OCCIDENTE UNIVERSITARIO
N° 84
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Publicación informal, editada en la Universidad Francisco de
Paula Santander (de Cúcuta, Colombia)
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Director: JAIRO
CELY
NIÑO
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6 pp (la edición en papel)
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Martes 30 de Octubre del 2007
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A
MODO DE «EDITORIAL (O ALGO ASÍ)».
«¿Dónde está el piloto?»
En la página
5-C de la edición del diario La Opinión del viernes 26 de
mayo del 2006 apareció una noticia con este titular:
Universidad de Pamplona goza de buena salud financiera.
Según la
información, la Contraloría Departamental denunció un
endeudamiento de dicha institución del orden de doce mil
millones de pesos, y que el rector encargado refutó a la
Contraloría General de Norte de Santander aduciendo, entre
otros, que: En el 98 los activos (de la Universidad)
estaban en $14.000 millones y en el 2006 llega (sic)
a $132.000 millones.
Si no
recuerda mal «el suscrito» Director, el tal 98 es el año del
último siglo del milenio pasado en el cual, de una patada o un
«plumazo», en la Universidad de Pamplona sepultaron el derecho
de sus estamentos académicos a darse su Gobierno. Pues, si no
recuerda mal «el suscrito» Director, ese año se nombró al actual
rector de esa institución sin que sus estamentos académicos
hubiesen sido consultados, y su continuidad durante más de nueve
años jamás le ha sido consultada a los mencionados estamentos.
Diecisiete
meses después de que La Opinión publicara esa denuncia,
no se sabe en qué paró ese rollo. Los lectores quedaron sin
saber si fue nocivo o saludable para dicha institución ese
endeudamiento, ni en qué se invirtió ese monto nada
despreciable, ni cómo en ocho años crecieron en 941% los
activos.
El lunes 17
de septiembre de este año, en primera plana el diario La
Opinión publicó una noticia con este titular: Contraloría
denuncia faltante de $1.780 millones en la Universidad de
Pamplona.
A
continuación, como resumen y a modo de subtítulo, el diario
registró: Destruyeron archivos y expidieron actas de grado a
estudiantes que no pagaron costos educativos. Y en la página
6-A, en la cual continúa la noticia, registra las diez
irregularidades que la Contraloría Departamental encontró y
denunció.
El martes 18
de septiembre, en primera plana el diario La Opinión
publicó un Comunicado a la opinión pública firmado por el
rector encargado —nuevamente el encargado—, en el cual, entre
otros, repudia la actuación de la Contraloría Departamental, la
llama mentirosa, le imputa haber violado el debido proceso y la
reserva, y la amenaza con iniciar «las acciones legales
pertinentes» contra ella.
El miércoles
19 de septiembre, el diario La Opinión publicó la
respuesta del contralor departamental a la respuesta de la
dirección de Unipamplona, pero seis semanas después de esta
última denuncia no se sabe en qué paró ese rollo. Los lectores
se quedaron sin saber si lo que denunció la Contraloría es
cierto o es falaz.
Y aunque la
información de La Opinión del 17 de septiembre de este
año no menciona el patrimonio, en el penúltimo párrafo del
comunicado susodicho el rector encargado publicitó que, desde el
mágico año de 1998 hasta esa fecha, crecieron en 1.500%
los activos.
Eso, en el
penúltimo. Pues en el segundo acusa a la instancia acusadora de
aplicar «justicia-show», y denuncia que los funcionarios de la
instancia denunciante «a falta de prestigio personal, acuden a
los medios de comunicación a hacer conocer determinadas
actuaciones que, piensan, pueden destacarlos».
Ante ese
show, que parece pelea de verduleras por «sonsacamiento
mutuo de marchantas», hasta el lector más bobo del diario
regional y ajeno a Unipamplona, como «el suscrito» Director, se
formularía por lo menos tres preguntas:
La primera:
si la Contraloría Departamental denunció actuaciones de la
dirección de Unipamplona, ¿por qué el rector encargado adjetivó
las «actuaciones», al acusar a la Contraloría Departamental de
«hacer conocer determinadas actuaciones»?
La segunda:
si el narcisismo del rector titular de Unipamplona es tal que le
paga al diario regional para que le publicite «hasta la corrida
de un catre», y si la Contraloría Departamental tiene también
jurisdicción sobre la Universidad Francisco de Paula Santander y
de ésta no ha denunciado alguna actuación no adjetivada y
menos alguna adjetivada, ¿entonces Unipamplona es una Cueva
de Rolando, o todo se reduce a un show o circo
convenido… a expensas de la U?
Y la tercera:
¿por qué, en los dos escándalos «destapados» por la Contraloría
Departamental en sólo un año y cuatro meses, quien ha puesto la
cara ha sido el rector encargado y no el narcisista titular?
Por cierto:
si a finales de abril o a comienzo de mayo del 2004 la ministra
de Educación nombró al susodicho narcisista como su
representante ante nuestro Consejo Superior, ¿será que ese
«genio hiperactivo» ha puesto la cara por su representada en
todas las sesiones?n
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La maldita suposición
GUILLERMO
CARRILLO BECERRA,
profesor
Asociado emérito de la UFPS.
gecarril60@yahoo.es
La mayoría de la gente se forma un juicio sobre los demás al
observar su comportamiento y presentación. Ver a alguien bien
trajeado y con buenos modales, nos lleva a pensar que nos
encontramos ante un gentleman, no importa que el
personaje sea un patán cuando se sale de la ropa porque no
admite que lo contradigan. Igualmente, un ser desaliñado genera
sentimientos de rechazo, ya que la imagen que está irradiando no
es la más deseable. Para corroborar lo anterior, la facultad de
Psicología, de una prestigiosa universidad colombiana, realizó
el siguiente ejercicio:
Un grupo de jóvenes (chicos y chicas) fueron enviados a
presentarse a distintas empresas para atender convocatorias de
ofrecimiento de empleo. Los que tenían calificaciones más bajas
fueron maquillados relucientemente en su presentación personal.
Los de mejores calificaciones, asistieron con una pinta
estrafalaria. En diferente grado, las 5 empresas dieron un
resultado similar; es decir, el factor principal de juicio, que
era el rendimiento académico, pesó menos que la imagen.
Esto es tan aberrante en nuestro país, que se conocen casos de
instituciones que cuando se trata de empleo femenino, sólo
asisten a las entrevistas finales las que pasan el tamiz de la
foto que anexan a la solicitud. La SUPOSICIÓN es que las
personas feas no son eficientes y, por lo tanto, no califican
para un empleo bien remunerado. ¿Cuándo usted ha visto en la
televisión a una espectacular rubia haciendo el papel de
aseadora? Ni se le ocurra pensarlo: la publicidad nos indica que
para esa dama sólo es posible el rol de alta ejecutiva. En
cambio, a la enclenque y greñuda Josefina la reservan para lavar
los baños, sin importar su talento histriónico.
Ahora bien: no sólo a nivel personal sino, también, entre países
se dan este tipo de prejuicios. Para el primer mundo, lo mejor:
desarrollo, investigación, civismo, generación de bienestar
general. El resto de la población no somos más que unos parias,
merecedores de nuestro destino paupérrimo, de acuerdo con los
SUPUESTOS establecidos por ellos. Si no hubiera sido por el
proceso de colonización que se dio en América, África y Asia
—nos recalcan continuamente—, todavía viviríamos en el más
completo atraso. Claro está que se olvidan, oportunamente, de
todas las barbaridades y lacras que sembraron en el hemisferio
sur.
Pero mejor dejemos la hiel a un lado y volvamos a un nivel más
parroquial. Hablemos de unos cuantos ejemplos relacionados con
el tema, como estos:
El «CVY»
(“¿Cómo voy yo?”)
Una
expresión que forma parte de la picaresca nacional. En cualquier
institución —de carácter municipal, departamental o nacional— no
se lleva a cabo una licitación, una adjudicación o un contrato,
sin que esté de por medio la mordida o el diezmo.
Es una costumbre que se pierde en la historia de nuestra nación.
El funcionario encargado de hacer la contratación SUPONE que los
proveedores o los beneficiados con el contrato deben ser
agradecidos con quien les brindó la oportunidad de obtener un
lucro y que, por ello, deben mostrarse generosos; no con la
empresa sino con él, por ser tan magnánimo.
Lo que
este corrupto obvia, es que su propina es producto de un aumento
de costos, que se cargan en la factura de cobro. ¡Qué sentido de
pertenencia! Lo malo de esta nefasta manía es que la sociedad,
en general, la acepta como un mal incurable. Y lo que es peor,
los directivos honrados, que también existen —más que todo en el
sector educativo—, son mirados como bichos marcianos y tratados
de: “Boludo, ¿no lo pusieron a comer? Este es mucho bolsas”.
FAMA NEGRA
Los
colombianos, merced al daño que el narcotráfico nos ha endosado,
somos mal recibidos en la mayoría de los países del mundo.
Culpa, en parte, de los consumidores ricos del exterior. Aquí,
simplemente, lo que se ha hecho es aplicar una de las leyes
clásicas del capitalismo: toda demanda genera una oferta. Así de
simple es: nadie compra lo que no necesita.
Sin
embargo, los rubios y civilizados holandeses, miembros
sobresalientes de la Comunidad Europea, fabricantes de miles de
toneladas de éxtasis, ese mortal alucinógeno que ha hecho
tantos estragos en millones de jóvenes a lo largo y ancho de la
Tierra, no son objeto de ningún señalamiento. Por el contrario,
se les recibe con los brazos abiertos. Los malos seguimos siendo
nosotros y cualquier zarrapastroso, de cualquier rincón, apenas
escucha el término colombiano, de una SUPONE que se está
haciendo referencia a un “ladrón de 4 esquinas y a un pícaro de
7 suelas”. De ahí, chistes flojos como este:
—¿Cómo
se sabe que hay un ecuatoriano en la gallera?
—Porque
llega con un pato debajo del brazo.
—¿Y cómo se sabe que hay un peruano en la gallera?
—Porque
apuesta por el pato.
—¿Y cómo
se sabe que hay un colombiano en la gallera?
—Porque
gana el pato.
ENREDOS
SOCIALES
En el
plano científico, la suposición se denomina “Hipótesis de
trabajo”, que parte de una consistencia entre los hechos
observados y el criterio riguroso de quien la formula. De
antemano se establecen las variables intervinientes en el
fenómeno a estudiar, con la finalidad de cuantificar y
cualificar los resultados y, así, aceptar o rechazar la
hipótesis establecida. Esto significa que los SUPUESTOS que
plantean los sabios no son simples fantasías baratas, por
aquello de que de por medio existe un método científico para
llegar a la verdad.
¿Pero,
qué ocurre en la vida diaria? Pues que la gente es especulativa,
chismosa, atrevida, lenguaraz. La maldita SUPOSICIÓN campea por
doquier: en el trabajo, en el vecindario, en los medios de
comunicación. A cualquiera se le hace fácil poner a rodar una
calumnia, con tal de joderse en alguien. Ver a un joven mostrar
símbolos de progreso, es ser candidato a un comentario de “ese
como que montó una lavandería”. O la chica pizpireta, de
origen humilde, a la que le luce todo lo que se ponga, y que es
envidiada por las feas más pudientes, no se escapa a un
calificativo de “esa es una loba prepago, que se las pica de muy
señoritonga”. Lo grave del que se vive imaginando cosas que no
son ciertas es que, cuando se comprueba que lo que dijo no era
verdad y que, por su culpa, se le causó un grave daño a otra
persona, el muy canalla se queda callado y pasa de agache.
Ni
siquiera los hogares se escapan de esta carroña. Este es un
ejemplo de la vida real: una atractiva chica, de una belleza
tropical, como sólo se dan en estas feraces y cálidas tierras,
cansada de ganar un salario mínimo y aburrida con el manoseo al
que la sometía su obeso patrón en los recovecos de su negocio en
Sanandresito, resolvió, un día cualquiera, darle una
patada por las pelotas al abusador y largarse para el exterior.
Pasados varios años, regresó a su casa convertida en toda una
dama, luciendo un vestuario de alta costura y ornada con fina
joyería, amén de los costosos regalos que les trajo a todos los
suyos. Para su sorpresa, se encontró con un adusto papá, que la
miraba con furia:
—Usted
ya no es hija mía. Lo que nos ha hecho no tiene perdón de Dios.
Jamás me imaginé que una hija fuera a caer en la peor porquería
y, por eso, toda la familia está destrozada. Llévese todos sus
regalos adquiridos con ese maldito dinero gringo. Desde que me
contaron que usted trabaja con la DEA, mi salud se vino a pique.
¡Fuera de mi casa!
—Papi,
déjeme explicarle: todas estas cosas las he adquirido con mi
trabajo, en largas y extenuantes jornadas de labor, a veces
hasta el amanecer. Es cierto que yo trabajo con la DEA… pero con
la DEAbajo: soy prostituta.
—Mijita
linda, perdóneme por tan tremenda ofensa que le he hecho. Es
que, a veces, los papás nos SUPONEMOS lo peor. Bienvenida a casa
¡Pongan la música y sirvan ron!
Y así, entre abrazos y lágrimas, esta casta familia superó
con entendimiento tan grave situación.
(Cúcuta, octubre de 2007)
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POST-SCRIPTUM.
Así como el verbo PONER ha sido desplazado por el verbo COLOCAR,
¿será que “SUCOLOCAR” reemplazará a SUPONER?n
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Buscando el cierre de la
frontera
CARLOS HUMBERTO AFRICANO,
profesor Asociado emérito de la UFPS.
kafrica_55@hotmail.com
En relación
con los peajes instalados en la frontera con Venezuela, los
traumas que se generaron lindaron en la emergencia de la misma y
nadie notó nada, ni dijo nada, como ha ocurrido las demás veces
en que nos han asaltado y atropellado con similar estratagema. Y
en el panorama nacional, apenas sí les valió un par de
comentarios en los noticieros televisivos y nada en los demás
medios de comunicación, porque nunca les ha importado, ni la
frontera, ni la integración, ni nada que tenga qué ver con
Venezuela, como no sea para denigrar de ella y ahora de su
actual gobierno.
En Cúcuta, la
situación que deja es dramática. Tal vez más dramática que en la
reciente crisis del agua, que aún padecemos a causa de la
negligencia de ECOPETROL, por la falta de mantenimiento en la
línea del oleoducto, lo que ocasionó el derrame de petróleo al
río Pamplonita, deteriorando en materia grave el sistema
ecológico del entorno, configurándose un delito de lesa
humanidad, que no prescribe, por el deterioro del medio
ambiente, que perdurará por 20 años más. Y en ese caso, como en
el de ahora, nadie ha dicho “esta boca es mía” para salir en
defensa de esta pobre ciudad ultrajada, mancillada y doliente.
Mucho me temo
que los habitantes y los vecinos de la ciudad de Cúcuta, quienes
somos los directamente afectados, no alcancemos a dimensionar la
gravedad de los dos hechos que nos tienen al borde de la
emergencia social. Porque esta vez, como en todas las
anteriores, habiendo sido asaltados en nuestra buena fe, con
igual premeditación y alevosía, tampoco nadie dijo “este rollo
es mío”, ni por la contaminación, ni por los peajes. Nuevamente,
los senadores y representantes por Norte de Santander, los
salientes diputados y concejales, los actuales candidatos a
estos cargos, las entidades gremiales y la ciudadanía, habiendo
tenido el suficiente tiempo de reacción, metieron el rabo entre
las piernas y callaron como ostras, como siempre lo han hecho.
De remate,
llegó un chisme bomba por el O@mail, comúnmente llamado “correo
de las brujas”, antiquísimo pero muy eficiente medio de
comunicación en Cúcuta. Y no es que sea chismoso, sino
comunicativo, aunque no me agrada tratar temas vox populi.
Pero en vista de que semejante alboroto ya tiene ribetes de
conflicto internacional y nadie ha dicho ni pío, creí
conveniente “socializarlo”, como se dice ahora.
El O@mail
dice que la empresa concesionaria —a la que le adjudicaron el
contrato de los peajes— y de la que sólo sabemos su nombre, una
tal “San
Simón”,
tiene un socio que es tal vez un pichón de cuervo, buitre o
gavilán, de esos que se dan silvestres en Colombia.
A estas
alturas del paseo que nos dieron, puede ser que el chisme ya se
haya regado como pólvora; pero no por chisme, sino por simple
especulación. Es que sólo se requieren dos dedos de frente para
darse cuenta de que sólo un gran pichón de cuervo, buitre o
gavilán —que no es habitante de Cúcuta ni vecino nuestro— puede
lograr la nada honrosa hazaña de mantener cerrada la frontera
por casi cuatro meses, con altísimas pérdidas económicas tanto
para la ciudad como para el país, parálisis en las exportaciones
e importaciones, violación de acuerdos de frontera entre los dos
gobiernos, enfrentamiento verbal entre los gobiernos de los dos
países, amenaza de cierre definitivo de la frontera y, lo que
era un problema municipal, este pichón hace que el gobierno
nacional lo tome para sí y con inaudita terquedad que raya en la
contumacia, pasando por encima de todas estas desventuras,
defienda a como dé lugar a la tal “San
Simón”,
enviando a sus emisarios, el canciller y el ministro de
Transporte, y, a pie junto, juren que los peajes “van porque
van”. Y fueron, porque el objetivo es enterrar definitivamente
el fiambre que asesinaron hace 59 años.
¿Quién es
este pichón —de cuervo o buitre o gavilán— tan poderoso que,
además de lograr comprometer al gobierno nacional, logra acallar
a los medios de comunicación? El pueblo cucuteño, de resultar
cierto el “mensaje enviado por el O@mail”, debe desenmascararlo,
porque después de cuatro meses del cierre de la frontera, el
país no sabe aún lo que ocurrió en Cúcuta y con la frontera con
Venezuela.
Los oscuros
designios y el nuevo asalto alevoso a la ciudad, de que estoy
hablando, es la seria amenaza del cierre indefinido de la
frontera, derecho consuetudinario que podríamos perder por causa
de la intransigencia del gobierno nacional, en quien los
gobiernos departamental y municipal descargaron todo el rollo,
ante su incapacidad para manejarlo, dejándolo, una vez más, como
en las anteriores: en manos de funcionarios de altísimo rango,
para que dieran cumplimiento a aquel objetivo y, pese a las idas
y venidas de aquellos funcionarios, “les han mamado gallo”, como
dijeron los venezolanos, únicos que les salieron al paso al
cierre de la frontera y de la integración.
El mismo
presidente de Venezuela, Hugo Rafael Chávez Frías, le recomendó
a su homólogo colombiano retirar los peajes y dijo, palabras
más, palabras menos, que: “fueron ustedes quienes crearon el
problema y deben solucionarlo y que no nos vayan a echar culpas
a nosotros”.
¿Culpas de
qué?, me pregunté. Yo lo interpreté como: “por lo que pueda
ocurrir”.
Y lo que
puede ocurrir, según mi interpretación, es que la frontera la
cierren como ocurrió hace 59 años en Puerto Santander y en el
puerto de Cúcuta. Ahora sería su oportunidad, servida en bandeja
de plata, de cumplir su oscuro designio del cierre definitivo de
la frontera, dado el antagonismo de los dos gobiernos.
“QUIEN NO CONOCE LA HISTORIA,
ESTÁ CONDENADO A REPETIRLA”
En 1948
Cúcuta era una ciudad floreciente. Su economía estaba sentada en
las cargas de café, azúcar y cacao, que se cultivaba en esta
región y salían para el mundo por un ferrocarril que se empataba
con el Gran Ferrocarril del Táchira, por Puerto
Santander, por el que también entraban los más ricos, exóticos y
exquisitos productos europeos que se los gozaban solamente los
habitantes de esta región. Fue una época de grandeza y esplendor
y, como nunca, de cooperación e integración de dos pueblos
hermanos, libres de membretes nacionales, hermanados con lazos
regionales de estirpe y sangre, formando, como llama el doctor
Jaime Pérez López, “una parábola vital de integración”,
hecha con una línea férrea que trazaba un circuito internacional
entre San Cristóbal, Rubio, San Antonio, Cúcuta, Puerto
Santander, Encontrados y Maracaibo, vital para la región,
primero y único en América Latina, configurándose en la frontera
más activa de toda América (en ese tiempo, no ahora). Todo esto
se lo tiraron aquellas aves de rapiña: el cuervo de la sabana,
el gavilán de la montaña y el buitre del valle, que “Se
arrogaron los triunfos de la generación del terremoto, que fue
liberal y federalista, para llevar a estas empresas (los dos
ferrocarriles) al centralismo gubernamental y a las nuevas
concepciones de estado de derecho”, dice, con mucha
elegancia, el doctor Jaime Pérez en su libro:
Colombia-Venezuela
siglos XIX-XX.
Pero, “las
desgracias son cobardes, porque no se atreven a presentarse
solas”. Y para Cúcuta, nada más cierto que esto desde el
terremoto de 1875, que no fue su peor desgracia, sino la que le
vino después.
Cúcuta,
con el apoyo de venezolanos, italianos y alemanes, fue
reconstruida a imagen y semejanza de las mejores ciudades
europeas, como la ciudad más moderna y hermosa de toda
Latinoamérica, para ese tiempo. Pero esta fue su peor desgracia,
porque generó la ávida envidia carroñera de los habitantes del
interior y todos a una, le cayeron y le siguen cayendo, cual
aves de rapiña para despedazarla.
En un tiempo
atrás, el único café que se cultivaba en Colombia era el de
Norte de Santander y las plantaciones de cacao y caña eran
extraordinarias. De modo que el gobierno nacional, azuzado por
los “avichuchos” que se arrogaron los cultivos para sus cotos,
creó la oficina de control de cambios para la frontera y el
estatuto de régimen fronterizo en 1942, que le puso talanquera
al libre paso en la frontera, en el puerto de Cúcuta. Estas
medidas empezaron a entorpecer la relación binacional, el libre
tránsito de las personas entre los dos países, la buena marcha
del comercio y exportación de los productos, que paulatinamente
fue decreciendo por esta causa y en 1948 le dieron el golpe
mortal con la compra y nacionalización del Ferrocarril de
Cúcuta para paralizarlo y venderlo como chatarra, e
influenciando al gobierno venezolano para que hiciese lo mismo
con el del Táchira y entonces Venezuela cerró el paso por Puerto
Santander, que sólo fue reabierto hará unos 8 años, quedando
cerrados para las exportaciones los dos puertos, Cúcuta y Puerto
Santander. Todo esto desestimuló y paralizó los cultivos y el
desarrollo de la región y por eso estamos como estamos.
Sólo en 1964,
con la construcción del puente internacional Simón Bolívar, se
reabrió, de manera muy restringida, el puerto de Cúcuta,
quedando como puerto de segunda categoría. ¿Qué digo? Será de
tercera o de cuarta categoría. Porque son más les restricciones
que las libertades.
Siente uno
estupor, asombro, dolor profundo y honda pena, que le producen
desolación, angustia, desamparo que lo llevan al rencor y a la
ira, leer el capítulo VIII —titulado: El Ferrocarril de
Cúcuta— del mencionado libro del doctor Jaime Pérez López,
donde cuenta de manera pormenorizada, el crecimiento, desarrollo
y esplendor de esta región y de los ferrocarriles de Cúcuta y
Táchira, hechos a base de tesón y esfuerzo propios; y después,
su decadencia, ocaso y devastación, ocasionados con ardides,
falacias, mañas y artimañas, modelados con un sistemático
ordenamiento “legal” para reducir al oprobio a los propios
lugareños y al destierro y degradación y remate de los bienes de
los extranjeros lejanos. Aquí sólo les voy a contar el triste
final del cuento:
Ley 26 de 1948.
Aprobada el 19 y sancionada el 29 de octubre por el presidente
de la república, Mariano Ospina Pérez.
“Con una
redacción torticera”, dice el doctor Jaime Pérez López, la
ley 26 de 1948, “por la cual se adiciona la ley 50 de 1945 sobre
compra del ferrocarril de Cúcuta…”, establece:
“Artículo
1º: El gobierno nacional, al comprar el ferrocarril de Cúcuta,
en cumplimiento de la ley 50 de 1945, procederá a destinarlo,
conforme ordena la citada ley, a construir una carretera, por la
banca de dicho ferrocarril. En este caso, los bienes y
elementos que se adquieran por dicha compra, serán vendidos, y
su producto destinado a rembolsar la suma correspondiente a la
adquisición de la empresa, al pago de cesantías, jubilaciones y
demás prestaciones sociales, y a la construcción de la carretera
que antes se habló. Esta ley regirá desde su sanción”.
(La verdad es que es bien torticera la redacción).
Pero es que
la tal ley 50 de 1945, por la cual el gobierno nacional compraba
el ferrocarril de Cúcuta, no ordenaba cerrarlo, venderlo y
acabarlo, sino todo lo contrario.
Ley 50 de 1945, en sus partes pertinentes.
“Artículo 1º: El Congreso de Colombia ordena al gobierno
nacional adquirir para la nación la propiedad del ferrocarril
que comunica en la actualidad la ciudad de Cúcuta con la
frontera de Venezuela. Para este efecto declárese de
utilidad pública esta obra y su adquisición por el Estado.
”Parágrafo
1º: Adquirido por la nación el ferrocarril a que se refiere el
presente artículo, el gobierno procederá a modernizarlo y a
dotarlo convenientemente”.
Pero además,
el artículo 4º de la citada ley 50 de 1945 reza: “Autorizase
al gobierno nacional para que haga las gestiones diplomáticas a
fin de que, adquirida por el gobierno de los Estados Unidos de
Venezuela la propiedad del ferrocarril del Táchira, celebre con
dicho gobierno el convenio de tarifas sobre el ferrocarril
internacional que de Cúcuta comunica en la actualidad con el
puerto de Encontrados”. A mi modo de ver, lo que se estaba
haciendo, con el intervencionismo desde el Congreso de la
República de Colombia en otro país, era cumplir los designios de
avasallar a una región pujante, como a la postre se dio.
(*)
El doctor
Jaime Pérez, en su libro referenciado, lo siente también así,
cuando con fina sutileza, empleando un lenguaje florido,
expresa: “Se pretendía que los ferrocarriles de Cúcuta y el
Táchira, que habían sido construidos y desarrollados por la
iniciativa privada, se nacionalizaran y quedaran sujetos a los
vaivenes de la política de cada uno de los gobiernos de turno.
Se arrogaban los triunfos de la generación del terremoto, que
fue liberal y federalista, para llevar a estas empresas al
centralismo gubernamental y a las nuevas concepciones del estado
de derecho”.
Esta es sólo
una pequeñísima muestra de todas las andanadas que le han hecho
a Cúcuta, tanto el cuervo de la sabana como el gavilán de la
montaña y el buitre del valle, para cobrarse lo que no le
debemos a título de nada y para, con una xenofobia de la que
tampoco somos culpables, persigan a nuestro vecinos —y hermanos
de sangre, en muchos casos—, y busquen por todos los medios
acabar con la unión e integración que es la que nos ha mantenido
vivos.
No quiero ser
yo quien le ponga término a esta triste historia. Aunque resulte
largo este cuento, le cedo la palabra al doctor Jaime Pérez
López, quien con un hermosísimo panegírico, (muy recortado por
mí, por razones de espacio) termina el capítulo VIII de su libro
Colombia-Venezuela
siglos XIX-XX:
“Con la
ley 26 de 1948, se le dio la estocada y descabello final a la
integración colombo-venezolana. Se nacionalizaron
y liquidaron dos empresas, que habían sido motivo de orgullo y
soporte a la integración de dos pueblos. Se convertían
los ferrocarriles en carreteras. Los andinos de Colombia
y Venezuela quedaron, como en la época de la Patria Boba:
gritando «¡Viva el rey, abajo el mal gobierno!». Más
parecían borregos que hombres de frontera. Cuando los
abuelos cabalgaban en mulas de paso fino, ensilladas con aperos
chocontanos, zamarros y alforjas en el anca de la bestia,
sombrero borsalino, revólver al cinto y en su cinturón,
morrocotas de oro, que deslizaban suavemente sobre el mostrador
al acercarse a cumplir sus compromisos comerciales en San
Cristóbal o Cúcuta, nunca pensaron que su descendencia para
mediados del siglo XX tuviera tal capacidad para claudicar ante
el gobierno central. Ahora: su tercera generación, con
una visión viscosa, mira las montañas que los circundan y se
estremecen al calor de una economía binacional cerrada y de
ventas al centavo”.
”Sólo
queda de aquella parábola vital, como una especie de protesta,
el faro del Catatumbo que en todas estas noches oscuras expide
ráfagas de luz vertiginosa”.
Y remata con
esta terrible pregunta: “¿Será que, como en Cien Años de
Soledad, la ciudad de los espejos será arrasada por el viento
y desterrada de la memoria de los hombres, y que después de que
Aureliano Babilonia acabara de descifrar todos los pergaminos,
todo lo escrito en ellos es irrepetible desde siempre y para
siempre, porque las estirpes condenadas a Cien Años de Soledad
no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra?”.
POST-SCRIPTUM.
Ustedes, los de la cuarta generación, son quienes deben
responder la terrible pregunta que deja el doctor Pérez López,
sacudiendo y transformando la situación actual de nuestra región
para que nos dejen vivir en este mundo que nuestros abuelos ya
habían globalizado y que, para desgracia nuestra, nos lo
quitaron y ahora no nos quieren dar participación. ¿O será que
van a esperar que la naturaleza lo haga como en 1875?
––––––––––
(*)
Los datos históricos fueron tomados del libro
Colombia-Venezuela
siglos XIX-XX,
del doctor Jaime Pérez López.
(Cúcuta,
octubre 16 de 2007)
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Cómo “echarle los perros” a
una amante
RICARDO GARCÍA RAMÍREZ,
profesor Titular emérito de la UFPS.
cardingarcia@hotmail.com
Edgardo dice
que: hombre que se respete, ha tenido por lo menos una amante
o “tiniebla” (antiguamente llamada “guaricha” o “moza”). Esa
es la historia negra que casi todo casado tiene como aventura o
lastre en su matrimonio.
No es difícil
pertenecer a esa cofradía que a veces da orgullo y a veces pena,
dependiendo de la guaricha que se conquiste. Sólo es cuestión de
proponérselo y enseguida aparecerá alguna que esté interesada en
las migajas que deja la esposa. Migajas que son muy ricas, pues
se dan y se reciben con entera libertad y producen sensaciones
placenteras.
A pocas
mujeres les gusta involucrarse con hombres casados. Pero existen
las que sólo prefieren a estos tipos. Según éstas, ser moza de
un casado significa no tener que lavar ni cocinar, ni parir y
criar hijos, y sí gozar las ventajas de recibir buenos regalos y
tener una vida sexual óptima.
El
“recetario” que sigue está dirigido a la mayoría de hombres,
quienes deben partir del principio de que las mujeres evitan a
los casados.
VEINTE CONSEJOS PARA CONQUISTAR AMANTE
1. Use el anillo de matrimonio.
La mayoría de las mujeres prefiere no relacionarse con hombres
casados; pero, si esto ocurre, esperan que por lo menos sean
sinceros. Además porque es muy feo revelar, después de largo
rato de conversación, que uno está casado. Y no intente sacarse
el anillo de boda 5 minutos antes de la cita: las marcas que le
quedarán en el dedo serán visibles y ella se dará cuenta.
2. No hable mal de su mujer.
A ellas no les gusta que les hablen mal ni de su peor enemiga
(al menos, al principio).
3. No se haga la víctima
(usted no es el héroe de la película ni su esposa, la bandida).
Elogie a su mujer y sus atractivos. Diga que tendría todo para
ser feliz, pero que falta amor y eso para usted es frustrante.
Pero no exagere en los elogios y sólo diga algo si ella le
pregunta. Comente con insistencia que le encantaría amar a su
esposa, pero que lamentablemente no existe química entre usted y
ella.
4. Deje que ella piense que es su confidente.
Pero intente que ella lo sea de usted. Es importante que usted
escuche más de lo que hable. Hoy en día, la gente no tiene
tiempo para escuchar, y a las mujeres les gusta ser oídas.
5. No hable de plata.
Si tiene que tocar el tema, comente que no está en su mejor
momento. De esta forma alejará a las que sólo les interesan el
confort y los regalos.
6. Pregúntele cuál es su tipo de lectura favorita,
qué programa de televisión mira, qué películas le gustan. Si a
usted le gusta la comedia de televisión Mr. Been
pero ella es fanática de Fellini, vaya y alquile todos los
videos de este director italiano. Si usted se duerme en medio de
una de las películas o no entiende nada, acuérdese de algunas
partes y diga que le encantó. Si ella está en esa onda de
ángeles, duendes y reencarnación, diga que usted siempre creyó
en eso, y que no tiene ninguna duda de que ella tiene toda la
razón cuando afirma que en una vida pasada fue una gata.
7. No la critique en la primera cita.
Si ella dice que está gorda, dígale que no; aunque parezca una
ballena preñada.
8. Concuerde en casi todo, no la contradiga.
A ellas no les gusta ser contrariadas (claro: eso, en las
primeras citas; después, sea usted mismo y defienda sus puntos
de vista).
9. Cuéntele sus sueños
e ideales con pasión; sea convincente y ardiente, aunque no
tenga la menor idea de lo que diga. Si luce entusiasmado,
parecerá sincero en lo que dijo.
10. Narre algún caso triste;
o una pérdida, suya o de algún amigo: a ellas les encantan los
hombres sensibles. No precisa llegar a las lágrimas: ellas no
quieren un maricón a su lado. Después de la primera cita, le va
encantar si sus ojos se humedecen al referirse a aquella perrita
que murió atropellada hace algunos años… si omite que la perrita
no era suya y que usted conducía el carro que la atropelló.
11. No intente besarla,
abrazarla, o darle la mano; deje que ella tome la iniciativa.
Hágase el tímido, el ausente, el que no se da cuenta cuando una
mujer está interesada. Si en una de esas citas ella lo besa,
haga usted lo mismo y diga: “Tengo miedo porque, si me excitas
con tus besos, podría hacerte daño”. El que se preocupe por
ella, la hará delirar.
12. Si su potencial amante está casada o comprometida,
todo resultará más fácil. Basta dejarla hablar, abrirse y contar
todo sobre su compañero. Pero usted deberá ser mejor que él,
para agradarla: si él fuma, usted nunca fumó; si él es un
grosero, usted es la delicadeza en persona; si con él no cuenta
ella los domingos porque se va para la cancha, usted pregunta si
el fútbol es aquel deporte que se juega con un bate. No olvide:
es más fácil conquistar a esta mujer que a una no comprometida;
basta jugar con las comparaciones, en las que usted será mejor
que el otro.
13. Dígale a su potencial amante que soñó con ella
(en el principio de la relación o en la etapa de la seducción).
A las mujeres les encanta ese detalle.
14. Envíele una tarjeta
agradeciéndole su amistad y diciéndole ser feliz por haber
conocido a alguien tan especial.
15. Si lo llama por teléfono,
dígale que, justamente, estaba pensando en ella.
16. Nunca le cuente que ya tuvo amante.
No hable de sus aventuras: a ella no le va a gustar saber esos
detalles… al principio, porque luego querrá que le cuente todo.
17. Elogie, elogie y elogie.
Elogie la ropa, aunque le parezca una payasa; el maquillaje,
aunque parezca una Drag Queen; el perfume, aunque huela a
desinfectante.
18. Si no consigue nada,
o no ve perspectiva, en la próxima cita invente una pelea con su
mujer. Usted saldrá de dudas porque ella verá despejada la
posibilidad de conquistarlo, o pondrá tierra de por medio si
supone y la asusta que la pelea fue porque su mujer supo de
ella. Pero no olvide: a pesar de la pelea, no hable mal de su
esposa pues, la persona con la que está ahora, podría llegar a
sustituirla.
19. Si su amante tiene hijos
(sea soltera o casada o divorciada), pregúntele el nombre de
ellos, la edad y si tiene alguna foto de ellos. A las mujeres
les encanta ese interés de los hombres por sus hijos. Propóngale
que en la próxima cita lleve al “diablillo” (perdón, “al hijo”).
Y antes de irse dígale: “esto es para el diablillo” (perdón, “tu
hijo”) y déle un juguete. No tiene que ser caro; en ese momento,
“lo que cuenta es el detalle”. Ella se va a derretir.
20. Haga reír a su amante.
Sea alegre. Las mozas disfrutan el buen humor. Después de muchas
risas, es más fácil que digan “sí” a una propuesta indecente.
Claro que todo le será más fácil si usted tiene un Mercedes
Benz 2008, un reloj Rolex, buen billete y tarjetas de
crédito nacionales e internacionales, porque: “chequera mata a
galán”. Y si tiene apartamento en Cartagena, mejor. Lo más
interesante es que, teniendo todo esto, no es necesario que
usted sea un “caribonito” (porque, insisto: “chequera mata a
galán”), ni inteligente ni, mucho menos, un óptimo machucante.
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Pues bien,
lector (así, en masculino): a practicar se dijo. Porque esto que
leyó no fue una clase de “Educación Sexual”, en las que no les
ponen tareas a las y a los adolescentes.n
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FUENTE: El
libro
Manual para hombres infieles,
de Marcelo Puglia (uruguayo). Editorial Vergara.
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Transcrito del libro
Don Julio Mario / Biografía no autorizada,
de
Gerardo Reyes Copello
(Ediciones B Colombia S.A., 2003, pp. 244-245):
(Julio Mario)
Santo Domingo votó por
(César)
Gaviria
(Trujillo)
con su chequera
(para presidente de la República).
El primer gesto de agradecimiento del Presidente fue el
nombramiento de la esposa del empresario en el cuerpo consular
de Washington.
El gobierno de Gaviria creó un cargo en la embajada de Estados
Unidos en esa capital bajo el nombre de “agregado cultural
ad honorem” para colocar a la señora de Santo Domingo,
Beatrice Dávila. El nombramiento tenía un propósito
claro: liberar a Santo Domingo del pago de impuestos
(por sus cuantiosas propiedades)
en Estados Unidos, dado que los diplomáticos y sus cónyuges
están exentos de esa obligación.
El 30 de octubre de 1990
(por decreto 2614 de esa fecha)
Beatrice fue nombrada por Gaviria como agregada cultural
ad honorem en la embajada en Washington, cargo que no existía
y fue creado para tal fin. Pero hubo un error de cálculo
que delató las verdaderas intenciones del nombramiento: al
gobierno colombiano se le pasó por alto que la ley
estadounidense solamente cobija
(con la mencionada exención tributaria)
a funcionarios diplomáticos que devengan salarios del Estado, y
el cargo de la señora Santo Domingo no era remunerado.
De manera que fue necesario trasladar a la señora Dávila a una
posición con honorarios. En noviembre fue nombrada
segundo secretario, encargada de funciones culturales de la
misma embajada. Pero había otro inconveniente: no tenía
sentido que la funcionaria tuviera un cargo en Washington,
cuando su residencia estaba en Nueva York. Así que fue
necesario hacer otro decreto. El 22 de febrero de 1991
(por decreto 541 de esa fecha)
Beatrice de Santo Domingo fue nombrada tercer secretario, grado
ocupacional 1, en la embajada de Colombia ante las Naciones
Unidas (Nueva York) con una asignación de 1.816
dólares, sin incluir la prima por costo de vida.
Respondería por las funciones culturales de la embajada. (…)
En junio de 1996 solicité al Ministerio de Relaciones Exteriores
una certificación de los ingresos de la funcionaria.
En ese momento Beatrice devengaba 3.160 dólares de sueldo
básico más 1.170 por costo de vida, para un total de 4.330
dólares. A la esposa del hombre más rico de Colombia,
¡los colombianos le pagaban una prima por costo de vida! La
asistencia al lugar de trabajo no parecía un requisito esencial
para recibir el sueldo, como ocurre con miles de trabajadores
del Estado, pues llamé varias veces a la misión en Naciones
Unidas en Nueva York y nunca la encontré. Como respuesta
a mi solicitud sobre las funciones que desempañaba Beatrice
Dávila de Santo Domingo, la Cancillería me envió un memorando de
cinco páginas en el que hizo un recuento de 18 exhibiciones del
Colombian Center, que fueron organizadas por ella desde
diciembre de 1991 hasta la fecha de mi solicitud. El 20
de julio de 1998, Beatrice Dávila renunció a su cargo y con ello
terminó el paraíso fiscal de la pareja durante casi ocho años en
Estados Unidos.n
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exclusivamente al director de
Occidente Universitario.
v Por
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Occidente Universitario,
que se difunden completamente
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? La
edición Nº 85 de
Occidente Universitario
saldrá
probablemente
el viernes 30 de noviembre del 2007.
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