tricampeón de la Copa Intercontinental de Clubes. Boca
ocupa el segundo lugar del mundo en cuanto a títulos internacionales
obtenidos, y lo supera el Milán (de Italia) por un solo título.
Desde las primeras horas de la mañana del martes 29 de mayo, los
alrededores de nuestro estadio se transformaron en un “gigantesco
mercado persa”: vendedores de camisetas, gorras, sillas, cojines,
banderas, banderines, pitos y maracas alusivas a nuestro equipo;
ventas ambulantes de cerveza, gaseosa, golosinas y comidas rápidas.
Miles de personas, frente a las taquillas en busca de boletas, empezaron a
crear un desorden que poco a poco fue creciendo y que al mediodía
del miércoles 30 de mayo se salió de control, cuando varios
exaltados trataron de tomar por la fuerza las taquillas y las
oficinas del Cúcuta Deportivo, y agredieron físicamente a varios
directivos de nuestra institución negrirroja.
La Policía Nacional,
utilizando gases lacrimógenos, dispersó a los revoltosos y, desde
ese momento, tomó control del estadio y le devolvió la paz a los
barrios adyacentes. La gente siguió comprando sus boletas en forma
ordenada, de a una por persona, hasta las 6 p.m., cuando se
suspendió la venta y se anunció que se continuarían vendiendo a
partir de las 8 a.m. del día siguiente.
El jueves 31, a las 10:15 a.m., se anunció que ya estaba agotada la
boletería y las personas que no alcanzaron a comprar su boleta
fueron retiradas sin dificultad. A esa hora ya había 3 cordones de
seguridad policial. Sólo podrían entrar a la zona los que portaran
su boleta en la mano.
Se abrió el estadio y, durante 7 horas, largas filas entraron lentamente a
él. A las 5:30 p.m. la ciudad, en plena soledad, parecía muda. La
vida parecía estar dentro del Estadio General Santander, donde más
de 45.000 personas se disponían, entre cantos, gritos, risas y
música, a vivir la realidad del sueño más lindo de nuestra historia
deportiva local.
El árbitro paraguayo, Carlos Amarilla, dio la pitada inicial y en las
tribunas se prendió la emoción. A los 26 minutos el estadio quedó en
silencio, cuando Ledesma abrió el marcador para el Boca Júniors.
Durante 13 largos minutos el público cucuteño fue apático, pero
nuestros jugadores no desfallecieron y a los 39 minutos Blas Pérez,
en brillante jugada personal, definió con su pierna izquierda para
vencer al arquero Caranta y empatar el partido. Así terminó el
primer tiempo, con el público nuevamente bullicioso y activo,
animando al Cúcuta Deportivo.
El segundo tiempo se jugó a velocidad de vértigo, y Boca Júniors se quedó
sin aire y sin su arquero titular, que fue relevado por Bobadilla. A
los 64 minutos Blas Pérez, con toque sutil y elegante, anticipa al
arquero Bobadilla y pone en ventaja al Cúcuta Deportivo. Sigue la
furia motilona en su ataque demoledor. Macnelly Torres es derribado
fuera del área y el árbitro sanciona tiro libre a 35 metros del
arco. Cobra Rubén Darío Bustos y la pelota sobrepasa la barrera de
cinco hombres, describe una curva impresionante y se mete por el
ángulo superior izquierdo, después de rozar levemente el horizontal
del arco boquense. Este gol se produjo a los 83 minutos y, en los
minutos que quedaron, el Cúcuta desaprovechó dos oportunidades para
aumentar la ventaja.
Macnelly Torres fue nuevamente el gran conductor, y Róbinson Zapata
confirmó que es garantía de seguridad en la portería del Doblemente
Glorioso Cúcuta Deportivo. El entrenador, Jorge Luis Bernal, dirigió
el equipo a la perfección y todos sus jugadores respondieron a sus
instrucciones con precisión.
(Este artículo lo he estado redactando “por cuotas”: una vez se juega cada
ronda. A las 4 de la madrugada del viernes 1º de junio comencé a
escribir sobre este primer partido de la semifinal y en ese momento,
7 horas después de concluido el partido, se escuchan gritos, música,
pólvora y pitos, festejando el logro de lo que muchos creyeron
imposible: derrotar al equipo más grande de América y segundo mejor
club del mundo, y por marcador de 3 a 1. Cúcuta está feliz y espera
volver a celebrar el jueves 7.)
EL SEGUNDO PARTIDO DE LA SEMIFINAL
JUEVES 7 DE
JUNIO, en el Estadio “La Bombonera”, de Buenos Aires: Boca Júniors,
3; Cúcuta Deportivo, 0.
A los 4 minutos de iniciado este partido perdimos la fe en la
clasificación de nuestro equipo a la final de la Copa Libertadores,
pues Lionard Pajoy fue derribado intencionalmente dentro de las 18
yardas del Boca Júniors y el árbitro uruguayo, Roberto Silvera, “no
vio” absolutamente nada. Sin embargo, ya en ese momento, este señor
le había sacado 2 tarjetas amarillas al Cúcuta Deportivo y había
iniciado el partido bajo condiciones anormales, desconociendo a sus
propios auxiliares, quienes le advirtieron de la absoluta falta de
visibilidad dentro de la cancha por una espesa niebla. Por eso, todo
lo que sucedió después no me sorprendió: a los 43 minutos ya
teníamos 4 tarjetas amarillas y, como el marcador seguía 0 a 0,
Silvera sancionó un tiro libre para que Riquelme anotara el primer
gol del Boca.
Se inicio el 2º tiempo y continuó la táctica: acciones violentas del
público contra nuestro arquero Róbinson Zapata, juego fuerte y a
veces mal intencionado por parte de Boca y más sanciones para
nuestros “motilones”. A los 68 minutos Martín Palermo anotó de
cabeza el segundo gol boquense. A los 83 minutos Lionard Pajoy es
derribado dentro del área por el arquero Caranta, pero el árbitro
Silvera tampoco vio esta segunda pena máxima (y vaya uno a saber si
no la vio porque no quiso o porque no se lo permitió la espesa
niebla). A los 89 minutos Bataglia, de cabeza, cierra la cuenta 3 a
0 para Boca.
El resultado de este partido de semifinal no nos causa amargura. Nos
sentimos ahora más orgullosos de nuestro Doblemente Glorioso Cúcuta
Deportivo. Somos, en este momento, uno de los 4 mejores equipos de
América. Tanto, que el marcador global con Boca fue apenas de 4 a 3
en contra y los dos equipos que jugarán la final de esta Copa
Libertadores, Gremio (de Brasil) y Boca Júniors (de Argentina),
cayeron derrotados por el Cúcuta Deportivo en nuestro Estadio
General Santander: Gremio, por 3 a 1, el miércoles 11 de abril; y
Boca, también por 3 a 1, el jueves 31 de mayo.
Nuestro equipo tiene 83 años de existencia, y actualmente es el Campeón
del fútbol profesional colombiano y el mejor equipo de este fútbol
del país. Su Himno y su Bandera, creados en 1928, tienen ya 79 años.
Por todas estas razones es llamado con orgullo por sus hinchas y
fanáticos, y por los periodistas deportivos regionales:
El Doblemente Glorioso.
Y esta honrosa denominación fue adoptada por la afición deportiva y
los periodistas deportivos del resto del país, porque su hazaña no
fue de poca monta: retornó a la categoría A, se coronó su Campeón y
su desempeño en esta Copa Libertadores fue sencillamente
sorprendente; y todo, en un poco menos de año y medio.
No pudimos llegar al cielo. Únicamente nos faltaron dos peldaños. Pero
algún día llegaremos. Porque si fuimos capaces de esperar 83 años
para llegar a donde estamos, ahora no nos va a faltar perseverancia.
(Cúcuta, 8 de junio del 2007.)
Pavita
GUILLERMO
CARRILLO BECERRA,
profesor Asociado
emérito de la UFPS.
gecarril60@yahoo.es
Hay dos
clases de fumadores: los que compran y los que nunca cargan un
paquete de cigarrillos, pero que permanentemente viven
fastidiando a los demás con su bendita pedidera. Sobresalen, por
su cansonería, aquellos que no dejan que los demás terminen de
fumarse su cigarrillo sino que los interrumpen con la plegaria
de “déme la pavita”; es decir, “déme la colilla”.
Es un mal nacional que se da en todas las regiones de nuestro
bello territorio. Nadie se escapa a semejante fastidiosa
costumbre. Podemos afirmar que es netamente creatividad
nacional, pues, que yo sepa, no se da en otros países decentes.
Lo practican todas las clases sociales, desde el obrero raso
hasta el más encumbrado ejecutivo. Aquí todo mundo pide la
pavita. Y lo peor, es que nadie siente pudor por tan horrorosa y
nefasta manía. Analicemos estos casos:
LOS EMPRESARIOS. Son especialistas en pedir pavitas tributarias.
Lloriquean por todo: por el precio del dólar, por el clima, por
la apertura económica, por la competencia. Ahora se valen del
tal lobby para hacer presión sobre nuestros abnegados padres de
la patria con el ánimo de convencerlos para que éstos les
otorguen un respiro a sus esfuerzos patrióticos. El caso de
BAVARIA es típico de la mencionada pavita tributaria. Cuando
cualquier industrial elabora un producto, el impuesto a pagar
cobija tanto al contenido como al continente. Para Bavaria eso
no cuenta: ellos tributan sobre el líquido, mas no sobre la
botella, la etiqueta y la tapa. Eso sí es pava de ministro.
Otros pordioseros tributarios son los exportadores. Todos los
días, a raíz de la baja del precio del dólar, aparecen en los
medios de comunicación con la misma monserga: “estamos
trabajando a pérdida, pero nuestro amor por el país nos impide
despedir a los trabajadores”. Pura chimbera, porque los buenos
resultados empresariales de antes los han basado en la
devaluación del peso y en el pago de bajos salarios. Y son tan
descarados que están pidiendo, ni más ni menos, que les den
subsidios monetarios. Bonita la vaina: capitalistas en los
tiempos de las vacas gordas; y socialistas, en las vacas flacas.
Afortunadamente, el gobierno ha permitido que el peso se siga
revaluando, por una sencilla razón: uno de los indicadores de
que las cosas marchan bien es el poder adquisitivo de la moneda
nacional. Para dar un ejemplo: ¿sí se acuerdan cómo vivían los
venezolanos cuando un dólar les costaba 4,3 bolívares? Y hoy,
¿cómo están, con un dólar cercano a los 4.000 bolívares? Los
cucuteños sí que tenemos conocimiento, en vivo y en directo, de
lo que es una moneda fuerte.
LOS SINDICATOS. Conjugan muy bien el verbo pedir y pedir y
pedir. Son unos egoístas con sus hermanos de clase. Les importa
un carajo la suerte de sus colegas independientes. A la USO,
sindicato de ECOPETROL, sólo le interesa las prebendas de sus
afiliados; los obreros petroleros no sindicalizados que se
jodan. Igual sucede con los trabajadores del Banco de la
República: miran por encima del hombro al resto de sindicatos
bancarios. Para no mencionar a FECODE, que cree que los maestros
de la educación privada tienen menos necesidades que ellos.
De ahí, la baja afiliación sindical de la clase obrera
colombiana; las centrales obreras sólo agrupan al 8% de los
trabajadores. ¿Por qué se da este fenómeno? Porque la gente no
es tonta de escuchar un discurso politiquero y trasnochado. La
gente quiere soluciones reales y no un catálogo de disculpas
pendejas. Si se desborda un río, eso es culpa del “imperialismo
yanqui”. Siempre buscando culpas ajenas, nunca aceptando
responsabilidades propias.
Tenemos, entonces, un sindicalismo contestatario y pedidor de
pavitas chichiguas, como eso de solicitar auxilio para comprar
gafas. Por Dios, tengan objetivos de más alcance. Por eso es que
los patrones los tratan a las patadas, porque todavía existe el
conformismo de los espejitos coloniales.
Terminada la Segunda Guerra Mundial, los trabajadores europeos
se dieron cuenta de que el mundo había cambiado para siempre y
que ellos, a su vez, tenían que estar en primera fila para que
ese cambio fuera permanente. Así que pasaron del Sindicalismo
Contestario —el que existe en Colombia— al Sindicalismo
Participativo, el que impera en el primer mundo. Significa,
simplemente, que los trabajadores son copropietarios de las
empresas, además de ser empleados. Este fue el camino que se
recorrió y se sigue recorriendo para tener la prosperidad que
esos países tienen hoy.
LOS ESTUDIANTES. Entre ellos se está formando una subcultura
peligrosa. Es la del atajo; es decir, buscar el camino más corto
para lograr el objetivo, no importa los medios ni en llevarse
por delante al que sea. El caso de las chicas “prepago” no es un
cuento sólo de la pobreza. También a otros niveles se dan esos
casos. Les importa un sieso juntarse con personajes de negros
comportamientos, con tal de que les den buenas pavas: joyas,
ropas de diseño, viajes. Su objetivo es lucir y lucir y lucir.
Otros, para obtener su título, se valen de toda clase de
artimañas y tramposerías: copias, compra de exámenes,
elaboración de tesis por encargo. Cuando ingresan a la
universidad son estudiantes mala clase. Y cuando egresan son
peores: son profesionales mala clase. Y pensar que muchos de
ellos se dedican a la política, pidiéndole la pavita al cacique
de moda, para luego ser dirigentes sociales. Por eso estamos
como estamos.
Existen, también, los estudiantes que piden toda clase de pavas:
aplazamiento de tareas, exámenes de rescate, calificación por
curva, cambio de horario. Son los más cansones del curso y que,
además, sacan pecho ante sus compañeros por semejantes logros.
No caen en cuenta de que son simples pordioseros académicos.
EL GOBIERNO. A raíz del TLC con Estados Unidos, hemos visto a la
crema del gobierno nacional, encabezada por el Presidente, en
una viajadera, casi rutinaria, a solicitarle al Congreso gringo
que, por favor, nos dé esa pavita comercial. ¿Qué hemos recibido
a cambio? Regaños y portazos en la nariz. Qué prepotencia la de
Al Gore y la de Nancy Pelossi, mandamases del Partido Demócrata.
Y eso que dicen que son nuestros amigos. ¡Qué tal que fuéramos
enemigos! (¿a lo mejor, ya nos hubieran dado la pavita del
TLC?).
Con la Comunidad Europea es la misma vaina. A ella, la pavita
que le pedimos se llama “Mesa de Donantes”, que indica que les
pedimos dinero para que nos ayuden a solucionar nuestros
problemas. Como es obvio, primero nos meten una vaciada del
carajo y, luego, nos imponen una tarea casi imposible de
cumplir.
(Cúcuta, junio de 2007)
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Modismos Cucutoches (13):
Cúcuta contada (3)
CARLOS HUMBERTO AFRICANO,
profesor Asociado emérito de la UFPS.
kafrica_55@hotmail.com
Cúcuta contada
es una sección de los
Modismos Cucutoches, donde se relata el origen de algunos dichos. Son 24
cuentos, de los cuales aquí les presento otra selección.
A COMER PAVO
Cúcuta siempre
ha sido una ciudad muy próspera, primera en todo de aquellas
obras tantas veces contadas. A principios del siglo XX ocurrió
la fuerte inmigración de italianos y alemanes a Venezuela,
muchos de ellos llegaron a establecerse aquí. Fueron los tiempos
del florecimiento del café y de su exportación por esta
frontera. El doctor Jaime Pérez López nos refiere esas historias
en un excelente libro. En esos tiempos de gran esplendor, que
como dice el doctor Pérez López, se bebía brandy y se vestía de
lino y seda, además de ser la ciudad que tuvo florecientes
industrias, (la primera planta eléctrica, la primera telefónica,
la primera en tener alumbrado público, el único ferrocarril
internacional de nuestro país), también tuvo sus clubes sociales
muy exclusivos. Grandes fiestas se celebraban en ellos.
En nuestra época, aquello también fue corriente. ¿Quién no asistió a
aquellos suntuosos bailes con las famosas orquestas venezolanas
“La Billos” y “Los Melódicos”, alternando con las orquestas
colombianas de Lucho Bermúdez y “Los ocho de Colombia”?
Por aquellos tiempos de los italianos y alemanes, las abundantes viandas
de las celebraciones eran con pavo, tradicional para ellos. Por
alguna razón no explicada, en Cúcuta, en las fiestas siempre
aparecen más damas que hombres, de modo que en toda fiesta, a la
hora del baile, siempre se queda más de una dama “cuidando” las
mesas. Con el recato de aquel tiempo, no bailaban si no eran
invitadas y muchas, ni siquiera “una pieza”. Así que, con ese
humor socarrón, se decía que se quedaban “comiendo pavo”.
La expresión vino para quedarse y hoy, dama que no baila en una fiesta,
porque no la sacan a bailar, se queda comiendo pavo. Haya o no
haya pavo en la mesa.
En una reciente fiesta, a una dama de la sociedad cucuteña se la acerca un
“borracho impertinente” —dice ella— y la invita a bailar:
—¿Baailamos, señoritaaa?
Ella, para evitarlo, le contesta:
—No, señor, gracias; estoy cansada.
El borrachito, que la había visto sentada toda la noche, con toda la
frescura y la ironía le dice:
—¿Cansada de qué? ¡Si no ha hecho más que comer pavo toda la noche!
MAMAR GALLO
Si hay una
expresión que identifique al cucuteño, es esta. Cómo será, que
hasta un monumento hay. Así como lo leen. Un monumento a la
mamadera de gallo del cucutoche, situado en la avenida 5 con
calle 4. Es una lástima que esté tan mal ubicado, pero tal vez
por eso mismo: para mamarle gallo a la mamadera de gallo. Porque
la verdad es que de esta ciudad todo el mundo se burla:
Presidentes
—y hasta de aquí mismo—, ministros —y de aquí mismo—, senadores, alcaldes,
concejales, etc. Justamente el monumento está en el sitio
preciso, para recordarles a aquellos, que ese sector, el mercado
“La Sexta”, hace centurias debió ser liquidado, construyendo
allí un gran centro de recreación con centros comerciales y
viviendas. Un proyecto de estos se vende solito, pero, como aquí
¡sólo nos gusta mamar gallo!
Por esas vainas que suceden en Cúcuta, alguien también tuvo esta
idea y hoy se está construyendo un gran parque de recreación con
avenidas y puentes elevados. ¡Qué gran noticia!
Desde otro
ángulo (… “de la noticia”, como dicen los comentaristas
deportivos) de este tema, cuando uno se mete en estas vainas se
ve obligado a la consulta bibliográfica. Roberto Cadavid (cuyo
seudónimo era Argos) en su libro Refranes y dichos,
de la editorial Universidad de Antioquia, registra la expresión
“mamar gallo” como un venezolanismo, introducido en el siglo
pasado y dice que desconoce el origen.
Alirio de Filippo, en su obra Lexicón de colombianismos,
describe la expresión como originaria de las islas antillanas y
le da un origen un tanto caprichoso: «su origen nace de aquella
práctica en las antillas de chuparle, a los gallos de pelea, las
heridas; con esto los ciegan y los ponen a pelear de nuevo».
¿Extraño, verdad? Extraña la relación entre “mamar gallo”
(burlarse) y chuparle las heridas a un gallo.
Héctor Atilio Pujol, en su libro: Sentido y humor del habla
popular venezolana, refiere lo siguiente: «Mamadera de gallo
es una expresión venezolana sustitutiva de la proverbial y
castiza “tomadura de pelo”. La explicación más lógica del origen
de esta frase la da nuestro distinguido, muy apreciado profesor
y amigo, Orlando Araujo. Dice que “en las galleras —escenarios
donde se realizan peleas de gallos—, cuando uno de los
contendores pierde fuerza y no puede picar (agarrar fuerte con
el pico) para afianzar el espuelazo, se dice que ya no pica,
sino que mama. En estas circunstancias, el dueño del gallo suele
tomar un buche de aguardiente y con él le lava la cabeza al
gallo para sacarle la sangre y animarlo, acto que se conoce como
‘mamar el gallo’”. Lo que no queda definitivamente claro es la
relación entre mamar el gallo y hablar o actuar en broma».
Remata don Héctor Atilio.
Mi versión es otra y hasta puede que en Las Antillas usen la
expresión y le den un origen rebuscado. Puede ser que nos haya
llegado de Venezuela, pero la expresión es tan cucuteña como la
palabra “toche” y, a falta de una versión mejor, la que oí es la
más cercana a la verdad.
En otro
escrito mío me referí al origen de “le compro el gallo”, y les
hablé de aquella costumbre de comprar viva las gallinas para el
sancocho. Reservé una parte del cuento para este artículo. In
illo tempore, cuando alguien regresaba a casa desde el
mercado, con la gallina debajo del brazo, el grito bromista era:
“le compro el gallo”. El grito era bien irónico, era una burla,
pues, además de significar que era robada, le decían al dueño
que llevaba una gallina para el palenque.
Generalmente quienes le gritaban eran sus amigos y, cuando se
reunía con ellos, les recriminaba que dejaran la mamadera (la
burla) (ahora se dice “la mamera”) del gallo. Poco a poco se fue
extendiendo la expresión “mamadera de gallo”, por “burla”.
LE VOY A DAR UNA MECHONIADA
La fama de
arrechos, y pa’ lo que salga, de los santandereanos (del norte y
del sur) es bien conocida. Desde la colonia ha sido así. Fue
desde Charalá de donde salió la primera revolución: la de los
Comuneros. Fue en Pamplona de donde salió el grito de
independencia total de España, el 4 de Julio de 1810, antes que
de Cartagena, Tunja o Bogotá. Fue de Villa Rosario de donde
salió el injustamente vituperado general Francisco de Paula
Santander, el hombre de las leyes, hacedor de la república. Fue
en Villa Rosario donde nació la gran nación que después se la
tiraron los coicos: la Gran Colombia. Fue en Cúcuta donde se
gestaron las expediciones del general venezolano Cipriano Castro
—con el apoyo del general revolucionario colombiano Rafael Uribe
Uribe— y de su homólogo y paisano Juan Vicente Gómez, para
llegar al poder en Caracas (Venezuela). Y así, otras tantas
gestas las han originado hombres de estas tierras con la
valentía de que también hacemos gala.
Además, el santandereano tiene fama de ser atravesado, irreverente,
altanero y malgeniado. Pero, ¡qué va!, pura fama, cuento chino.
“A otro perro con ese hueso”, decimos aquí. Porque, para
arrechas, las santandereanas; esas sí que baten candela. Pero,
además, debemos reconocerlo, también son un dechado de virtudes,
como decía mi nona Justina.
Si bien es cierto que el santandereano es ingenioso, emprendedor y también
altanero, irreverente, gritón y malgeniado, lo es fuera de casa;
porque, cuando tiene “la culebra” (la “legítima” o consorte)
enfrente, se le sale la piel de oveja. Dejémonos de vainas, ¿sí?
Pa’ qué nos andamos con tapujos. Lo que siempre ha habido aquí,
es un perenne matriarcado que lo sienten todos, pero que nadie
tiene el valor de reconocerlo por aquello del machismo, que
tratamos de mostrarlo en todas sus manifestaciones, mientras no
tengamos “la aplanadora” enfrente.
Si la liberación femenina es invento de las santandereanas, que no se la
dejan montar. El cuento, a lo mero macho, tal vez por influencia
del cine mexicano, de que “en mi casa mando yo”, es pura paja,
cuento y embuste, porque sí es cierto que mandamos en la casa,
“pero la mano al bolsillo”, decimos.
Para suavizar la vaina, porque aquí sí que nos tocó hacer de Jalisco,
hemos tenido que inventar eufemismos chistosos para llamar a la
legítima: la cuchilla, la culebra, la aplanadora, Anabel, Patico...
y con ese humor negro y recurrente, algunos nos relatan cuentos
de cómo hacen para escurrir el bulto.
Un profesor de la UFPS, cuyo nombre es mejor dejarlo en el anonimato, nos
dijo un día, en un parrandón de los poquitos que hacemos: “Me
voy. Porque, si no, Anabel se arrecha”.
—Cómo así —le preguntamos—, ¿su mujer no se llama Gloria?
—No. Anabel. Es que es un cruce de ANAconda con cascaBEL.
Y a otro más, le preguntamos por qué llamaba cariñosamente “Patico” a su
mujer.
—Porque es una combinación de PAntera, TIgre y COcodrilo
—nos respondió.
De modo que cuando a alguna santandereana se le totean los ojos y se le
alborotan las mechas, es porque en realidad está bejuca. Y
aunque el santandereano es juicioso, serio, responsable y fiel,
no deja de haber alguno que tenga algún desliz y, cuando lo
pillan, lo sentencian: “Dónde está la india esa, que le voy a
dar una mechoneada”. Y si está jartando y se pasó más de la
cuenta, váyase rapidito, no vaya y sea que su Anabel también le
dé una mechoneada.
RECOJA SUS MACUNDALES
Pasaron las
épocas de las vacas gordas, cuando llegaba el tren de “Petrólea”
con su carga de trabajadores de la “Colombian Petroleum Company”
desde Tibú, con sus bolsillos repletos de petrodólares a
gastárselos en las farras del sábado en la noche. Era una
algarabía la que se formaba cuando, desde las cuatro de la
tarde, el tren se anunciaba desde lejos con su pito. Recuerdo
que nosotros poníamos tapas de cerveza sobre los rieles para
hacer runchos. Después, cuando el gobierno nacional de los rolos
lo nacionalizó, ordenó cerrarlo y lo desmanteló, se construyó
“El Terminal de Pasajeros” en el sitio donde estaba la Terminal
del tren y, como monumento a esta desidia, en la redoma frente
al Terminal nos dejaron una de las locomotoras, porque las otras
veinte fueron vendidas como chatarra, mientras a las estaciones
de “El Salado”, “Patillales”, “Oripaya”, “La Javilla”, “Alto
Viento”, “Agua Clara”, declaradas monumentos nacionales, se las
comió el tiempo.
Entonces, al Terminal llegaba “el tren” de buses amarillos de la
Colombian con sus mismos trabajadores con sus mismos
petrodólares a la misma farra de sábado por la noche.
Quién mejor que nuestro Nóbel, Gabriel García Márquez, para que
nos narre esas farras:
Para los forasteros que llegaban sin amor, convirtieron la
calle de las cariñosas matronas de Francia en un pueblo más
extenso que el otro, y un miércoles de gloria llevaron un tren
cargado de putas inverosímiles, hembras babilónicas adiestradas
en recursos inmemoriales, y provistas de toda clase de ungüentos
y dispositivos para estimular a los inermes, despabilar a los
tímidos, saciar a los voraces, exaltar a los modestos,
escarmentar a los múltiples y corregir a los solitarios.
La “Calle de los Turcos”, enriquecida con luminosos almacenes de
ultramarinos que desplazaron los viejos bazares de colorines,
bordoneaba la noche del sábado con las muchedumbres de
aventureros que se atropellaban entre las mesas de suerte y
azar, los mostradores de tiro al blanco, el callejón donde se
adivinaba el porvenir y se interpretaban los sueños, y las mesas
de fritanga y bebidas, que amanecían el domingo desparramadas
por el suelo, entre cuerpos que a veces eran de borrachos
felices y casi siempre de curiosos abatidos por los disparos,
trompadas, navajinas y botellazos de la pelotera.
(Fragmento de Cien años de Soledad. Versión macondiana de
cuando se estableció la compañía bananera en Aracataca. Aquí fue
cuando se estableció la compañía petrolera en Tibú.)
Todo aquello acabó —compañía y farras— y los obreros tuvieron
que “recoger sus macundales”. Expresión que viene de allá, de la
compañía, de Tibú. Había una marca de herramientas denominada
Mack and Dale y, cuando se terminaba una labor, la orden
era: “Recoja las Mack and Dale”, que prontamente los
obreros la deformaron (o españolizaron) como “recoja los
macundales” y esta palabreja entró a formar parte del léxico
nuestro como genérico de objetos; más propiamente, de objetos
personales. “Recoja sus macundales” es, pues, “Recoja sus
cachivaches”.
(Cúcuta, junio
de 2007)
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«A
veces llegan cartas…»
Un poco antes de las cinco de la
mañana del miércoles 23 de mayo del 2007, «el suscrito» Director
le envió un e-mail a una ex discípula de Cálculo I, cuya
dirección electrónica recién se la había proporcionado el actual
decano de Ingeniería, Carlos Flórez.
La dama, nacida
en Cúcuta, es rubia, de ojos verdes y, de 15 años y 8 meses,
ingresó a Ingeniería Civil en el primer semestre de 1984. Su
nombre: Zully Maldonado.
Como su
dirección electrónica es zully.ritter@charite.de,
«el suscrito» Director se preguntó si «Ritter» era un apellido
y, como el desaparecido colega Carlos Humberto Redondo le contó
alguna vez que Zully había cursado en Caracas una maestría y
estaba cursando allí un doctorado, y después le contó que
cursaba un post-doctorado en Alemania, supuso que la extensión
«.de» hacía referencia a «Deutschland» (Alemania).
Y como al final
de su respuesta (de ese mismo día) Zully Maritza le pide al
«suscrito» Director darle sus saludos a todo el profesorado de
la Facultad de Ingeniería, se transcribe el e-mail que ella
envió, en el cual «rebotó» las dos preguntas y el comentario del
«suscrito», pero intercalando sus respuestas (que aparecen en
cursiva).
Vean, pues, a
dónde ha llegado esta egresada. Y sobre todo, ¡cómo la (ex)
estudiante ha superado al profesor!
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—¡Hola, Zully!
Dos preguntas:
»1ª ¿Recibiste la edición 78 de
Occidente?»
—Sí, la recibí. Gracias. Tus editoriales son
divertidamente serios.
—2ª ¿RITTER es lo que se llamaría tu «apellido de casada»? (Si sí, ¿tienes
hijos? Y si sí, ¿cuántas niñas y cuántos niños tienes?)
—Si, Ritter es mi apellido de casada.
Christoph Ritter es mi esposo. Él es físico, con un
doctorado en Astronomía y trabaja actualmente en el influjo de
los aerosoles en el cambio climático. Sus observaciones
son interesantísimas: viaja al polo norte y desde allí envía un
rayo láser a la atmósfera, bombardea los aerosoles y recibe la
luz de respuesta en un espejo. Así puede determinar la
altura y naturaleza de los aerosoles. Él es lindo, dulce,
inteligente, amable y chistoso. Yo lo quiero infinito.
No tenemos hijos, pero planeamos uno para el próximo año.
—El colega Carlos Redondo (no sé si recuerdas al
«negrote»), quien murió el 30 de mayo del recién pasado año, me
dijo hace años que tú estabas en Caracas cursando doctorado, y
unos años después me dijo que tú estabas en Alemania cursando un
post-doctorado. (No sé como estaba él tan informado.)
—Claro que lo recuerdo.
Yo recuerdo con cariño y siento un profundo respeto por todos
mis profesores: los de Cúcuta, Caracas y Alemania. No
sabía que había muerto. ¡Terrible! La muerte aún no la
asimilo. ¿Sabes? Papá murió de cáncer en la garganta en
el 2001 y no pude estar en su entierro, porque mi vuelo fue
programado para noventa días después. Todo, por el
incidente de las torres gemelas. Fue duro para mí.
Te cuento un poco de mis correrías: En Caracas hice mi maestría
en Ingeniería Estructural y comencé también mi doctorado.
Pero lo interrumpí al obtener una beca para hacerlo en la
Universidad Humboldt, Charité, de Berlín. Yo terminé mi
doctorado en Biomecánica, en el 2005. Después hice un
post doctorado en Robótica, en Jena, en el sur de Alemania,
hasta diciembre del año pasado, con una corta estadía en el
Instituto Max Planck. En enero regresé nuevamente a
Berlín y hago aquí mi post doctorado con camino a obtener el
titulo de Profesor. Charité es un hospital universitario
con muchos centros e institutos de investigación. Aunque
aún estoy en Charité, ahora estoy en el grupo de investigación
de otro profesor (Dieter Felsenberg). Me encanta mi
trabajo, es como jugar todos los días. Pronto iniciaremos
un proyecto súper interesante en conjunto con la ESA, que es la
Agencia Espacial Europea. Soy feliz, aunque extraño mucho
a mi Cúcuta Hermosa, sus arreboles, esa su apariencia de no
tiempo al medio día... Jairo: dale, por favor, mis
saludos a todos los profesores de la Facultad de Ingeniería.
La Facultad es buena y tiene fuertes que ella misma ignora.
Yo siempre me sentí bien preparada y segura de los conocimientos
que de ella recibí, así como de mis “desconocimientos”.
—Y por último, Zully: saludos de primavera (que
dentro de 28 días «expirará»).
—Sí.
Saludos de primavera también para vos.
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El benemérito general,
ogro de los Andes
RICARDO GARCÍA RAMÍREZ,
profesor Titular emérito de la UFPS.
Cuando se
atornilló en el poder, el general venezolano
Juan Vicente Gómez
dijo: “Igual que el Libertador, nací un 24 de julio. Y como él,
moriré un 17 de diciembre; pero del año que se me dé la gana”.
Nació por allá en 1875, de la unión de la hermosa india motilona
Hermenegilda Chacón con el cucuteño Evaristo García.
El autor que consulté para escribir este artículo, Alfredo Iriarte, en su
libro
Crónicas de Dictadores
(cuya edición anterior tiene el título
Bestiario Tropical)
sostiene que: “el ogro de los Andes —como llamaban a este
dictador— nació en Cúcuta”. Sin embargo, en Venezuela, por aquí
cerquita a Cúcuta, en La Mulera, arriba de Peracal, hay una casa
de la que dicen que fue donde nació Juan Vicente Gómez.
Recién nacido Juan Vicente, sus padres se separaron porque Evaristo le
pegaba a Hermenegilda y le echaba en cara su condición indígena.
Ella se fue al estado Táchira y en San Antonio se enmozó con
Pedro Cornelio Gómez, un hacendado tachirense que adoptó a Juan
Vicente, por lo cual éste se apellida Gómez y no García. De San
Antonio del Táchira pasó a una hacienda en La Mulera, cerca de
San Antonio, donde mostró habilidades para la agricultura y la
ganadería. Entonces ya existían las guerras de los caudillos
semifeudales que se disputaban el territorio venezolano. Era
presidente de Venezuela Raimundo Andueza y procónsul del
Táchira, el general Cipriano Castro.
Cuando el general Joaquín Crespo se rebeló contra Andueza, Castro llamó a
Juan Vicente para que repeliera la revuelta, ofreciéndole
canonjías. Éste se entusiasmó y movilizó toda su peonada para
defender la legitimidad de Andueza, pero fue inútil: Crespo
derrocó a Andueza. Como La Mulera fue saqueada e incendiada,
Juan Vicente huyó a Cúcuta con el general Castro, que era su
compadre.
Castro preparó en Cúcuta un ejército para caer sobre el general Crespo y,
cuando lo tuvo listo, le dijo a Juan Vicente: “Alístese,
compadre, que nos vamos para Caracas”.
Castro depuso a Crespo y nombró a Gómez segundo comandante del ejército,
diciéndole: “Cuando yo muera, usted será mi sucesor”. Y como
Juan Vicente reprimía rápidamente todos los alzamientos contra
Cipriano, éste confiaba cada día más en la lealtad de su
compadre, quien para descansar bajaba a La Mulera pues ahí
mantenía a su concubina, Dionisia Bello, a la cual jamás exhibió
en público y con la cual nunca amaneció en la cama pues, según
él: “El hombre que amanece con mujeres termina haciendo lo que
ellas quieran”.
Cipriano Castro llamó a su gobierno: “la Revolución Restauradora”. Pero
las deudas contraídas por Crespo y aumentadas por él se
volvieron impagables, por lo que los acreedores (Alemania e
Inglaterra) amenazaron con invadir a Venezuela para cobrarlas a
plomo. Ello enfureció a la Casa Blanca, que movilizó a Venezuela
la poderosa flota que tenía en Puerto Rico, lo cual las disuadió
de la invasión.
Enfurecido, de un plumazo Castro les expropió a esas dos potencias las
empresas que tenían en Venezuela. Y para protegerse de
invasiones, inició una ofensiva diplomática haciéndose muy amigo
de los demás embajadores o musiús, nombre dado en
Venezuela a los extranjeros que no hablan español.
Entonces las dos potencias acreedoras y expropiadas decidieron utilizar a
Juan Vicente Gómez para asestarle la “puñalada” a su compadre.
En noviembre de 1908 Cipriano viajó a Europa para que lo
atendieran de la próstata y encargó del coroto a su compadre.
Estaba seguro de que, recuperada la salud, recuperado el poder.
Un mes después, Juan Vicente Gómez mandó notificar a Cipriano Castro que
no volviera a pisar tierra venezolana por el resto de la vida.
Fue un derrocamiento incruento y, ya en la silla presidencial,
Juan Vicente dijo: “El error de mi compadre Cipriano fue ponerse
a pelear con los musiús. Yo jamás voy a hacer una burrada
semejante”.
Sin ningún arrepentimiento, el general Juan Vicente Gómez gobernó con mano
de hierro a Venezuela durante 27 años, y su suerte no tiene
paralelo en la historia del continente, pues era el hombre que
las potencias necesitaban porque ya había tufo de petróleo en el
Lago de Maracaibo y su entorno.
Henry Ford ya producía en serie sus famosos automóviles, que requerían de
aquél precioso líquido. Los hermanos Wilbur y Orville Wright
habían puesto a volar un extraño pajarraco, cuyos
“descendientes” también necesitarían el oro negro. Y para
rematar, faltaban pocos años para que comenzara la carnicería de
la Primera Guerra Mundial (1914-1918), que exigiría cantidades
astronómicas de combustible.
Así que la Shell y la Standard Oil (sobre todo aquélla)
pusieron sus ojos en Venezuela para explotar ese gran tesoro, y
el 1º de julio de 1914, a un mes de comenzar “la Gran Guerra”,
brotó el primer chorro de petróleo en Venezuela.
La explotación la inició la Shell y no sólo se enriqueció ella,
sino el general Juan Vicente Gómez. La Standard Oil cayó
como buitre a arrebatarle el negocio, o al menos a competirle,
ante lo cual Gómez les dijo: “Para no pelear, explotan los dos y
todos estaremos bien”. Ahí comenzó la danza de los millones para
Venezuela. En 1928 era el segundo productor mundial de crudo.
Tanto aprovechó Juan Vicente la bonanza, que se decía que era dueño del
14% de la tierra útil de Venezuela y del 32% de sus industrias.
Era uno de los hombres más ricos del mundo y sus áulicos le
decían “el Benemérito”, mientras sus enemigos, que no pudieron
derrocarlo, le decían “el Bagre”.
A sus enemigos los colgaba de los testículos en su centro de torturas “La
Rotunda”, una horrenda prisión en Caracas. Allí sus enemigos se
pudrían en medio de sus propios excrementos. La comida era caldo
de cebolla podrida y bananos servidos en latas que todavía olían
a gasolina. Si el preso era “especial”, tenía grillos de 150
kilos de peso en los pies, las manos y el pescuezo. Si alguien
rechazaba la comida, el chef de La Rotunda le agregaba a
“la dieta” arsénico y vidrio molido para que se fuera para
siempre.
Juan Vicente se trasladó a Maracay y desde allí ejerció el poder absoluto
en medio de la opulencia. A sus huéspedes les hacía la marranada
de echarles en la comida guasacaca, que era un ají que le
producía tos, lloros, sofocos y pedorrea a los invitados, de los
cuales el general se reía como un niño de su travesura. Le
encantaba la comida criolla, como la carne mechada, las caraotas
y las tajadas de plátano.
Cuentan que por una descortesía que le hizo el famoso aviador Charles
Lindbergh, Juan Vicente lo invitó a comer y, para desquitarse,
lo picó con guasacaca. Lindbergh dijo que por primera vez
sintió la muerte cerca. En esa comida Gómez le presentó a sus
tres hijos y al verlos, el aviador le preguntó: “¿Naturales?”. Y
Gómez le respondió: “Naturales pero reconocidos, musiú”.
Otra víctima fue el eximio poeta Guillermo Valencia, quien fue a Maracay
como delegado de Colombia a la conmemoración del primer
centenario de la muerte del Libertador. El general, que como
todo dictador odiaba a los intelectuales, lo invitó a su
fatídico almuerzo con guasacaca, que puso a nuestro poeta
a maldecir y a echar bocanadas de fuego que pudieron haber
calcinado a una bandada de cigüeñas o ahuyentar a varios
lánguidos camellos de elásticas cervices.
Dicen que Juan Vicente era tan precavido, que hacia el amor con las botas
puestas por si se presentaba algo inesperado. Y aunque
aparentemente amaba a su madre y a su concubina, sus enemigos
afirmaban que no era cierto pues, para ellos, ningún dictador
puede amar a alguien porque cree que cualquier afecto los
muestra débiles.
Cuentan que cuando le instalaron el teléfono en Maracay, sus áulicos le
pidieron que lo probara llamando a Caracas. Que sólo tenía que
levantar el cacho y ya. Al hacer eso, desde Caracas una
operadora, a quien se le había dicho que el general haría una
llamada, le hizo la pregunta de rigor:
—¿Qué número, excelencia?
—Cuarenta y seis, carajo —replicó Gómez—. Recuerde que tengo los pies muy
anchos.
Colgó y comentó: “Qué máquinas tan maravillosas las que inventan los
musiús. Con sólo levantar la bocina, ya saben que uno quiere
un par de botas”.
Los más ilustres pensadores venezolanos tuvieron que exiliarse, la mayoría
en Colombia: Arturo Uslar Pietri, Rómulo Gallegos, Rufino Blanco
Fondona, Andrés Eloy Blanco, etc.
Su corte en el palacio de Maracay la conformaban veteranos matarifes
andinos y sicarios sin entrañas. Además, tenía un bufón que
hacía las delicias del dictador, en especial por sus poesías
grotescas y sin rimas. Ese personaje gozaba de los favores del
dictador, sólo porque su moza tenía unas tetotas como para
amamantar un rebaño de elefantes.
Con la Iglesia católica tuvo relaciones muy ambiguas, pues mandó matar a
varios curas que se atrevieron a criticarlo. Y a algunos presos
políticos de La Rotunda les conmutó la pena de muerte por
trabajos en las carreteras, cargando sus grillos. Él decía:
“Unión en las prisiones, paz en los cementerios y trabajo en las
carreteras”.
Como se creía un protomacho sin parangón, sentía, por lo tanto, un odio
visceral hacia los homosexuales. Tal vez por eso, cuando murió
su hermano Juancho de 27 puñaladas, se dijo que lo mató el
maricón que tenía de amante.
Cuentan que el general casi muere cuando su aparato urinario le hizo
huelga, y lo salvó un urólogo venezolano que venía especializado
de París. En recompensa, el doctor Adolfo Bueno recibió la
concesión vitalicia de un yacimiento petrolífero que le producía
ochenta mil dólares mensuales, por lo cual abandonó el tedioso
trabajo de hurgar meatos ajenos.
Dicen que la única que podía contradecirlo era su pitonisa tachirense de
cabecera, Josefa Candiales, quien le revelaba los arcanos del
futuro en los tazones de chocolate, en las barajas, en la ceniza
de los chicotes y en las tripas de los marranitos acabados de
nacer. Jamás el general dudó de los mensajes sobrenaturales de
su paisana pitonisa.
Lo que sí parece sobrenatural es la exactitud con que se cumplió su
anuncio de que, como Bolívar, moriría un 17 de diciembre: a
principios de diciembre de 1935 empezó su agonía, por culpa de
sus riñones, y, como si sus deseos fueran leyes, murió al
mediodía del 17 de ese mes.
Y para completar, su último alarde de omnipotencia sin límites ocurrió en
su inhumación: detrás de la cureña iba su caballo, solo y
majestuoso, y, ya en la última morada del general, dobló sus
patas, emitió un largo relincho y murió, dejando perplejo a todo
el mundo por esa muerte solidaria.
Su pitonisa dijo que el Padre Eterno jamás mataría al general y que éste
regresará en el año 2008, cuando se cumpla el primer siglo de su
glorioso advenimiento al poder.
(“Amanecerá y veremos”, porque ya estamos cerca.)
(PRÓXIMO
DICTADOR:
RAFAEL LEONIDAS
TRUJILLO)
n
––––––––––
FUENTE: El
libro
Bestiario Tropical,
de Alfredo Iriarte.
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