OCCIDENTE UNIVERSITARIO
N° 83
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Publicación informal, editada en la Universidad Francisco de
Paula Santander (de Cúcuta, Colombia)
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Director: JAIRO
CELY
NIÑO
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8 pp (la edición en papel)
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Viernes 7 de Septiembre del 2007
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A
MODO DE «EDITORIAL (O ALGO ASÍ)».
¿Más caro el caldo que las papas?
Ayer hizo 26
meses el salvaje alcalde de Cúcuta, Ramiro Suárez Corzo, le robó
a la Universidad Francisco de Paula Santander media hectárea de
terreno.
Un día
después —o de pronto dos—, con pose y tono de energúmeno cebado
contra sus víctimas inermes, el susodicho bárbaro sentenció que
le cobraría impuesto predial a la Institución y que la
despojaría de su sede del Bosque Popular.
Y si no
recuerda mal quien esto escribe, en abril del presente año el
bellaco de marras sentenció que el 3 de junio —día menos, día
más— comenzaría la demolición del Bosque Popular, ante lo cual
la Rectoría replicó que un desalojo antes del 29 de ese mes le
impediría la culminación de su semestre al estudiantado que
recibe sus clases en los salones de esa sede.
De modo que,
si el despojo del Bosque Popular fue anunciado en julio del año
antepasado, ¿por qué nuestro «notablato» directivo esperó a que
el Ángel Exterminador del Ramiro Suárez Corzo volviera
ripio el Bosque —tal como destruyó el uniforme y el escudo
históricos de nuestro equipo profesional de fútbol— para
comenzar a construir, aquí en el campus, el edificio de aulas
que repondría las derruidas en la sede del Bosque Popular?
La respuesta
refleja o instintiva —si la hubiera, porque da más información
una bombilla que el «notablato» directivo— sería la de que,
mientras la Universidad no reciba una compensación «metálica»
por las mejoras realizadas durante 30 años en el Bosque, no
dispondría de un solo peso para contratar la construcción del
edificio.
En tal caso
—esto es, si al menos tal respuesta fuera la única que dieran,
porque «habla» más la réplica del Moisés, de Miguel
Ángel, que está al sur-occidente de la Torre administrativa—,
cabría preguntar: y entonces, ¿para qué son los bancos? ¿O es
que la Institución no tiene capacidad de endeudamiento? Porque,
si no la tiene, ¿no servía, para avalar un crédito, lo que se
percibiría por tal compensación?
¿Que los
bancos no prestan gratis? Pues hasta La Nena Jiménez sabe
eso, según se colige de su chiste «no apto para menores» según
el cual los banqueros, cuando se mueren, no van al cielo ni al
purgatorio ni al infierno porque no tienen alma.
Porque si a
costos vamos, cabe preguntar si no salió más caro el caldo que
los huevos. Esto es, si de pronto ¿no habría sido menor «el
servicio de la deuda» por un trimestre, que el extracosto en que
se está incurriendo al posponer la fundición de los entrepisos
de concreto para sustituirlos por estructuras de acero
removibles?
Tales techos
se tendrán que «desoldar» al concluir este semestre, para fundir
los entrepisos definitivos de concreto y continuar la
construcción. En tal caso, ¿se les dará algún uso útil a esas
estructuras, o las venderán por kilos a un reciclador?
Y por cierto:
¿por qué, en vez de construir un edificio, se están construyendo
cuatro «edificitos»? ¿No se está malgastando el poco espacio
libre que queda en este campus? Y cuando desmonten las cortinas
verdes que rodean la construcción, ¿no se va a insinuar algo así
como «contaminación visual» o amontonamiento de «edificitos» y
edificios?
¿Por qué el «notablato»
—ya rector, o bien Consejo Superior Universitario— no tiene
sentido común para entender que en estas 12 hectáreas estamos
hacinados, y visión de largo plazo para optar por ir buscando un
espacio físico de 60 hectáreas, por lo menos, para construir una
nueva sede?
Ahora bien:
para el actual semestre, que comenzó el lunes de la semana
pasada —y no el martes de la semana antepasada, como estaba
programado—, las clases que se daban en el Bosque Popular se
programaron para darse en las aulas de los cuatro «edificitos».
Pero, éstos están aún en obra negra, se hizo «reasignación» de
aulas, dejándose entendido que todas las horas de clase de cada
asignatura tendrá un salón de clase.
Pues bien:
¿eso no sugiere que aquí sobraban aulas? O, expuesto de otro
modo: ¿eso no sugiere que el Bosque Popular siempre fue
innecesario?
Además: a la
fecha no se sabe cuántos pisos tendrá cada «edificito», ni con
cuánto compensará el Terminator del Ramiro Suárez Corzo
la demolición del Bosque Popular, y menos si ya transfirieron
esa plata.
Y una última
pregunta: ¿la semana que se pospuso la iniciación del actual
semestre será recuperada o, una vez más, tendremos un semestre
«mocho»?
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¿Somos buenos negociadores?
GUILLERMO
CARRILLO BECERRA,
profesor
Asociado emérito de la UFPS.
gecarril60@yahoo.es
Negociar es
ponerse de acuerdo en el intercambio de intereses. El negocio
forma parte de la vida diaria: en la familia, en el vecindario,
en el trabajo. Cada vez que resolvemos las diferencias por la
vía del diálogo, estamos negociando. La esencia del asunto se
complica cuando la valoración que cada parte hace no coincide
con la de la otra, pues cada negociador tiene su propio
estimativo de lo que va a ceder para adquirir. Ahí se requiere
la intervención de un mediador.
El objetivo
básico de una negociación es lograr la satisfacción de las
partes, pues en principio ambas se requieren, cada una dentro de
su rol: “Usted tiene algo que yo necesito. Yo tengo algo que
usted necesita. Vamos a negociar”.
Para culminar
con éxito este proceso, es imperativo actuar con sinceridad,
credibilidad y honradez. Cuando lo que prima son las
triquiñuelas y “los gatos enmochilados”, aparecen los conflictos
que, muchas veces, terminan en los tribunales, o en los
cementerios. Por eso, las páginas rojas de los diarios publican,
constantemente, noticias relacionadas con los llamados “ajustes
de cuentas”, que no son más que retaliaciones por alguna
avivatada en los negocios.
Un resultado
deseable es la solución gana-gana; es decir, las
partes se dan por satisfechas. En cambio, un resultado de
suma cero es indeseable, por aquello de que alguien gana lo
que otro pierde. Es el caso de las personas que se ven obligadas
a casi regalar la casa, porque se atrasaron en el pago de las
cuotas de amortización de la deuda. Genera toda clase de
sentimientos encontrados. Para nuestro infortunio, prevalece el
criterio, sobre todo en el sector financiero, de que
enriquecerse con la miseria ajena es parte de nuestro modelo de
desarrollo. Por eso estamos como estamos: los ricos, más ricos;
y los pobres, más pobres.
Para
profundizar en este tema, he consultado la obra del economista
colombiano
Enrique Ogliastri,
egresado de prestigiosas instituciones académicas como el M.I.T.
y Harvard. Él nos narra cómo los extranjeros nos ven como
negociadores de bienes y servicios. Desde 1987 viene adelantando
una investigación mundial acerca de los estilos de negociación
de distintos países, con distintos grados de desarrollo.
Igualmente, a nivel nacional, ha aplicado su metodología —desde
el punto de vista del género, la edad, la profesión, la
educación y los ingresos— para conocer como negociadores a los
paisas, rolos, costeños, pastusos… El título es:
¿CÓMO NEGOCIAN LOS COLOMBIANOS?
De su texto
extraigo una versión acerca de la opinión de un grupo de 51
empresarios holandeses que habían negociado con empresarios
colombianos. Este es el perfil de lo manifestado por esos
señores, luego de unas charlas muy profesionales con el
investigador Ogliastri:
CUMPLIMIENTO.
Los
colombianos son incumplidos, posponen las fechas, renegocian los
términos, sacan excusas de “no se pudo”. Los compromisos son
cosa del momento, de la espontaneidad, de lo que se siente
cuando se cierra un acuerdo; pero una cosa son los sentimientos
del momento y otra la realidad de la vida. No creemos en los
compromisos, cambiamos sobre la marcha, tenemos un problema de
credibilidad: prometemos muchas cosas con exceso de optimismo,
exageramos las promesas y optamos tranquilamente por el riesgo
de incumplir.
PUNTUALIDAD.
Según los holandeses, somos desvergonzadamente impuntuales:
llegar tarde no es cosa rara; lo que más les fastidia es que
siempre tenemos una buena excusa, no siempre verdadera; en todo
caso, “ajena” a la voluntad del incumplido. Ellos interpretan la
impuntualidad como una falta de seriedad e interés en el
negocio; pero la excusa falsa es una ofensa mayor, porque es
una falta de respeto.
A los
holandeses les gusta que los puntos de la agenda se discutan a
fondo, uno por uno, hasta evacuar el tema. Nosotros hablamos y
hablamos desordenadamente de todos los temas, y esta
“flexibilidad” o folclorismo nos hace quedar mal con todos. Las
juntas se hacen con desorden, ambiente informal, largos
preámbulos, superficiales en el manejo de la información, mucho
todero, poco especialista, equívocos en la definición de
términos.
RESPONSABILIDAD.
Para ellos es inexplicable que, cuando algo sale mal, nadie
asume la responsabilidad. Los subalternos le echan la culpa a
los jefes y, éstos, a su vez, se descargan contra los de abajo.
El concepto de jerarquía, para nosotros, es disfrutar las
prebendas del cargo y eludir sus responsabilidades.
Resaltamos
los títulos, los rangos, el estatus, las conexiones sociales y
políticas, todo con el fin de impresionarlos. Pero eso sí: a la
hora de asumir los errores, se nos va la memoria y la
responsabilidad. Para los holandeses no se trata, simplemente,
de saber quién tiene la culpa, sino de que alguien tome los
correctivos del caso para que no se vuelvan a repetir las
equivocaciones.
PRECISIÓN.
La
impresión de ellos es que somos ambiguos: hablamos mucho, nos
vamos por las ramas, nos gustan las vaguedades, no reconocemos
la ignorancia sobre algún tema o la escasez de información,
camuflamos con mucha verborrea la realidad de los acuerdos. Esto
los desespera porque son directos y van al grano.
Mientras para
ellos lo que vale es lo que se dice, así sea con dureza, para
nosotros son importantes el tono, el gesto, la mirada, la
sutileza (somos amigos del “sí pero no”). Todo esto es motivo de
malos entendidos, de interpretaciones erradas, de
conceptualizaciones culturales encontradas.
AMABILIDAD.
Somos
demasiado “amables” en las negociaciones. Esta queja parecería
mentira a muchos, pero despierta no sólo desconfianza sino
sentimientos muy fuertes en los holandeses. Ellos separan
radicalmente los negocios de la amistad y sienten que esta es
una manera de soborno, que es un abuso manipular a la
contraparte mediante relaciones personales. Hay un uso excesivo
de actividades sociales: cocteles, fiestas, paseos.
Los
colombianos tratan de ser amigos negociando, creen que son muy
importantes las relaciones personales, que es mejor romper el
hielo, y que sin acercamientos amistosos las negociaciones no
tienen bases firmes. Si el colombiano siente desinterés
personal, también perderá interés en el negocio y no le dará
alta prioridad a sus “promesas”. Él prefiere hacer negocios con
el amigo Pedro y no con la compañía Pedro S.A.
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POST-SCRIPTUM.
Ahora que vamos a entrar en un proceso de negociaciones para ver
si logramos la paz, sería bueno que las partes le echaran una
mirada a la obra de Enrique Ogliastri, para que tanto fantoche
deje a un lado el exceso de petulancia.
(Cúcuta, septiembre de 2007)
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Breve historia de las
computadoras (3):
Historia de Appel Computer
CARLOS HUMBERTO AFRICANO,
profesor Asociado emérito de la UFPS.
kafrica_55@hotmail.com
En la pasada
entrega llegué hasta 1975, año que no sólo fue el inicio y
desarrollo de los microcomputadores, sino el de su
popularización, toda vez que se generó una verdadera explosión
industrial y comercial en torno a él. Por todos lados
aparecieron empresas fabricantes y comercializadoras de todo
tipo de computadoras, software, microprocesadores y periféricos.
(Imposible hacer una relación de los eventos que ocurrieron
tanto en ese año, como en los siguientes.)
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La historia
que quiero contar es la de esa competencia por el mercado de los
microcomputadores entre dos gigantes: IBM y APPLE. No es aquel
recuento pesado del desarrollo de una empresa, sino el de las
anécdotas, las sutilezas que siempre tienen los grandes hechos
de la historia. Pero para ello debo remitirme a sus inicios y
espero que no resulte un ladrillo.
STEVE WOZNIAK
nació en 1950. Era totalmente diferente a los chicos de su edad:
era un aficionado a la electrónica. A los 13 años obtuvo un
premio científico por construir su propia máquina de sumar y
restar, con transistores que le regaló un ingeniero. En 1968, a
la temprana edad de 18 años, se dirigió a un colegio en Colorado
y finalmente se trasladó a California para estudiar Ingeniería y
Ciencias de la Computación en la Universidad de Berkeley.
STEVE PAUL
JOBS nació el 24 de febrero de 1955 en Los Altos, California.
Fue adoptado por un electricista. De sus padres biológicos se
sabe que su padre era egipcio y su madre, americana.
Habiéndose
conocido los dos en 1971 por un amigo común, Bill Fernández,
llegaron a ser grandes amigos, con una gran atracción por la
electrónica en general. Aunque compartían su interés por los
computadores, diferían en su forma de ser. Woz (como prefería
que lo llamaran) era una persona que llevaba sus ideas a la
práctica, en cambio Jobs parecía ver a la electrónica como un
medio para llegar a un fin. Wozniak y Jobs no tenían tanta
pasión por el colegio, no les resultaba interesante el estilo
académico y por ello, Jobs empezó a trabajar en 1974 (a los 19
años) para Atari como programador de videojuegos, donde
consiguió el dinero suficiente para embarcarse en un viaje a la
India.
De vuelta a
California pasa a integrar el elitista grupo de Homebrew
Computer Club, al que pertenecía Wozniak, mientras que éste
había tomado una licencia en Berkeley para ir a trabajar a
Hewlett-Packard, en el diseño de calculadoras. En una
exposición de computadores en San Francisco descubrió una
pequeña firma fabricante de semiconductores, MOS Technology, que
estaba vendiendo microprocesadores a 20 dólares. No era un chip
de Intel, pero la 6205, de MOS Technology, era más que
suficiente para lo que tenía en mente. Así que en marzo de 1976,
en compañía de Steve Jobs, pusieron manos a la obra para
fabricar un computador personal rudimentario. A pesar de su
aspecto de producto sin terminar, representaba una mejora sobre
la Altair, ya que utilizaba menos componentes. De esta manera
Woz asombró a sus amigos en el Homebrew Club en una exposición
de computadoras que se hizo. En el Museo Smithsonian está este
prototipo creado por Wozniak de lo que sería el Apple I. (Las
fotos mostradas en Internet son las de un cacharro bien feo. Los
que comercializaron tenían mejor aspecto.) Después fue
presentado en una feria de informática en la Universidad de
Berkeley, donde aún estudiaba, y donde ganó gran popularidad
debido a las mejoras introducidas.
Pero, como
era de esperar en esta historia, a Woz solamente le gustaba eso:
construir máquinas, divertirse con la electrónica. No tenía el
espíritu ambicioso de Steve Jobs, quien comprendió
intuitivamente el significado de lo que Gordon Moore había dicho
una década atrás: que, debido a la miniaturización, los chips se
harían más baratos y quedarían necesariamente al alcance de todo
el mundo. Entonces vio este “asombro” de otra manera y se
formuló este par de preguntas: si un par de aficionados quedaban
asombrados, ¿qué podría pasar con el mundo?; y ¿podría tener ese
gran mercado para su producto? Pero el mayor problema de Jobs
era persuadir a Wozniak de fabricar su computador en grandes
cantidades, porque la verdad es que Wozniak era el ingeniero y
Jobs, el comerciante.
Pero además
se encontró con un inconveniente mayúsculo: Steve Wozniak había
firmado un contrato con Hewlett-Packard en el que se estipulaba
que, en toda su producción, la primera opción era para aquella
empresa; de modo que no le quedó más alternativa que ofrecer su
computadora (Apple) a Hewlett-Packard, quien rechaza el producto
“por ser no viable”. Steve Jobs, que tenía igual compromiso con
Atari, hace lo mismo. Atari también rechaza la propuesta, con
argumento similar. De paso, los dos aprovechan para liberarse de
tales compromisos.
Corrían los
comienzos de 1976, Jobs tenía 21 años y Woz, 26. De qué manera
Jobs convenció a Woz y lograron ponerse de acuerdo para fundar
“Apple Computer”, depende de cuál versión de la historia acepte
usted. Pero ambos empezaron a considerar la idea de comenzar una
empresa y entonces Jobs se retiró de Atari y Woz, de HP,
resignados a tener que ganarse la vida fabricando y vendiendo
computadoras.
Fue así como
el 1º de abril, “el día de los tontos” (equivalente en España al
“día de los Santos Inocente”), tres personas fundan la empresa
Apple Computer, por lo cual los socios bromeaban ese día
con que: ¿cómo tres tontos no iban a fundar una empresa “el día
de los tontos”? Los socios Steve Jobs y Steve Wozniak aportaron
el producto de la venta de sus pertenencias, entre las cuales se
contaban sus tesoros: la calculadora científica HP-65, de
Wozniak, y el ómnibus Volkswagen, de Jobs. El aporte del
tercer socio, Ron Wayne, debió ser 800 dólares pues, dos semanas
después, de buenas a primeras temió una ruina financiera y
reclamó su participación del 10% en la empresa, por la cual le
reembolsaron 800 dólares.
El nombre de
“Apple” lo propuso Jobs; unos dicen que como recuerdo de una
buena temporada pasada en una granja en Oregon; otros, que por
su afición a las manzanas, su fruta favorita. El logotipo
original, poco imaginativo, que mostraba a una persona debajo de
un manzano, sugiere lo primero.
Tras vender
25 unidades en una tienda de “Do it yourself”, en la que
consiguió que se los pagaran al contado, Jobs convirtió el
garaje de la casa de sus padres (2066 Crist Drive de Los Altos,
California) en la zona de montaje de computadores, y la sala de
estar en la zona de embalaje y recepción. El primer pedido fue
hecho en agosto por “The Byte Shop”, una tienda de electrónica
enfocada a la informática, de Paul Terrell, un participante del
Homebrew, que se mostró interesado en el Apple I. Jobs consiguió
cerrar un acuerdo de un pedido de 50 Apple I por 500 dólares
cada unidad. El problema era que había que hacerlos a mano y que
carecían de muchos componentes necesarios, por lo que pidió un
crédito a Cramer Electronics, un distribuidor nacional de
componentes electrónicos. Estos llamaron a Paul Terrell, quien
no creía en la producción de aquellos computadores, pero,
fascinado por la tenacidad de Jobs, avaló el crédito.
Finalmente, tras pasar unos maratónicos treinta días montando,
soldando y probando las placas, la entrega fue finalmente
realizada a Terrell.
Las
características del Apple I eran limitadas por el poco dinero
del que disponían Jobs y Wozniak. A diferencia de otras
computadoras para aficionados de esos días que fueron vendidas
como kits, el Apple I era un tablero de circuitos completamente
ensamblados que contenía cerca de 30 chips. Sin embargo, para
hacer una computadora funcional, los usuarios todavía tenían que
agregar una carcasa, una fuente de alimentación, un teclado y
una pantalla (un televisor), muy alejado de la idea inicial de
Terrell a la hora de solicitar los 50 Apple I; es decir, una
computadora completa que pudiera venderse tal cual. No obstante,
Terrell decidió continuar con el acuerdo y pagar los 500 dólares
acordados por unidad. Y ganó en la apuesta, porque se produjeron
y se vendieron alrededor de doscientas unidades a 666,66 dólares
la unidad y con un éxito tal que no pudieron dar abasto con
tanta demanda, compitiendo a brazo partido con otras empresas
reconocidas o nacientes que también estaban produciendo y
vendiendo computadoras. El Apple I fue descontinuado en marzo de
1977, cuando fue reemplazado por el Apple II.
(El Apple I a
veces se acredita como el primer computador personal que se
vendía completamente ensamblado, pero el honor legítimo
pertenece a otras máquinas, tales como el Datapoint 2200.)
A lo largo de
la última mitad de 1976, Wozniak ya estaba preparando una
sorpresa: la Apple II, cuyas características principales se
resumían en un diseño más elegante y una máquina totalmente
ensamblada que apenas pesaba 5,5 kilogramos. El Apple II fue uno
de los más populares computadores personales. Venía con un
teclado QWERTY integrado, común en los primeros computadores
personales, pero no muy común hoy en día. Tenía, sobre el
computador, dos unidades de disco flotante originales de Apple y
un monitor sobre éstas. Las primeras computadoras Apple II
estuvieron a la venta el 5 de junio de 1977, basadas en un
microprocesador 6502 de MOS Technology funcionando a 1 MHz, con
4 KB de memoria RAM y 12 KB de memoria ROM, con el lenguaje de
programación Integer BASIC y una interface para grabar
información en casetes de audio. El precio original al por menor
fue 1.298 dólares con 4 KB de memoria RAM y de 2.638 dólares con
48 KB de memoria RAM.
Por ese
tiempo Jobs reclutó a Regis McKeena, que en ese momento
representaba a Intel y era considerado uno de los agentes
publicitarios más famosos del Valle del Silicón (California). Al
principio no quiso, pero Jobs siguió insistiendo y logró
convencer a Regis, quien respondió con el logotipo de Apple tal
como lo conocemos hoy: la manzana con el mordisco incluido y con
colores del arco iris.
Don
Valentine, un capitalista de riesgo, le fue presentado a Jobs
por McKenna y Alcorn, de Atari. Valentine rechazó la oferta de
Jobs de invertir en Apple, pero se la trasladó a Mike Markkula.
Éste aportó 91 mil dólares a cambio de un tercio de la compañía
y, además, escribió los primeros programas para la “Apple II”.
La empresa Apple fue registrada en 1977. Se convirtió
formalmente en una corporación y se mudó del garaje de Jobs a
una pequeña oficina de Cupertino.
A comienzos
de 1978 y a un año de haber sido declarada como corporación,
Apple ya estaba generando ganancias. La empresa obtuvo más de 2
millones de dólares y Markkula siguió buscando inversionistas.
Las ventas se quintuplicaron al año siguiente. Apple apareció en
la revista Fortune como una de las 500 empresas más
prósperas y, en la misma revista, Jobs fue declarado el
millonario más joven entre los primeros 400 millonarios de
Estados Unidos. El proyecto que Steve Wozniak había diseñado
vendió más de 300.000 unidades hasta fines de 1981 y cinco
millones, a lo largo de diecisiete años.
Pero, ¿por
qué ocurrió este fenómeno? A medida que la Apple II se hacía
conocer, más estudiantes escribían software para ella. Entre
1978 y 1979 existían alrededor de cien programas para la Apple
II.
A esto hay
que agregarle lo siguiente: un hardware podrá ser de última
generación, con el chip más rápido pero, si no tiene programas
interesantes (software), el brillo se vuelve opaco.
Un ejemplo es el Atari con su consola llamada Jaguar, la primera
máquina de 64Bits que hubo en la historia de los video-juegos,
que fracasó porque sus juegos no eran originales ni divertidos;
de igual manera lo sufrió Sega con su modelo Saturn, una máquina
estupenda pero con juegos muy mediocres. (Transcrito de
Internet.)
En 1979
aparece el Apple II Plus, que incluyó el lenguaje de
programación Applesoft BASIC en ROM, escrito por Microsoft, y
que previamente estaba disponible como una mejora.
El
crecimiento de la empresa fue tan rápido, que en 1983 la Apple
ya facturaba 2.000 millones de dólares y, como dato curioso,
Apple II se estuvo vendiendo en el mercado hasta 1993,
convirtiéndose en el computador más longevo de la historia.
Hasta ahora
todo había sido éxito de una empresa que, nacida de la nada, en
sólo 8 años estaba ya en la cima como lo muestran las últimas
cifras. Pero, ¿hubo fracasos? Claro que los hubo. ¿Sus productos
fueron clonados? Si. ¿Hubo piratería industrial? Si.
Pero hay más
preguntas. ¿Por qué cayó, del 80% al 5%, su participación en el
mercado? ¿Por qué al final, aparentemente, ganó la partida la
competencia? ¿Y la competencia dónde estaba? ¿Y qué era de IBM?
¿Y qué era de Microsoft y de Bill Gates?
Todas estas
preguntas y otras más serán respondidas en la próxima entrega.
(Cúcuta,
septiembre de 2007)
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Un dictador teósofo y
esotérico
RICARDO GARCÍA RAMÍREZ,
profesor Titular emérito de la UFPS.
cardingarcia@hotmail.com
Para el
dictador de El Salvador,
Maximiliano Hernández Martínez,
un genocida y teósofo que profesaba sus creencias esotéricas con
fe irreductible, valía más la vida de un insecto que la de un
rebelde. Esa pequeña nación centroamericana tiene un tamaño como
el del departamento del Tolima.
Para 1932
dicho general gobernaba aquel país densamente poblado, en el
cual el 0,3% de la población poseía el 88,6% de la tierra
cultivable. La premisa del dictador era que los campesinos y
trabajadores no merecían una vida mejor debido a su tendencia a
la pereza, a ser botarates y a no ahorrar ni la mínima parte de
sus (miserables) ingresos.
Debido a eso,
los campesinos se envalentonaron y se lanzaron a una
insurrección contra los latifundistas quienes acudieron, como es
lógico, al general Hernández quien, ni corto ni perezoso, no
tardó en aplicar un correctivo inmediato y eficaz a los
insólitos actos de rebeldía de los campesinos contra los “amos y
señores naturales de la tierra”.
Los convocó a
la plaza pública dizque para hacer un censo fidedigno de “los
sin tierra” y otorgarles un perdón oficial. Cuando un domingo
estuvieron concentrados, los hizo ametrallar y sepultar en fosas
comunes que ya tenía abiertas. Los chulos se encargaron de hacer
una faena de limpieza con los que no cupieron en las fosas.
El mundo se
enteró de esa masacre, pero a Hernández poco o nada le importó.
Los pocos sobrevivientes se escondieron en las copas de los
árboles, por lo que él y el ejército salían a divertirse
cazándolos como micos. Un corresponsal de Time lo visitó
para pedirle una explicación de semejante acto de barbarie, y él
le dijo que no entendía el escándalo universal que se había
producido por una necesaria operación de orden público. Y agregó
estas palabras “inmortales”:
Aquí no
ha ocurrido nada grave. Lo que pasa es que usted, igual
que mucha gente, no entiende algo que es tan sencillo como
incontrovertible: si usted mata una pobre cucaracha, una pulga
inofensiva, un pobre piojo cuyo único pecado es producir un poco
de rasquiña, o una ladilla indefensa, está cometiendo un crimen
imperdonable porque esos infelices animalejos no reencarnan y,
por lo tanto, mueren para siempre. Pero si usted
sacrifica a un malhechor que está perturbando la paz social, en
poco tiempo el finado reencarnará en un hombre pacífico y probo
que jamás cometerá en su nueva vida los desmanes y fechorías de
su existencia anterior, por lo que usted le habrá hecho un
inmenso beneficio. Luego los 30.000 muertos que
tuvimos aquí van a ser, en unos pocos años, 30.000
jóvenes sensatos y respetuosos de la ley y de la propiedad ajena
y, por lo tanto, el Gobierno no se verá obligado a castigarlos
como en sus vidas anteriores.
El
corresponsal dio a conocer al mundo esas palabras.
El general
abominaba la medicina científica pues sólo creía, y practicaba
con fe de carbonero, en una dizque muy original que le había
revelado una deidad Indostaní.
En su palacio
tenía un laboratorio donde preparaba unos brebajes infernales de
diversos colores, a los cuales les atribuía poderes
sobrenaturales. Todos esos brebajes los repartía entre sus
“súbditos”, quienes los solicitaban en su puerta como si fueran
menesterosos. Él los recibía y les recetaba, según sus
dolencias, un brebaje u otro que ellos ingerían con avidez, para
a los pocos días aparecer muertos en sus camas. El general
atribuía esas muertes a que ellos se tomaban sus brebajes sin la
fe necesaria para lograr el efecto positivo.
Y los tenía
clasificados: los amarillos, contra el vómito negro y el cólico
miserere; los blancos, contra el garrotillo y la hidropesía; los
rojos, contra la peste gálica; los violetas, contra los dolores;
los verdes, contra el tabardillo y los retortijones flatulentos
(peos); los grises, contra los hinchones; los azules, contra las
cagantinas y las fiebres; los negruzcos, contra la miadera; y
los anaranjados, contra la culebrilla.
Una noche,
después de una cena en palacio, a su único hijo le cogieron unas
punzadas en las tripas y le hizo beber un litro de la pócima
amarilla. Inmediatamente entró en coma y a la medianoche la
peritonitis lo mató. Arrecha, su esposa, doña Conchita, le acabó
el laboratorio a patadas y con una tranca de madera. A su hijo
lo metieron al féretro con uniforme de procónsul y le oficiaron
funerales de “Héroe Nacional e Hijo Benemérito de la Patria”.
En sus
últimos años en el poder sufrió el terror paranoico de que lo
iban a envenenar. Así que construyó un péndulo para que, según
él, al colocarlo sobre los alimentos oscilara si tenían veneno.
Por supuesto, nadie osó envenenarlo.
En mayo de
1944, una huelga general lo hizo renunciar y huir a Honduras, en
donde compró unas buenas fincas. Y por allá un día de 1966,
mientras pasaba por unos platanales, unos jornaleros que lo
asechaban se le abalanzaron y lo hicieron picadillo a
machetazos. Su fiel cocinero recogió los pedazos y les dio
cristiana sepultura, no sin antes preguntar si habría
reencarnado en otro hombre.
Una bruja
famosa de la época le dijo que sí había reencarnado, pero no en
un hombre sino en un buitre insaciable y condenado a no conocer
jamás el reposo de la muerte.
Y con esto
pongo fin a esta saga de breves anécdotas sobre esos personajes
famosos, pero de ingrata recordación para América Latina.n
––––––––––
FUENTE: El
libro
Bestiario Tropical,
de Alfredo Iriarte.
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Decálogo del conductor
JOSÉ RICARDO CASTILLO,
profesor Titular emérito de la UFPS.
Los grandes
cambios producidos por el avance de la tecnología en nuestro
tiempo han generado una revolución en la vida social y en el
conocimiento. Por un lado se avanza; pero, por otra parte, esos
inventos se usan contra el mismo hombre. El video, en sí, es
maravilloso, pero no si se filma en su intimidad a una persona y
luego se lo coloca en internet.
Es tan grande
el desarrollo que se ha alcanzado, que en el norte de Europa las
nuevas generaciones proclamaron que Dios ya no hace falta en
esta etapa de la historia, porque se quedó atrasado; se volvió
un Dios arcaico. Los logros alcanzados en medicina, genética y
comunicaciones, que son sinónimos de comodidad, han cambiado y
transformado al hombre, y pareciera que este hombre cómodo y
arrogante no necesita de Dios.
Pero, ¿de qué
sirve tanto avance si todavía hay hambre, miseria y enfermedad?
¿Para tener placeres momentáneos pero no felicidad? La droga
hace feliz por momentos, pero conduce a la destrucción de los
valores. Si el recalentamiento de la Tierra prevé un futuro
incierto con huracanes, tormentas, inundaciones, contaminación,
olas de calor y frío, pueda ser que sí se necesite al creador
para mejorar la Tierra. De lo contrario, la arrogancia del
hombre será castigada, como ya pasó con el diluvio, con Sodoma y
Gomorra, y con la torre de Babel, que no es otra cosa que la
confusión causada en la humanidad por tanto adelanto
tecnológico.
El hombre ha
desarrollado una cultura vana y fatua. Habermas afirma que el
hombre actual está herido de muerte y que el consumismo es el
modo como el sistema compra la lealtad de los ciudadanos y
aliena al explotado trabajador. Herbert Marcuse, filósofo
estadounidense y miembro de la Escuela de Frankfurt, censura la
sociedad capitalista actual y, en su obra El hombre
unidimensional, presenta al hombre contemporáneo como una
víctima de los intereses de las fraudulentas democracias
modernas, justas y tolerantes en apariencia, pero que alienan a
las masas cultural, política y económicamente.
El hombre es
un ser integral compuesto de materia, alma, espíritu,
inteligencia, emotividad, raciocinio y sentimientos. Es un
intermedio entre la bestia y el ángel. Todas las anteriores
características, enfocadas hacia el bien, lo convierten en un
ángel. ¿Pero será que la cultura permisiva actual lo ha
convertido en una bestia o un demonio?
La materia
necesita del alimento, que le da energía. El alma es un
principio de vida, es la que anima. El espíritu es un pedazo de
Dios adherido al hombre y está comunicado con él únicamente por
el bien. La inteligencia es una función creadora y
transformadora. La emoción es nuestra parte síquica y los
sentimientos están integrados a la conciencia. La racionalidad
nos permite comunicarnos con la palabra oral y escrita. El
hombre ha nacido para ser feliz, si trabaja y se educa hacia el
bien. Sin embargo, la cultura consumista permisiva y alienante
de hoy le ofrece el placer momentáneo que da la estimulación
sensorial a cambio de dinero, pero no la felicidad.
Es mejor
estimular el espíritu, la conciencia, la racionalidad, el alma y
la inteligencia. El estimulo y la educación conducen a los
valores humanos y éstos, a las virtudes, las cuales conducen a
la buena calidad de vida. Mientras el vicioso muere víctima de
su consumo, en forma prematura, la persona que perfecciona su
parte espiritual es sabia, sana, equilibrada y puede llegar a
una vejez hermosa. Porque el paraíso empieza en la Tierra y
trasciende a la eternidad, como el infierno, que es consecuencia
de ser esclavos de una vida pésima.
La parábola
de los diez mandamientos del conductor es muy parecida a la de
los diez mandamientos de Moisés. Israel era un pueblo esclavo
que idolatraba los vicios y la maldad. Los Mandamientos son las
leyes de Dios que imponen el orden social, para que el hombre
alcance la felicidad más fácilmente. Quien cumple los
mandamientos es feliz en cuerpo, alma y espíritu, y alcanza la
armonía con Dios. Quien los incumple, no sólo es infeliz, sino
que pierde su vida, su alma, su espíritu y ofende al creador.
El Vaticano,
con Benedicto XVI a la cabeza, en cierta forma ha escandalizado
a los actuales amos de la cultura del placer, del odio, de la
ostentación y de la muerte. Al igual que Moisés, El Vaticano
lidera la liberación del hombre del siglo XXI, esclavizado por
una cultura insensata e inhumana. Con la promulgación de
Los Diez Mandamientos del conductor,
El Vaticano quiere dar un orden al caos actual, para que el
hombre sea sensato y salve su vida y la de sus semejantes.
PRIMER
MANDAMIENTO:
No matarás.
Estadísticamente, en Colombia mueren más personas en accidentes
de carros y motos que en los ataques con cilindro-bombas de la
guerrilla, y que en las masacres de los paracos a quienes su
santo patrono, San Uribio, les va a convertir los delitos
atroces de genocidio y desaparición forzada que cometieron, en
delito político. Que la prudencia haga, del invento que
comercializó Henry Ford, un vehículo para el progreso y no un
tanque de guerra para aplastar peatones y motos y chatarrizar
carros.
SEGUNDO
MANDAMIENTO:
La carretera es instrumento de comunicación y no de daño mortal.
¿Cuántas
vidas se pierden por la prisa y la imprudencia? En vez de
conducir con odio y agresividad, se debe ser prudente, pacífico
y cortés. Que Dios y la prudencia nos lleven y nos traigan
sanos.
TERCER
MANDAMIENTO:
Cortesía, corrección y prudencia ayudan a superar los
imprevistos.
Muchos
conductores, al ponerse frente al volante, se transforman en
patanes y asesinos. Muchos buseteros y tractomuleros creen que
los carros pequeños son cucarachas a las cuales hay que
aplastar.
CUARTO
MANDAMIENTO:
Sea caritativo y ayude al necesitado, en especial si es víctima
de un accidente.
No seamos
indiferentes ante el dolor ajeno. Acuérdese de que en el camino
andamos y en él nos vemos.
QUINTO
MANDAMIENTO:
Que el automóvil no sea expresión de poder y ocasión de pecado.
Hay quienes
creen que, cuanto más caro sea su carro, más dinero y poder
denotan, y así lo perciben los delincuentes. Por eso los carros
caros son los que más roban, y muchas veces sus dueños se hacen
matar defendiendo esas costosas latas, por las que se endeudaron
hasta los huevos. Y como algunos creen que el carro caro los
hace irresistibles, los cacos les cogen la caña y utilizan como
“anzuelos” las tetas rellenas de siliconas y embadurnadas de
burundanga.
SEXTO
MANDAMIENTO:
Persuada a los jóvenes, y a quienes ya no lo son, de que no se
pongan al volante cuando no estén en condiciones de hacerlo.
El trago, la
maracachafa y el afán merman los reflejos, la capacidad
visual y de concentración, produciendo accidentes, generalmente
con muertes prematuras.
SÉPTIMO
MANDAMIENTO:
Brinde apoyo a las familias de las víctimas de accidentes.
Si estamos en
condiciones de colaborar, en el momento oportuno salvemos vidas
y seamos solidarios con quienes han caído en desgracia.
OCTAVO
MANDAMIENTO:
Reúne a la víctima con su agresor automovilista, para facilitar
la experiencia liberalizadora del perdón.
El perdón da
paz al espíritu, mientras el odio lo envenena. Por eso Dios nos
perdona, sólo si perdonamos.
NOVENO
MANDAMIENTO:
En la carretera, tutela al más débil.
Nuevamente,
caridad hacia el niño, el anciano, el herido, el desprotegido.
El mundo no tiene porque seguir siendo ostentoso y egoísta.
DÉCIMO
MANDAMIENTO:
Siéntase responsable de los demás.
Que el
vehículo que conduzca sea instrumento de ayuda y apoyo a los
demás, y no motivo de humillación, agresión y odio. Conduzca con
amor y prudencia, y nunca te dejes conducir por la vanidad, la
ira y el odio.
EPÍLOGO.
Hagamos cada uno de sí mismo una persona que domine las
pasiones, que no se doblegue ante la carne, la gula, la ira y el
poder. Cultivemos una mente sana y un cuerpo dominado por uno
mismo, para ser felices en esta vida; pues, en la otra,
tendremos castigo o premio por lo que en esta vida hicimos.n
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El
problema de los peajes
JESÚS ENRIQUE LINDARTE DUARTE,
profesor Asociado emérito de la UFPS.
micropore_45@hotmail.com
“Craneando”
sobre la problemática generada por los peajes en la frontera
colombo-venezolana, en los sitios de La Parada y El Escobal, con
los paros de protesta a lado y lado de la frontera, me puse a
calcular (aunque no soy matemático ni ingeniero) cuánto sería el
ingreso durante 20 años, en pesos de hoy, por los no menos de
25.000 vehículos de hoy que cruzan diariamente la frontera una
sola vez. Porque muchos la cruzan por lo menos 6 veces diarias.
Multipliqué
$2.000 (que es el valor del peaje yendo o viniendo) por los
25.000 vehículos. Eso da $50’000.000 diarios. El mes comercial
tiene 30 días; multiplicando $50’000.000 por 30, da
$1.500’000.000 mensuales. El año tiene 365 días, si no es
bisiesto; multiplicando 365 días por los $50’000.000 de ingresos
diarios, da $18.250’000.000 anuales. Ahora, si multiplicamos
esta cantidad por los 20 años que durará la concesión de los
peajes, da la bicoca de $365.000’000.000. ¡Eso es mucha
“platica”!, diría Uribito.
Por eso hay
quienes andan muy preocupados porque el gobierno venezolano no
fuerce al colombiano a desmontarlos. ¿Quiénes? Pues los que
aspiran a darle una monumental tarascada a ese ponqué tan
suculento: el alcalde de Cúcuta, el ministro de Transporte y el
director del estatal Instituto Nacional de Concesiones (INCO).
Ahora preguntémonos: ¿a cuánto asciende, en pesos de hoy, el
ingreso anual de los concesionarios de los peajes que están
regados por todo el país, con tarifas diferenciales? ¡Eso es
mucha más “platica”!, diría Uribito, el patrón de aquellos
“Hugo, Paco y Luis” (que en las comiquitas eran los herederos de
El Tío Rico).
Pero también
preguntémonos: de toda esa plata, que es del orden de BILLONES,
¿con qué porción se queda el Estado y con qué los particulares,
llamados “concesionarios”? Si el puchote con que se
quedan éstos es dizque “para reparar la malla vial”, ¿por qué,
no más hablando de Norte de Santander, las carreteras están cada
vez en peor estado?
Pero
volviendo a nuestro problema, el director del INCO, Álvaro José
Soto, no ha podido hacernos “entender la necesidad de instalar
este peaje, que es un aporte social” (El Tiempo, agosto
13 de 2007). Sin embargo, el alcalde de Cúcuta, en forma por
demás desobligante (“los burros se arrejuntan pa’
rascarse”) le dice desde aquí por prensa y radio al presidente
de Venezuela que, como él reparte tanta plata por todos los
países suramericanos, si le envía $150.000’000.000 “manda a
quitar los peajes” (leído en La Opinión). Los
venezolanos, que de tontos no tienen ni un pelo, no van a entrar
por el ojo de esa aguja y, como a la fecha, los encuentros que
ha mantenido el gobernador de Norte de Santander con los
empresarios del transporte de Venezuela no han llegado a ningún
acuerdo, la frontera será cerrada o permanecerá cerrada, tal vez
por mucho tiempo, por la intransigencia de los personajes que
manejan la política financiera de Cocalombia.
Da lástima
con la dirigencia cucuteña, que hace “mutis por el foro” (no
“mute por el forro”, Carbuco). Por la frontera con Cúcuta
van y vienen inmensos cargamentos de los distintos productos
procedentes de muchas partes de Cocalombia; y de Venezuela, por
supuesto, llegan los petrodólares.
Parece que a
Cúcuta le hubiera caído la pava, como decimos los cucutoches. A
la fecha de escribir esto, el Cúcuta Deportivo va de capa caída.
El río Pamplonita, contaminado por el derrame de 20.000 barriles
de petróleo; y el culpable de tal derrame, ECOPETROL, no oye por
esa oreja. El tránsito de taxis, buses y microbuses en el centro
de Cúcuta, un verdadero caos. No tenemos calles, sino cráteres
con calles. Pagamos el más alto impuesto predial de Cocalombia.
Los servicios de acueducto (llegue o no llegue agua, y rara es
la vez que llega, la factura de cobro llega), de electricidad y
de telefonía, cada vez peores. Deforestaron el centro de la
ciudad con el cuento chimbo del “Centro comercial más grande a
cielo abierto” y cambiaron los frondosos árboles por esbeltas
palmeras que no dan sombra; y CORPONOR no se ha hecho presente
para hacer respetar las normas.
Los
cucuteños, dueños de carros venezolanos, tienen que tributar en
Cúcuta y en Venezuela. En Cúcuta, el deprimente peaje del Pase
Amigo, el Soat y, si el carro está mal aparcado, téngase porque
se lo llevan en presencia del dueño; la mano de huecos en las
calles obliga a reparar la suspensión del carro, ganando quienes
las venden y, por supuesto, los mecánicos que las instalan.
(“Cúcuta Hoyos viuda de Asfalto”, la llamaba el recordado
Trompoloco.) En Venezuela, ya sabemos el trato que le
brindan al colombiano que tiene carro venezolano; además, tiene
que tributar con impuestos y seguro obligatorios.
Pero
retomando el hilo de este problema, tenemos que oponernos a que
le instalen más alcabalas y más impuestos a esta tierra tan cara
a los afectos de los cucuteños, pero tan lejana de la dirigencia
que elegimos, llámense senadores, representantes, gobernador,
alcalde, diputados, concejales y ediles. (¿Me faltó algún
“honorable” cargo dizque de “representación” del pueblo?)
Podríamos decir, como punto final: Cúcuta, metrópoli huérfana y
caótica.
(Cúcuta, 15
de agosto de 2007)
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¿Por qué tener una amante
o “tiniebla” o guaricha o
moza?
RICARDO GARCÍA RAMÍREZ,
profesor Titular emérito de la UFPS.
cardingarcia@hotmail.com
Voy a
escribir algunos artículos sobre las amantes, tan odiadas por
las mujeres casadas pero tan queridas por los hombres casados.
La fuente será el libro
Manual para hombres infieles,
de un escritor uruguayo llamado Marcelo Puglia (Editorial
Vergara).
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Resulta que
después de muchas disquisiciones filosóficas, teológicas y sobre
todo históricas, Edgardo llegó a la contundente conclusión de
que: hombre que se respete, debe tener moza.
Sé que a
algunos y a muchas no les gustará la incontrovertible, por lo
sesuda, conclusión a la que llegó este filósofo del Edgardo
después de una “exhaustiva investigación”. Pero es que “la mujer
necesita un motivo para ser infiel y el hombre, sólo necesita
una mujer”.
Los motivos
que pueden llevar al hombre a tener amante son más complejos de
lo que parecen. Desde la falta de compatibilidad sexual, hasta
la monotonía que puede apoderarse de la pareja en determinada
etapa del matrimonio.
Si su mujer
lo hace sexualmente feliz y usted busca otra, su necesidad no es
para nada sexual sino afectiva, sentimental y, tal vez,
simplemente esté buscando una conquista que aumente su auto
estima o, acaso, alguien que lo escuche.
Si busca una
relación porque sexualmente su casamiento ya no funciona, no se
preocupe que no está solo: ese es el motivo que lleva al 90% de
los hombres a buscar amante.
¿Quién no
conoce casos de hombres y sus amantes, cuyos romances duran años
y hasta décadas, y llegan a formar verdaderas familias
paralelas? Lo más gracioso es que ellos dicen amar tanto a la
esposa como a la amante.
Pero, ¿hay
justificativos para que un hombre busque una amante?
Teóricamente, no; pero en la práctica, sí.
Si usted se
casó y además lo hizo por lo católico, ¿recuerda que le prometió
a su esposa fidelidad eterna y que, además, sabía que el
divorcio no lo acepta la Iglesia Católica? Pues sí, ¿no? Pero lo
que pasa es que nadie sabe cómo es el prójimo en su vida
conyugal, en la intimidad con su mujer, aunque de pronto sí dé
razón de los agarrones de ella y él.
Teóricamente,
la fidelidad es una obligación que en la práctica muy pocos
cumplen. Es más: después de conocer algunos casos de
infidelidad, de pronto usted concluye que la traición era
inevitable. Y la pareja llega a esa situación principalmente
por: casamientos arreglados o de conveniencia, uniones sin
experiencia sexual previa, incompatibilidad sexual, problemas
económicos o profesionales o de carácter y, en otros casos,
porque se casó por un embarazo indeseado; o porque el hombre
necesita auto afirmarse, aumentar su auto estima, probarse a sí
mismo que todavía puede conquistar, que es deseado y,
principalmente, para saber si esa traición sexual es culpa suya
o de su esposa.
La amante
puede aparecer en cualquier momento pero, estadísticamente,
surge después de 2 ó 3 años de matrimonio. En esta fase es
cuando ocurre el reordenamiento de éste. Si no pueden superar la
crisis de los 3 años, el matrimonio sufrirá heridas
irreparables. En este período es cuando la mayoría de los
hombres buscan moza.
No es raro
que el marido ame a su esposa, pese a lo cual la engañe. Familia
linda, hijos maravillosos, éxito profesional y económico no son
suficientes: ese hombre buscará el placer afuera para hacer con
su amante lo que, en la cama, su esposa no acepta hacer.
La falta de
diálogo entre la pareja es una de las principales causas de la
traición. Veamos un ejemplo muy común: el de la esposa que se
niega al sexo oral o anal, por considerarlos aberrantes o
inmorales. Un día, él no aguanta más y busca una que sí los
haga: a una prostituta o a una amante.
No estoy
diciendo que todo marido debe traicionar a su esposa porque no
le jale al sexo oral o anal, pero sí que, si la pareja
dialogase, y sobre todo discutiese lo relacionado con el sexo,
probablemente no habría infidelidad.
El sabor del
peligro es una atracción fatal para que el hombre tenga
moza, pues muchas personas se excitan con el hecho de hacer algo
prohibido y con la posibilidad de ser descubiertos en cualquier
momento. Suspenso que no existe en el hogar porque, como el sexo
en el matrimonio no tiene carácter de prohibido, pierde el
encanto de la aventura.
Después de
cierto tiempo de matrimonio, el placer sexual se transforma;
para mejor o para peor. Depende de cómo la pareja consiga
convivir con el tiempo, la monotonía, los hijos y los problemas
económicos y familiares. Pero sólo el amor y el diálogo pueden
evitar la separación o la aparición de una amante (o quién sabe
si un amante).
¿QUÉ TIPO DE TRAIDOR ES USTED?
Les presentó
algunos de los más comunes. Vea con cuál o cuáles se identifica,
o lo identifica su amante o su mujer:
EL APROVECHADOR.
Disfruta la ocasión, sin control de calidad: desestima la
apariencia o inteligencia de “la otra”.
EL ENAMORADO.
Ve pasión o seducción donde no existen. Se enamora de todas y
muchas veces, eso lo delata.
EL INSATISFECHO.
No está feliz en el matrimonio, pero difícilmente se separaría
de la mujer. Prefiere traicionar a dialogar. Es, en realidad, un
“vivo” o “avivato”.
EL INSEGURO.
Cree que perdió el poder de la conquista, por lo que precisa
seducir para sentirse vivo.
EL LOCO POR EL SEXO.
Necesita sexo para ser feliz y dizque su esposa no le basta. Es
capaz de tener varias amantes (¡al mismo tiempo!).
EL CONQUISTADOR.
Ejerce compulsivamente el poder de la conquista. Es un maestro
en el arte de seducir.n
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FUENTE: El
libro
Manual para hombres infieles,
de Marcelo Puglia (uruguayo). Editorial Vergara.
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Occidente Universitario.
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edición Nº 84 de
Occidente Universitario
queda
prevista para el lunes 29 de octubre del 2007