Bienvenidos a Cúcuta
Frontera Comercial y Futuro industrial de Colombia

 

OCCIDENTE  UNIVERSITARIO

N° 97 (Ver todos los números) 

 

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Publicación informal, editada en la Universidad Francisco de Paula Santander (de Cúcuta, Colombia)

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Director: JAIRO CELY NIÑO     l     4  pp  (la edición en papel)     l     Martes  9  de Diciembre del 2008

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EN   ESTA   EDICIÓN :

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Æ A MODO DE «EDITORIAL (O DE ALGO ASÍ)».

Æ CARLO PONZI.

Æ AMADA MUERTE.

Æ LA AMIGA DE CELIO: LA PEREZA.

 

 

 

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A MODO DE «EDITORIAL» (O DE ALGO ASÍ).

 

 

¿Pirámide o burbuja?

 

Alguna vez, un miembro del gabinete departamental, quien por encargo presidía el Consejo Superior de Unipamplona e incluso el de la Universidad Francisco de Paula Santander, le contó al «suscrito» Director que, cuando nombraron rector de Unipamplona al señor González Joves, dizque el tipo no tenía título académico sino rango militar.

Independiente de si eso era cierto o chiste flojo, el hecho es que a tal «genio hiperactivo» se lo nombró rector cuando al Consejo Superior de Unipamplona lo presidía un gobernador que también carecía de título académico, entendido éste como el otorgado por una institución de estudios superiores a quien lo mereció por su capacidad intelectual o por su persistencia en el estudio.

Y durante nueve años el narcisista de marras fungió como rector sin que su continuidad, igual que su designación como rector, les hubiese sido consultadas a los estamentos académicos. Y en esos nueve años tal rector-sargento tramó a «Raimundo y todo el mundo» con que su gestión volvió a Unipamplona tan o más boyante que el voraz sistema financiero colombiano.

Dicho narcisismo lo orquestó continuamente con costosísimos avisos en la prensa local y nacional y hasta en revistas, como Cambio. Incluso, algunos que no cuidan su salud mental afirman que, en uno de esos circos que semanalmente monta el presidente Álvaro Uribe Vélez con el nombre de «consejos comunales», dizque su gestión fue aplaudida por aquél y por su ministra de Educación, Cecilia María Vélez White.

Cómo sería el alcance del descreste, que, al interior de la Universidad Francisco de Paula Santander, los detractores de Héctor Parra confundieron «eunuco» con «marica», pues en voz baja pero audible proclamaban que ¡qué rector tan marica el que tenemos!, que porque carecía de güevas para «captar» recursos con la misma frecuencia y en la misma cantidad con que los «captaba» el «genio hiperactivo».

Sólo que «captar», como tecnicismo financiero, vendría a popularizarse de una manera tristemente célebre, como quiera que en el último trimestre de este año así llamaron al robo continuo, descarado y progresivo de los «arquitectos» de las «pirámides» que estafaron a tantos de esos bobos que se creen vivos porque piensan que el resto del prójimo es imbécil.

Coincidencialmente, cuando estaba en la cresta de la ola la conmoción por la estafa masiva contra esos vivos-bobos y era noticia mundial el derrumbamiento de las «pirámides» de marras, la prensa local destapó el derrumbamiento del boyante Wall Street en que el sargento-rector dizque había convertido a Unipamplona.

Un lunes, el diario La Opinión informó que el exagerado superávit de tan boyante institución tenía un déficit de funcionamiento de 40.000 millones de pesos. El martes, que a 50.000 ascendían los millones. El miércoles, que de 85.000 millones de pesos era el déficit. Y pare de contar porque «faltan datos de otros municipios», pues aún no se ha informado cuánto les debe Unipamplona a los insaciables banqueros chupasangre (y excusarán el pleonasmo).

Hace un año, el narcisista renunció alegando una enfermedad terminal, o algo así, y se puso a buen recaudo en España, donde milagrosamente se curó. En su reemplazo nombraron rector a quien, como «rector encargado», en mayo del 2006 y en septiembre del 2007 debió poner la cara y forzar explicaciones cuando la Contraloría Departamental cuestionó el manejo financiero del boyante Wall Street.

De modo que, si el sargento-rector hizo de Unipamplona una «pirámide», pues ésta se puso a tono con las de las estafas nacionales: se derrumbó. Y si hizo de Unipamplona una «burbuja», pues también se puso a tono con la ídem hipotecaria de los gringos: explotó.

Y quien debió poner la cara para responder por el derrumbe o la explosión, es el mismo «chivo expiatorio» mencionado dos párrafos atrás. Pero él acredita «experiencia acumulada» en padecer los «dolorosos» heredados de quien se dio la dolce vita disfrutando los «gozosos».

Lo paradójico de este desenlace es que la misma ministra de Educación que (con el presidente de la República) aplaudió y ensalzó en el pasado la gestión del mitómano avivato, ordenó el mes pasado a su delegada ante el Consejo Superior de Unipamplona que, cuando falten Cinco pa’ las Doce del próximo 31 de diciembre, al «chivo expiatorio» lo tiren a la calle desde la puerta trasera del derrumbado Wall Street tercermundista. n

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Llegaría el día en el negro llegaría a la Tierra Prometida. n

 

 

 

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Carlo Ponzi

 

GUILLERMO CARRILLO BECERRA,

profesor Asociado emérito de la UFPS.

gecarril60@yahoo.es

 

Dado el gran escándalo nacional que se ha creado por culpa de las denominadas pirámides financieras, me he tomado la libertad de hacer una averiguación sobre el origen de esta modalidad masiva de estafa, tomando como fuente de información la literatura que se encuentra disponible en la red.

 

CARLO PONZI fue un emigrante italiano que llegó a Estados Unidos en 1903. En su país fue un ladronzuelo de poca monta que, menospreciado por su familia y perseguido por la policía, se vio obligado a buscar nuevos horizontes. Se estableció en la ciudad de Boston y luego de poner en funcionamiento sus distintas mañas de cascarero, se le ocurrió algo que lo haría famoso internacionalmente. El negocio consistía en comprar cupones en Europa y luego cambiarlos por sellos postales en Estados Unidos. La diferencia de precios, debida al tipo de cambio, permitía, según él, ganar grandes cantidades de dinero.

En 1919, Ponzi estableció su empresa, prometiendo una rentabilidad del 50% en 45 días. En realidad, nunca compró ni cupones ni sellos. Se limitaba a pagar a la primera ronda de inversores con el dinero de la segunda ronda. Es decir, una pirámide financiera. Pero al ver que, efectivamente, Ponzi daba una ganancia del 50%, los clientes volvían a confiarle sus ahorros. Así se volvió un personaje de la alta sociedad bostoniana, sólo que un fiscal de distrito no comió cuento, porque se percató de que la venta de sellos postales no crecía con la misma rapidez con que crecía la empresa. Perdió su inmensa fortuna y su libertad.

Después de diversas estafas y de pasar largas temporadas en la cárcel, el gobierno lo deportó a Italia. Terminó su existencia, arruinado y enfermo, en un hospital de caridad de Río de Janeiro (Brasil) en 1948. Pasó a la posteridad, en los libros de Economía, por ser el autor de lo que se conoce como El esquema Ponzi.

 

EL ESQUEMA PONZI es una operación fraudulenta de inversión que implica el pago de elevados rendimientos, que son ofrecidos por la empresa que recauda el dinero. Esta estafa envuelve un proceso en donde las ganancias que obtienen los inversionistas, son generadas por unos nuevos inversionistas que caen engañados por las promesas de conseguir grandes utilidades en el corto plazo. El sistema funciona siempre y cuando crezca la base de la pirámide. Las características típicas son:

l Promesa de altos beneficios a corto plazo.

l Repartición de utilidades financieras que no están bien documentadas.

l Explotación de la avaricia colectiva.

l Promotores con gran poder de convencimiento.

 

Miremos un caso clásico:

Se crea una empresa con un capital de $100 millones. Se buscan inversionistas que aporten $100 millones, con la promesa de recibir el 100% de intereses, al cabo de 3 meses. Efectivamente, transcurrido este plazo, la empresa, de sus propios fondos, les abona $100 millones. Es decir, en tan poco tiempo y sin mover un dedo, los inversionistas cuentan con $200 millones, contantes y sonantes. Nada de vales ni cheques chimbos: todo en efectivo. Se corre la voz.

Ahí germina en tierra fértil la semilla de la estafa. Lo demás lo aporta la avaricia, pues casi nadie va a querer retirarse de ese cuerno de la abundancia. “Vamos a reinvertir todo lo que podamos y convidemos a nuestros allegados; no seamos egoístas”. La pirámide crece como espuma; las filas de mensos se hacen interminables; los directivos se frotan las manos. Todos están felices, pues han descubierto la fórmula para enriquecerse sin trabajar. Cuando Agapito y Nepomuceno, un par de labriegos honrados y trabajadores verracos, deciden vender las reses para disponer de efectivo para entregarlo a los vendedores de falsas ilusiones, no se percatan de que están cavando su ruina, pues todo es un tinglado de endosos chimbos. Como dice la famosa canción de Celia Cruz:

Tongo le dio a Borondongo.

Borondongo le dio a Bernabé.

Bernabé le pegó a Muchilanga,

le echó burundanga (…)

Aquellos inversionistas que toman su capital inicial y sus correspondientes ganancias y se retiran a tiempo, también le hacen un favor a la empresa, pues de todos modos hablan maravillas del negocio tan rentable que hicieron, lo que a su vez despierta la curiosidad y la codicia de otras personas. En fin, la trampa es muy atractiva para cualquier incauto que se las pique de vivo. Para los directivos, la gracia del tumbe consiste en impedir que la gente se retire. Por eso los incentivos son cada vez más atractivos: mayores intereses, electrodomésticos, planes vacacionales, becas. Hasta que llega el momento en que la farsa se hace insostenible y se presenta este cuadro:

l Los estafadores se escapan con el dinero y dejan a la gente viendo un chispero. Además, hasta con burlas escritas, como las que dejaron en Pasto: “Gracias, pastusos giles: ahí les quedan 3 sillas para que las repartan. Las únicas pirámides que no se caen son las de Egipto”.

l Los inversionistas entran en pánico y se van en patota a reclamar lo imposible, ya que sólo poseen una serie de papeles que carecen de cualquier respaldo económico. Viene el desespero, la angustia y la desazón; tanto, que algunos terminan suicidándose, ya que han quedado en la inopia.

l Las autoridades financieras —como siempre— reaccionan tardíamente, bien sea porque son una cáfila de imbéciles, o, lo que es peor, por corruptos, ya que por dinero se hicieron los de la vista gorda.

 

De esta experiencia nefasta se obtienen 2 conclusiones, válidas en todos los textos financieros:

? Si una inversión obtiene una rentabilidad muy elevada, es porque el riesgo es muy elevado. Y riesgo quiere decir que el cliente puede ganar mucho dinero… pero puede perder mucho dinero.

Toda promesa de obtener grandes ganancias sin riesgo, es sinónimo de que hay gato enmochilado.

(Cúcuta, noviembre de 2008) n

 

 

 

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Amada muerte

 

JOSÉ LUIS TOLOSA CHACÓN,

profesor Titular emérito de la UFPS.

tolujo3@hotmail.com

 

A raíz de la reciente muerte de FERNANDO VILLÁN (que en paz descanse), mi amigo y compañero, quien parecía disfrutar de salud y bienestar y sin aviso previo se entregó a la Parca, he decidido declarar, en su memoria, mis ocultos amores a la muerte:

 

Te amo, muerte mía,

te veo venir contoneándote;

hembra coqueta,

escondes la guadaña,

ocultas tu sonrisa yerta;

me rondas,

me miras,

me deseas;

sabes, a cada uno de tus pasos,

que en cualquier momento

me arrojaré en tus brazos.

Acércate más,

déjame tomarte por el cinto,

permíteme vivir lo que me queda

tomado de tu mano.

¿Quién dijo miedo?

Si eres para todos un espanto,

espanta de mi vida

mis temores,

mis miedos,

mis quebrantos;

que puedan vivir libres mis amores,

que cada instante sea de entrega

y,

que el día en que me tomes,

pueda gritar

con mi postrer espasmo:

amada mía,

eres de mi vida

el mejor orgasmo. n

 

 

 

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La amiga de Celio: la Pereza

 

RICARDO GARCÍA RAMÍREZ,

profesor Titular emérito de la UFPS.

cardingarcia@hotmail.com

 

Como en el mundo existieron, existen y existirán muchas teorías (como la de la Evolución, la de la Relatividad, la del Caos, y un largo etcétera), me he inspirado en el personaje CELIO para escribir mi Teoría de la Flojera, de la que ningún estrato social se salva.

Celio fue un personaje que el humorista santandereano José Ordóñez creó para su programa televisivo, Ordóñese de la risa. Celio era “opita” (otro gentilicio de los huilenses) porque, según los estereotipos, el opita es un perezoso.

Y como la sola inspiración no basta para elaborar mi sesudo ensayo, he tomado algunos apuntes de Daniel Samper Pizano sobre este interesante tema de la flojera o la pereza, a la cual la Iglesia considera un pecado grave, la ley la castiga y nuestra sociedad la critica. Claro que también hay que decir que pereciar es muy rico y es por eso que la flojera, o pereza o desidia, también tiene sus defensores.

Empiezo con esta ancestral frase: La pereza es la madre de todos los vicios. ¿Será que lo único que nos queda es trabajar, trabajar y trabajar, como dice el compulsivo presidente Álvaro Uribe Vélez? ¿Será que el que se entregue a ella se ganará el infierno? ¿Se merece la flojera tan mala prensa? Independiente de lo que se haya macartizado a la pereza, creo que hoy esa frase es desueta, pues la vida moderna la estimula y casi se pone al servicio de ella.

Si miramos la tecnología moderna, en cierta forma cada invento la estimula, pues le ahorra trabajo a la persona, le evita esfuerzos y le hace la vida más placentera. Ejemplos sobrarían para demostrar lo dicho.

En su novela, Las siete columnas, Wenceslao Fernández Flórez afirma que la pereza es uno de los pilares del progreso. Si no, fijémonos en el computador, el cual es el que más induce a la desidia. Si por alguna circunstancia escribo “serbil”, aparecerá una raya roja debajo de la palabra indicándome que cometí un error. Si escribo, por ejemplo, “Ejmplo”, una mano invisible le agregará la “e” que falta. Y nadie insulta a un computador por darle una ayudita al perezoso que olvidó la ortografía, o que por descuido se comió una letra. Muchos, socialmente, miran al perezoso con ojos de desaprobación; pero también hay otros que defienden la flojera como una filosofía de vida.

Alguien, por ahí, dijo: Yo nunca me he arrepentido de haber dejado para hoy lo que pude haber hecho ayer. Y Rolando Laserie comienza la canción El negrito del batey, diciendo:

A mí me llaman el negrito del batey

porque el trabajo para mí es un enemigo.

El trabajar yo se lo dejo sólo al buey

porque el trabajo lo hizo Dios como castigo.

En teoría, hay varias clases de desidia y con notorias diferencias. Como la desidia del “indiferente”, a quien nada conmueve; o como la del “perezoso”, capaz de conmoverse pero no de moverse; o como la del “dejado”, que comienza las cosas pero no se preocupa por terminarlas.

El Diccionario de la Real Academia Española define a la pereza o desidia con tres palabras: negligencia, inercia, flojera. Otros diccionarios, como el de María Moliner, le agregan la palabra: abandono. El diccionario de Corripio le agrega los sinónimos de: indolencia, desaliño, dejadez, indiferencia, gandulería y haraganería. Y le podemos agregar unos aportes criollos del Diccionario del colombiano actual, de Francisco Celis: la locha, la modorra.

Otros diccionarios le agregan otras palabras: apatía, galbana, ociosidad, vagancia, cachaza, pachorra, poltronería, ingavia y pigricia. Son más o menos 25 palabras para calificar a la pereza, y esto es lo que le da importancia a la semántica y a la ortografía. Fuera de los diccionarios, hay otras disciplinas que se ocupan de este asunto a su manera.

La Iglesia Católica la coloca entre los siete pecados capitales, que origina otros pecados. De la casta de los pecados capitales, la pereza saltó a los códigos; tanto civil como penal, pues consideran punible cierto tipo de conductas que, aunque carecen de la voluntad expresa de causar daño, incluyen en grado alto la indolencia y la irresponsabilidad, por lo que merecen algún castigo. La pereza o flojera, o como se le llame, puede recibir sanciones legales, que pueden llegar a varios años de encanamiento o a multas de muchos pesos.

En el Derecho Público, si el Estado no responde una solicitud del ciudadano dentro del plazo legal para responderle, se entenderá que la respuesta es favorable al peticionario. Esto técnicamente es llamado por los juristas “silencio administrativo”. Aplicando la palabra que estamos analizando, podríamos llamar “pereza burocrática” a esta pereza estatal o administrativa, aunque suene a pleonasmo.

Don Antonio Machado, quien no sólo fue poeta, decía que la tal pereza era una falta de cuidado en el trabajo que se hace. ¿Será, entonces, que la desidia merecerá siempre una condena o un escarnio? Machado decía que él adolecía de “torpe aliño indumentario”, o falta de cuidado en el arreglo de sí mismo, y de despreocupación por las cosas propias o por el trabajo que hace. Era, por lo tanto, un célebre indolente; pero fue un profesor incansable y un poeta prolífico y extraordinario. Con muchos indolentes como él, el mundo sería mejor.

Otro famoso perezoso fue el filósofo Diógenes de Sinope, por allá del siglo V antes de Jesucristo. Es catalogado el padre de los cínicos (escuela filosófica), abuelo de los estoicos (incólumes, ante todo), y hasta el tatarabuelo de los hippies. Este curioso filósofo de la antigüedad, según lo que he leído, rechazó el boato, el lujo y la abundancia innecesaria.

Vivía mal vestido, mal comido y mal dormido, pero dicen que vivía feliz. ¿Será esto posible en el mundo moderno? Averígüelo usted y me lo cuenta cuando nos veamos en la cafetería del edificio Fundadores, de la UFPS. Porque si observamos desprevenidamente la superficialidad del mundo, el desequilibrio de los ingresos y el egoísmo de tanta gente, podríamos pensar que faltan muchos hombres como Diógenes de Sinope, pues serían el azote de la sociedad consumista, el tábano de los ricos indolentes, el látigo del capitalismo salvaje y las ladillas de los poderosos.

En últimas, la pereza puede ser en teoría un vicio, un pecado y hasta un delito, si ella entraña irresponsabilidad y falta de consideración hacia los demás. Pero la dejadez sería muy bienvenida si es un asunto personal que no lastima o mortifica al prójimo, como, por ejemplo: vestirse desaliñadamente; o sentir aversión por el trabajo intenso o excesivo; o tener una actitud filosófica como la de buscar la felicidad en la austeridad, o abominar el consumo por el consumo, o criticar el atesoramiento de riqueza en detrimento de quienes carecen de lo indispensable.

En fin, que, para terminar esto, la frase de mi filosofía de cabecera es la de que “cada cual es dueño de superarse o perjudicarse, mientras no perjudique con ello a los demás”. De pronto la actitud de Celio, exagerada o fehacientemente indicativa del modus vivendi de los opitas, se corresponde con esta “filosofía de cabecera” mía. n

 

 

 

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Triste para «el suscrito» Director lamentar la muerte de su

colega, compañero y ex condiscípulo de Facultad, FERNANDO

VILLÁN ROJAS, acaecida el domingo 23 de noviembre del

2008. Pero, paradójicamente, placentero registrar el regreso a

Cúcuta de su colega y compañero CARLOS HUMBERTO

AFRICANO, «columnista compulsivo» de Occidente

Universitario, quien recién fue sometido en Bucaramanga a

una delicada pero exitosa operación de su válvula mitral. n

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N O T A S :

 

u Cualquier nota que no tenga explícitamente autor, debe ser

atribuida exclusivamente al director de Occidente Universitario.

 

v Por limitaciones pecuniarias, las ediciones «en papel» de

Occidente Universitario, que se difunden completamente

gratis, es de 40 ejemplares, en promedio.

 

? La edición Nº 98 de Occidente Universitario saldrá

(probablemente) el lunes 22 de diciembre del 2008.

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