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OCCIDENTE UNIVERSITARIO N° 98 (Ver todos los números)
▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬ Publicación informal, editada en la Universidad Francisco de Paula Santander (de Cúcuta, Colombia) ▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬ Director: JAIRO CELY NIÑO l 8 pp (la edición en papel) l Lunes 22 de Diciembre del 2008 ▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬
▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬ EN ESTA EDICIÓN : ▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬ Æ RELATO NAVIDEÑO. Æ NORTE, CAMPEÓN. CÚCUTA, OTRA VEZ CAPITAL BASQUETERA DE COLOMBIA. OCHENTA AÑOS DE NUESTRA BANDERA NEGRA Y ROJA. Æ YA NO SOMOS TAN JÓVENES. Æ LLEGARÍA EL DÍA EN QUE EL NEGRO LLEGARÍA A LA TIERRA PROMETIDA. Æ TENGO UN SUEÑO. (MARTIN LUTHER KING, JR.) Æ DISCURSO DE BARACK OBAMA.
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Relato navideño
GUILLERMO CARRILLO BECERRA, profesor Asociado emérito de la UFPS. gecarril60@yahoo.es
Como es costumbre en este aficionado literario, en estas épocas decembrinas me gusta citar a determinados autores que tienen como temática central de su relato un argumento relacionado con el espíritu navideño. Para esta ocasión, miremos lo que el maestro GERMÁN ARCINIEGAS nos relata:
NOSTALGIA DE LOS JUGUETES VIEJOS «En aquel viejo mundo de mi infancia los niños eran la imagen de una cierta pobreza original. En vez de desarmar juguetes, los construían. Nada de trenes eléctricos. El tren era un rosario de latas de sardinas que se cargaban de arena. Los buques eran de papel, y salían, como las pajarillas, de manos de un niño que se convertía en el ingeniero de sus propias naves: mientras volaban o navegaban por un charco cualquiera, él las veía, acariciando al perro y mirando las nubes reflejadas en el agua. Así se formaron muchos poetas. Las niñas jugaban con muñecas de trapo, de enormes ojos inmóviles, sin ningún secreto mecánico digno de ser investigado. »Entre los juguetes rompibles que nadie rompía estaban los de barro. Se sabía que el cochinito de la alcancía no podía tener por dentro sino monedas que nunca se echaban. A la circunstancia de no tener un cobre, se unía la imposibilidad de romper el cochinito. La alcancía de banco, que sirviera para hacer préstamos y trampas, fue la cajita de madera que podía desclavarse. Los ejércitos con espadas y fusiles de palo eran más temibles que las ametralladoras de plástico. Y, de veras, la plaza de la aldea fue campamento y campo de batallas infantiles en las vacaciones de diciembre. »Organicé la primera huelga estudiantil de mi vida —luego fueron tantas las que acaudillé— cuando no había cumplido los diez años. Entonces, en Bogotá, la iluminación era de lámpara de arco, y una de esas lámparas era el lujo de la Escuela Militar. Los escarabajos —nosotros los llamábamos cucarrones, palabra más sonora y adecuada— ronroneaban y hacían su colonia dándose de cabezazos contra la enorme bomba de vidrio blanco, y caminaban por la acera y las paredes arrastrando sus patas de púas. Eran nuestra atracción cuando hacíamos excursiones nocturnas. Tener un frasco lleno de cucarrones era un tesoro. Acabé de vaciar de cuadernos, libros y pizarras el pupitre de la escuela, llenarlo de tierra y establecer mi colonia de cucarrones. Y mientras mi vecino de salón estaba dándole a la tabla de multiplicar, o a la lección de religión, yo abría con disimulo la tapa del pupitre y veía el trabajo de los avichuchos. Pronto, este trabajo cundió, y todos los pupitres se convirtieron en criaderos de esas criaturas asquerosas. En los recreos, eran las carreras de cucarrones. Como se ve, nuestras huelgas de estudios eran para salir de la clase de religión y entrar a la de historia natural. »Nuestra crueldad con los animales —torear sapos, amarrar tarros a la cola de los perros, martirizar gatos— son temas que ahora hostilizan justamente a los pedagogos. A nosotros nos llenaban de placer y nos preparaban para desarrollar lo que se llama el espíritu del hombre, tan inclinado a estas perversiones. Desde luego, los bodoques (proyectiles de barro seco) que hacíamos de greda y disparábamos con las bodoqueras, llegando a veces a hacer blanco en las espaldas del maestro, no eran armas inofensivas. En nuestro viejo mundo había de todo: risa y dolor, el bien y el mal, que ya se anunciaba en las luchas de “San Miguel adorado, por un alma vengo; si no me la das, cogida la tengo…” »Ya que no es posible hoy pedirle a Santa Claus (¿por qué, siendo Claus un hombre, le dicen “santa” como si fuera hembra?) que nos traiga un cochinito de barro, un barco de papel, una bola de trapo… Si al menos nos regalara una linterna mágica para evocar los juguetes viejos en la pantalla de la memoria perdida.» l POST-SCRIPTUM. Se queja el ilustre Germán Arciniegas por el género ambivalente de Santa Claus. Permítame, respetado maestro, responderle un poco tarde, que para balancear este error nosotros tenemos un corregimiento que se llama La Donjuana. ¿Satisfecho? (Cúcuta, diciembre de 2008) n
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▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬ A todos los lectores de los pocos ejemplares que de cada edición de Occidente Universitario se difunden; A los miembros y ex miembros de nuestra comunidad académica que lo reciben vía Internet en Berlín (Alemania), Madrid (España), Ciudad de México, Caracas, Cúcuta, Medellín y Bogotá; Y a los cucuteños que en diferentes lugares del planeta lo leen en la página web w w w . c u c u t a n u e s t r a . c o m : ¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo! Merry Christmas and a Happy New Year! Frohe Weihnachten und ein gutes neues Jahr wünsche ich Dir! n ▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬
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Norte, campeón. Cúcuta, otra vez Capital Basquetera de Colombia. Ochenta años de nuestra bandera Negra y Roja.
ALFREDO DÍAZ CALDERÓN, socio honorario de la ACORD. Carnet N° 025.
El sábado 8 de noviembre del 2008, ante 6.000 aficionados que llenaron el Coliseo Toto Hernández, Norte se tituló campeón de baloncesto del Torneo Nacional Invitacional, categoría profesional, organizado por Fecolcesto, después de 30 años de haber logrado ese título en el Coliseo El Salitre, de Bogotá. Aquel torneo, organizado por Fedebasket (hoy, Fecolcesto), contó con la participación de las 12 ligas más fuertes del país, y se jugó del 26 de febrero al 10 de marzo de 1978. Hace 30 años, esta fue la nómina del equipo campeón nacional, Norte de Santander: Álvaro Torrado, Édgar Fonrodona, Jesús Soto, “Tito” Ordóñez, Jorge Niño, Carlos Llanes, Hugo Hernández, Juan Manuel Corzo, Jesús Sinisterra, Orlando Puello, José Rodríguez y Gabriel Entrena. Su entrenador fue Vinicio Esquivel. En noviembre de ese año 1978, nuestro club “Lotería de Cúcuta”, con los colores negro y rojo de nuestra ciudad capital en su uniforme, se tituló campeón en Cali del IV Torneo Profesional Interclubes, al derrotar por un punto a “La Guerrilla Deportiva”, de Cali, en un partido jugado en medio de un ambiente tenso y con brotes antideportivos propiciados por los mismos dirigentes caleños. “Lotería de Cúcuta” presentó la misma nómina de criollos que sacó campeón a “Norte” en el Interligas de febrero-marzo de ese año 1978, y contó con el aporte extraordinario de dos basquetbolistas gringos: Erick Evans y Sam Sheppard. Su entrenador fue Rodrigo Fuentes, quien contó con la asistencia técnica de Vinicio Esquivel. Aquel año 1978 fue glorioso para nuestro baloncesto regional y para nuestra ciudad, llamada nacionalmente y con justa razón: La Capital Basquetera de Colombia. l En lo que va corrido del siglo XXI el título de “Cúcuta, la capital basquetera de Colombia” se desvanecía lentamente en el panorama nacional. “Ya no somos protagonistas ni tenemos presencia en los torneos nacionales de baloncesto”, decían muchos cucuteños ancestrales, añorando aquellos tiempos. Y para colmo de males, en la anterior administración municipal se rumoró que la cancha Toto Hernández se demolería completamente. “Si es verdad, será la estocada final contra el baloncesto regional”, comentaban algunos viejitos, temerosos del rumor, por aquello de que “Muerto el toro, acabada la corrida; y a otra cosa, mariposa”. Por eso, el título de Campeón Profesional logrado por “Norte” el sábado 8 de noviembre del 2008 es una verdadera explosión de vida, de fe y esperanza para nuestra ciudad, tan golpeada en diversas formas a través de su historia. Para ser campeón, Norte vivió un verdadero calvario en la fase eliminatoria. En los 10 primeros juegos ganó 8 y perdió 2. Después perdió 11 juegos consecutivos. En la recta final metió el acelerador a fondo y terminó la fase eliminatoria con 15 partidos ganados y 13 perdidos, ubicándose 4º finalista detrás de: Arrieros (Antioquia), Búcaros (Bucaramanga) y Sopesa (San Andrés Isla). En la fase semifinal enfrentó a Arrieros y lo eliminó en 7 juegos, ganando 4 y perdiendo 3: perdió el primero en Medellín, 81x84; perdió el segundo allá, 84x87; ganó el tercero en Cúcuta el 27 de octubre, 93x60; ganó el cuarto aquí el 28 de octubre, 72x56; ganó el quinto aquí el 29 de octubre, 66x51; el 31 de octubre perdió el sexto juego en Medellín, 68x75; y el 1º de noviembre ganó allá el séptimo juego, 65x59. La final contra Búcaros se inició en Bucaramanga el lunes 3 de noviembre, y ese día prácticamente se decidió el título: faltando 3 segundos para el final, Búcaros ganaba por 3 puntos; pero hubo reposición para Norte en la línea final ofensiva, y Álvaro Contreras pasó largo el balón para que Carlos Rogers anotara un triple y empatara el partido. Se fueron al alargue y, en esos 5 minutos, Norte sacó la ventaja para ganar 81x75. El segundo juego lo ganó Búcaros en Bucaramanga el martes 4 de noviembre, 102x 80. Pero Norte reservó energías para lo que venía después. Norte ganó en Cúcuta sus 3 juegos: el jueves 6 de noviembre, 83x73; el viernes 7 de noviembre, 74x70; y el sábado 8 de noviembre, 83x65, con estadio a reventar y con más de 2.000 personas frente a los televisores de los negocios que hay en el entorno del complejo deportivo, animando estruendosamente a Norte y deleitándose con todo lo que sucedía dentro del Coliseo Toto Hernández. Nuestro equipo ganó este torneo aplicando un plan estratégico, que desarrolló en tres fases: ? Intensa preparación precompetitiva durante el mes de agosto, únicamente con los jugadores criollos, para lograr fuerza, resistencia, saltabilidad y velocidad; Resistencia, velocidad, y técnicas defensiva y ofensiva, hasta el 19 de octubre; y ? Velocidad, táctica, defensas pressing y ofensiva, hasta el final de la competencia. Terminada la fase eliminatoria, Norte estaba físicamente mejor que los otros equipos clasificados, y le llegaron dos gringos de gran nivel competitivo y de formidable estatura: Monty Wilson, de 2,02 metros; y Carlos Rogers, de 2,14. Por eso, y por todo ese grupo humano que trabajó intensamente y a conciencia durante más de 3 meses, es que nuestro equipo ostenta el título de Campeón Profesional del baloncesto colombiano, y estará presente en la próxima Copa Suramericana de Baloncesto 2009. Estos son los integrantes de ese grupo humano:
BALONCESTISTAS: Édgar Moreno, Eleuterio Rentería, Eduardo “Pichi” Torres, Álvaro Contreras, John Hernández, José A. López, Monty Wilson, Carlos Rogers, José Baquero, Daniel Restrepo, Michel Franco y Yáder Fernández. CUERPO TÉCNICO: Julio Norberto Toro Díaz, entrenador y director técnico; y José Ramón Meléndez M., asistente y preparador físico. DIRIGENCIA DEPORTIVA: Nury Smith Mendoza, presidenta de la Liga de Baloncesto de Norte de Santander; y Piedad Delgado, directora del Instituto Municipal de Recreación y Deporte. DIRIGENCIA ESTATAL: William Villamizar Laguado, gobernador de Norte de Santander; y María Eugenia Riascos Rodríguez, alcaldesa de San José de Cúcuta. Esa explosión multitudinaria del 8 de noviembre del 2008, nos renovó totalmente. Hoy creemos más en nuestro pueblo, y amamos más a nuestra ciudad y a sus símbolos representativos. Nos sentimos orgullosos de ser La Capital Basquetera de Colombia, y estamos seguros de que por ahora nadie se atrevería a proponer la demolición del Coliseo Toto Hernández, “Templo Sagrado del Baloncesto Colombiano”. (Jueves 11 de diciembre del 2008.) n l POST-SCRIPTUM. El próximo 20 de diciembre se cumplirán 80 años de existencia de nuestra Bandera Negra y Roja, creada ese día del año 1928 por nuestros deportistas para el desfile de inauguración, en la tarde de ese día, de las Primeras Olimpíadas Nacionales realizadas en la ciudad de Cali. Esa bandera es el símbolo representativo más antiguo de nuestra ciudad, y fue reconocida oficialmente por la Alcaldía de Cúcuta como la Bandera Oficial de esta “Capital Basquetera de Colombia” casi 60 años después: el 3 de mayo de 1988 mediante Decreto Nº 106, que publiqué en la edición Nº 46 de Occidente Universitario, del jueves 7 de abril del 2005, y cuyo texto nuevamente reproduzco:
El Alcalde del Municipio de Cúcuta, en uso de sus facultades legales y CONSIDERANDO: Que desde el año 1928, el deporte cucuteño ha tenido como su símbolo representativo a nivel nacional su Bandera Negra y Roja, como al efecto lo hiciera la delegación que viajara a Cali con motivo de las Primeras Olimpiadas Nacionales de dicho año. Que desde esa fecha hasta nuestros días, ha sido nuestro emblema más representativo, querido y estimado por nuestro pueblo cucuteño, de cuyas entrañas brotó de modo espontáneo y desprevenido al igual que su patriotismo, heroísmo y lealtad. DECRETA: Artículo 1°. Créase la “BANDERA DE CÚCUTA”, emblema y símbolo de nuestra Ciudad, para honor y tributo de sus gentes. Artículo 2°. Esta bandera tendrá las mismas proporciones de la Bandera Nacional y se compondrá de: dos franjas horizontales de igual anchura; la superior será Negra, simbolizando la riqueza escondida en nuestro suelo, al igual que la riqueza latente de nuestro pueblo; la inferior será Roja, simbolizando la sangre de nuestros mártires en la Independencia, y el sacrificio y la tenacidad de los reconstructores de la Ciudad; y llevará en su centro, como símbolo de unión y continuidad entre el pasado y el presente, el Escudo de la Ciudad, adoptado por Decreto de la Alcaldía N° 032 de 1958. Comuníquese y Cúmplase. Dado en San José de Cúcuta, a los tres (3) días del mes de Mayo de Mil Novecientos Ochenta y Ocho (1988). Carlos Alfonso Rangel Rodríguez, alcalde. Y siguen las firmas y antefirmas, de rigor, del gabinete. n
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Ya no somos tan jóvenes
RICARDO GARCÍA RAMÍREZ, profesor Titular emérito de la UFPS. cardingarcia@hotmail.com
Como dijo el sesudo filósofo de uno de nuestros barrios de invasión: Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Porque una cosa es reconocer que, al cumplir uno 60 años —o haberlos sobrepasado, como es mi caso y el de la mayoría de jubilados uefepeisistas—, queda matriculado en la “sub-70”. Pero otra cosa es que unos genios encuesten a medio millar de tontos que dictaminan que a los primaverales 58 años comienza la “Tercera Edad”, a la que se la mira como la del acabose; como la edad en que, parafraseando a José Alfredo Jiménez, a uno se le acabó la fuerza de la mano izquierda… y de la derecha… y las ganas de lo que sabemos. Por eso estoy que no aguanto el estupor y la indignación, pues me he enterado de que la Asociación Colombiana de Gerontología realizó la primera Encuesta Nacional de Envejecimiento, para conocer la opinión de los colombianos sobre la vejez. ¿Y saben cuál fue una de las conclusiones de los encuestados? Que la tercera edad empieza a los 58 años. No conozco a la Asociación Colombiana de Gerontología, y no he leído en su integridad la susodicha encuesta, ni sé quiénes fueron los entrevistados. Pero de algo sí estoy seguro: los 58 años no son, no pueden ser, nunca han sido y jamás serán el comienzo de la tercera edad. La tercera edad surge muchísimo después. Los 58 años, por el contrario, son la flor de la vida, el momento en que se unen estrechamente, como bailando bolero, la mocedad y la adultez, de modo que los privilegiados que ostentan esta edad disfrutan de los frescos atributos de la juventud y de las más reposadas virtudes de la madurez. Es tan noble y sabia la cincuentayochería, que han pensado darle el Premio Nobel, pero la Academia Sueca no logra decidir si concedérselo en la categoría de sabiduría, o de simpatía, o de hermosura, o de sosiego o de inteligencia. ¿Tercera edad los de 58 años? “¡Me lo fuman!”, dijo el tabaco. Si no, observen algunas cosas que han hecho individuos en tan atractivo calendario: Juan Pablo II asumió la conducción mundial de la Iglesia Católica; Isaac Asimov publicó su libro número 200 (dicen que el mejor de todos); sir Jeffrey Wyatville empezó a restaurar el castillo de Windsor (ustedes no lo conocen, pero el hombre era un berraco); Haydn viajó a pie de Hungría a Londres, componiendo sinfonías en el camino como quien toma masato; Cervantes escribió El Quijote (semejante “maricadita”); James Counsilman atravesó el Canal de la Mancha a nado; David Livingstone, que recorría el África a pura pata, se encontró con H. M. Stanley, un periodista 28 años menor que él, quien casi no lo alcanza; John Hollander construyó el primer submarino moderno; Hoover inventó la aspiradora eléctrica; Verdi compuso Aida; Charles Mackintosh inventó la primera gabardina impermeable; Rodin esculpió El beso, considerada como “excesivamente erótica” (sí: a los 58 años se es “excesivamente erótico”, ¿y qué?). Díganme ustedes con toda franqueza, y sobre todo los que tienen 58 años: ¿les parece que quienes lograron semejantes portentos merecen pertenecer a la tercera edad? ¿No es verdad que quienes sostienen eso son unos idiotas? Podría tratarse de algún error de imprenta en la Encuesta Nacional de Envejecimiento. Quizás se refieren a gente de 65 años, que es cuando en los países civilizados entran en vigencia los descuentos en cines, buses, metro, museos y espectáculos de variada naturaleza para esa gente. No hace mucho se reunieron representantes de los principales países del primer mundo para estudiar la propuesta de empezar los descuentos por ancianidad antes de tales 65 años. Algún tarado sugirió que se iniciaran a los 58 años. ¿Y saben qué pasó? Que los delegados montaron en cólera y dijeron que no estaban allí para hacer regalos a los muchachos. Y que si seguían proponiendo pendejadas, se largarían. De modo, pues, que podría ser un error. Y si no lo es, querría saber quiénes fueron los encuestados. Dice la información que respondieron 552 personas en seis ciudades. Claro: eso puede explicar la torcedura en los datos. Somos 45 millones de colombianos y tenemos por lo menos 50 ciudades o municipios grandes, y van y se consiguen a escasos 552 bobos de 6 ciudades para que despotriquen contra los adolescentes tardíos de 58 años. Además, ¿alguien puede mostrarme a 20 ó 10 ó 5 de los encuestados? ¿Cómo sabemos que sí existen, que no son un invento de envidiosos? Yo también puedo encontrar 552 tontos que opinen que el mundo es plano como una bandeja y que el Sol gira alrededor de la Tierra. Algunos, incluso, están enquistados en el Congreso. Pero su opinión no le quita redondez al mundo ni altera la mecánica solar. Lo mismo pasa con la tercera edad. Otro punto es que, si en realidad existen esos 552 tontos, la muestra está irremediablemente equivocada y no es representativa del país. Seguramente eso fue lo que pasó: que, en vez de abrir la encuesta a la juventud, fue respondida por 552 viejos catanos de 59 años. ¡Con razón…! Así, ¿cómo no va a ser sesgado el resultado? n
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Llegaría el día en que el negro llegaría a la Tierra Prometida
JAIRO CELY NIÑO, profesor de la Facultad de Ingeniería de la UFPS. jairocely@hotmail.com
Desde la primera elección de Abraham Lincoln como presidente de los Estados Unidos, hasta la reciente elección de Barack Obama para el mismo cargo, han pasado 148 años. Cuando Lincoln accedió a la Presidencia, el negro de los Estados Unidos era objeto del trato más infamante: estaba esclavizado. Por tal condición de esclavo carecía de ciudadanía, por lo cual le eran nugatorios todos los derechos que los Padres Fundadores habían asentado en la «Carta Magna». Pero Lincoln era un irreductible abolicionista. Para él era axiomático el segundo párrafo de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, que tiene por texto: Declaramos que estas verdades por sí mismas son evidentes: que todos los hombres son creados iguales; que su Creador los ha dotado de ciertos Derechos inalienables; que entre ellos están la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad. Y por ser Lincoln un abolicionista, su elección como Presidente dividió a los Estados Unidos en dos países, como quiera que once estados se escindieron de la Unión y formaron un nuevo país al Sur: Los Estados Confederados de Norte América. Así que el 4 de marzo de 1861 Lincoln en realidad juró como el 16º presidente de apenas dos tercios de los Estados Unidos: de 23 de los 34 estados. A mediados del mes siguiente el Sur atacó militarmente al Norte, con lo cual comenzó la guerra civil o guerra de Secesión (1861-1865), considerada por más de uno como la más cruel que ha padecido la especie humana. Casi a mediados de aquella guerra, al mediodía del 1º de enero de 1863, el presidente Lincoln promulgó lo que históricamente se denomina:
LA PROCLAMACIÓN DE EMANCIPACIÓN Yo, Abraham Lincoln, presidente de los Estados Unidos, notifico públicamente, en virtud del poder que como jefe supremo del Ejército y la Marina de los Estados Unidos se me ha conferido durante la presente rebelión armada contra la autoridad del gobierno de los Estados Unidos, y como necesaria medida de guerra para sofocar dicha rebelión, que hoy, primero de enero de 1863, declaro como estados y partes de estados en rebelión los siguientes: [Sigue la lista.] Que todas las personas tenidas como esclavas en los citados estados o partes de estados son libres y lo serán en adelante, y que el gobierno ejecutivo de los Estados Unidos, incluidas las autoridades militares, reconocerán y mantendrán la libertad de dichas personas; Las personas aquí declaradas libres deberán abstenerse de toda violencia, como no sea en defensa obligada, y se les recomienda que trabajen, en todos los casos posibles, fielmente y por un salario razonable; Declaro, además, y hago público, que aquellos que sean de conducta irreprochable serán admitidos en el servicio militar de los Estados Unidos para guarnición de fuertes, posiciones y estaciones y otros lugares, y en los navíos de la Armada, para toda clase de servicios; Y para esta ley [técnicamente: un decreto], sinceramente considerada como un acto de justicia y garantizada por la Constitución como necesidad militar, invoco el recto juicio de la Humanidad y la gracia de Dios Todopoderoso; Para promulgar la cual pongo al pie mi firma y el sello de los Estados Unidos. Dada en la ciudad de Washington, el 1° de enero del año de gracia de 1863, y a los 87 años de la independencia de los Estados Unidos de América.
Es evidente que el documento declara libres a los esclavos, pero no declara abolida la esclavitud. Primero, porque decidir sobre la esclavitud era potestativo de poder Legislativo y no del Ejecutivo; y segundo, porque, aun si en esa «anormalidad» el Presidente podía arrogarse la facultad de decretar la abolición de la esclavitud, ésta habría sido letra muerta en aquel momento. Porque la Abolición no será real mientras las armas no las deponga el Sur: ya porque lo decida así —lo cual no se ve viable en medio de aquella encarnizada guerra—, o bien porque el Norte lo fuerce a la rendición. También es evidente que la Proclama no incita a los esclavos a rebelarse. Que no les exige luchar por su libertad. Lo primero es claro cuando los llama a abstenerse de toda violencia, como no sea en defensa obligada, y les recomienda trabajar, en todos los casos posibles, fielmente y por un salario razonable. Y lo segundo es claro cuando establece que quienes sean aptos para y dignos de ponerse voluntariamente el uniforme, se quedarán en los fuertes o en los navíos prestando servicios auxiliares o servicios de vigilancia. Medio año después, entre el 1º y el 3 de julio de ese 1863, ocurrió la Batalla de Gettysburg: la más cruenta de la guerra de Secesión. Gettysburg era un lugar inhóspito del estado de Pennsylvania (hoy, una gran ciudad), en el cual se enfrentaron 93.000 soldados del Norte contra 70.000 soldados del Sur, y entre muertos y heridos cayeron 23.000 combatientes del Norte y 30.000 combatientes del Sur. Poco después de esa carnicería, los gobernadores de 18 estados del Norte acordaron construir un cementerio para todas las víctimas y para inaugurarlo le pidieron a un famoso orador, Edward Everet, que pronunciara la oración fúnebre. El Presidente y su gabinete fueron invitados al acto, lo cual suponía que aquél no sería orador. No obstante, a última hora Lincoln decidió que aprovecharía la ocasión para decir algunas palabras. Principalmente para satisfacer de algún modo a algunas personalidades del Norte que le habían demandado declarar que la guerra no era entre el Norte y el Sur, sino entre el pueblo y los aristócratas. Everet habló casi dos horas. Al concluir, el maestro de ceremonias les anunció a los ya fatigados y temblorosos 15.000 asistentes (temblorosos, por el frío otoñal) que el Presidente diría algunas palabras. Era el 19 de noviembre de 1863, cuando el presidente Abraham Lincoln pronunció en ese lugar lo que históricamente se denomina:
EL DISCURSO DE GETTYSBURG Hace 87 años nuestros padres crearon en este continente una nueva nación, concebida en la libertad y consagrada a la convicción de que todos los hombres son creados iguales. Estamos ahora empeñados en una gran guerra civil que pondrá a prueba si esta nación, o cualquier otra nación así concebida y así consagrada, puede perdurar. Estamos reunidos en un gran campo de batalla de esa guerra. Hemos venido a consagrar parte de él como lugar de reposo eterno de quienes entregaron sus vidas para que esta nación pueda vivir. Y es digno y apropiado que lo hagamos así. Pero, en un sentido más amplio, nosotros no podemos consagrar, nosotros no podemos ungir, nosotros no podemos santificar esta tierra. Los valientes, vivos y muertos, que lucharon aquí, la ungieron muy por encima de nuestro débil poder de aumentar o disminuir su mérito. El mundo tal vez prestará escasa atención y no recordará lo que digamos aquí, pero jamás podrá olvidar lo que ellos hicieron en este lugar. Nos corresponde a nosotros, los que vivimos, dedicarnos a coronar la obra comenzada tan notablemente por los que aquí combatieron. Nos corresponde a nosotros dedicarnos a la gran obra que tenemos por delante y, pensando en estos muertos que hoy honramos, aportar una mayor devoción a la causa a la cual ellos entregaron toda su devoción. Nos corresponde a nosotros afirmar aquí que estos muertos no murieron en vano; que esta nación, con la ayuda de Dios, tendrá un nuevo nacimiento en la libertad, y que el gobierno del Pueblo, por el Pueblo y para el Pueblo no desaparecerá de la faz de la Tierra.
El 31 de enero de 1865 el Congreso de la Unión (de dos terceras partes de la nación) aprueba la Decimotercera Enmienda, que proscribe la esclavitud. El 9 de abril de 1865, cuando la Enmienda está siendo considerada por las legislaturas de los estados, la guerra civil concluye con la rendición del Sur, el cual a la Unión queda reincorporado. El 14 de abril de 1865 el presidente Lincoln es asesinado por John Wilkes Booth, un fanático oriundo del Sur. El 6 de diciembre de 1865 la Decimotercera Enmienda queda ratificada, con lo cual queda constitucionalmente abolida la esclavitud. Pero si dicha abolición significó el fin del trato más infamante contra los negros, también significó el comienzo de otro infamante trato: la discriminación racial o segregación, en los antiguos «estados confederados». Martin Luther King, Jr., un negro doctor en Filosofía, pastor de la Iglesia Baptista y casi desconocido a mediados de la década de los cincuenta del siglo recién pasado, asumió el liderazgo de la protesta contra la segregación, emulando del Mahatma Gandhi su metodología de la no violencia. Sería asesinado por un racista el 4 de abril de 1968. Asesinado en abril, como Abraham Lincoln 103 años antes. Su discurso más famoso, Tengo un Sueño, lo pronunció en Washington el 28 de agosto de 1963, ante una multitud de varios miles de personas negras (e incluso de gente «blanca» simpatizante), y a los pies de la enorme estatua de Abraham Lincoln. Esto es: lo pronunció cien años después de la Proclamación de Emancipación, de Abraham Lincoln. De modo que los mencionados 148 años transcurridos desde Abraham Lincoln, un «blanco» que pagó con su vida (dicho literalmente) la consecución de la libertad del negro, hasta el «seminegro» Barack Obama, hacen escala en Martin Luther King, Jr., un negro ciento por ciento. Por tal razón, a continuación se reproducen los discurso del doctor King y del doctor (en Jurisprudencia) Obama, en los cuales los lectores encontrarán un común denominador, o algo así. n
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Tengo un Sueño
Rvdo. Dr. MARTIN LUTHER KING, JR. Discurso tras la Marcha a Washington, D. C., por el Trabajo y por la Libertad. (Miércoles 28 de agosto de 1963.)
Estoy orgulloso de reunirme hoy con ustedes en esta que será la más grande demostración para la libertad en la historia de nuestro país. Hace cien años un gran americano [Abraham Lincoln], ante cuya simbólica sombra estamos hoy parados, firmó la Proclamación de la Emancipación. Este trascendental decreto vino como un gran rayo de luz de esperanza para millones de esclavos negros, chamuscados en las llamas de una marchita injusticia. Vino como un lindo amanecer al final de una larga noche de cautiverio. Pero cien años después, el negro aún no es libre; cien años después, la vida del negro aún es tristemente lisiada por las esposas de la segregación y las cadenas de la discriminación; cien años después, el negro vive en una isla solitaria en medio de un inmenso océano de prosperidad material; cien años después, el negro todavía languidece en las esquinas de la sociedad americana y se encuentra desterrado en su propia tierra. Entonces hemos venido hoy aquí a dramatizar una condición vergonzosa. En algún sentido, hemos venido a la capital de nuestro país a cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y la Declaración de Independencia, ellos firmaban un pagaré del cual cada americano sería heredero. Ese pagaré era la promesa de que todo hombre, sí, el hombre negro y el hombre blanco, tendrían garantizados los derechos inalienables a la vida, a la libertad, y a la búsqueda de la felicidad. Es obvio hoy día que América ha incumplido este pagaré en lo que concierne a sus ciudadanos negros. En lugar de honrar esta sagrada obligación, América le ha dado a la gente negra un cheque malo; un cheque que ha regresado con el sello de “fondos insuficientes”. Pero rehusamos creer que el Banco de la Justicia está quebrado. Rehusamos creer que no haya suficientes fondos en las grandes bóvedas de la oportunidad de este país. Y entonces hemos venido a cobrar este cheque, el cheque que nos dará sobremanera la riqueza de la libertad y la seguridad de la justicia. También hemos venido a este sagrado lugar para recordarle a América la urgencia impetuosa de esta hora. Este no es el momento de darse el lujo de enfriarse o de tomar tranquilizantes de gradualismo. Ahora es el momento de hacer realidad las promesas de Democracia; ahora es el momento de salir, del obscuro y desolado valle de la segregación, al camino alumbrado de la justicia racial; ahora es el momento de sacar nuestro país, de las arenas movedizas de la injusticia racial, a la piedra sólida de la hermandad; ahora es el momento de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios. Sería fatal para la nación pasar por alto la urgencia de este momento. Este verano, ardiente por el legítimo descontento del negro, no pasará hasta que no haya un otoño vigoroso de libertad e igualdad. Mil novecientos sesenta y tres no es el fin, sino el principio. Y los que pensaban que el negro necesitaba desahogarse para sentirse contento, tendrán un rudo despertar si el país regresa al mismo pensamiento. No habrá descanso ni tranquilidad en América mientras al negro no se le garantice sus derechos de ciudadanía. Los remolinos de la rebelión persistirán en sacudir las bases de nuestra nación hasta que surja el esplendoroso día de la justicia. Pero hay algo que yo debo decir a mi gente, la cual está parada en el umbral gastado que conduce al palacio de la justicia. En el proceso de ganar el lugar que nos corresponde, no debemos ser culpables de hechos censurables. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad, bebiendo de la taza del odio y la amargura. Siempre tendremos que conducir nuestra lucha en el plano alto de la dignidad y la disciplina. No podemos permitir que nuestras protestas creativas se degeneren en violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas del encuentro de la fuerza física con la fuerza del alma. La maravillosa nueva militancia, la cual ha envuelto a la comunidad negra, no debería llevarnos a desconfiar de toda la gente blanca; porque varios de nuestros hermanos blancos, como se ve hoy día por su presencia aquí, han venido a darse cuenta de que su destino está amarrado al nuestro. Y ellos han llegado a darse cuenta de que su libertad esta inseparablemente unida a la nuestra. No podemos caminar solos. Y al caminar, debemos hacer la promesa de que siempre marcharemos adelante. No podemos volver atrás. Hay aquellos que están preguntando a los devotos de los Derechos Civiles: “¿cuándo estarán los negros satisfechos?”. Pues nunca podremos estar satisfechos mientras el negro sea víctima de horrores indescriptibles de brutalidad policial; nunca podremos estar satisfechos mientras nuestros a cuerpos, pesados por la fatiga de viajar, no podamos alojarlos en los moteles de las carreteras y en los hoteles de las ciudades; no podremos estar satisfechos mientras la movilidad básica del negro sea de un barrio pequeño a uno más grande; nunca podremos estar satisfechos mientras nuestros hijos estén despojados de su personalidad y robados de su dignidad por un letrero escrito “Sólo para Blancos”; no podremos estar satisfechos mientras el negro de Mississippi no pueda votar y el negro de New York crea que no tiene nadie por quién votar. ¡No! ¡No! No estamos satisfechos, y sólo estaremos satisfechos cuando la justicia corra como el agua, y las virtudes corran como una fuente quebrada. Yo no desconozco que algunos de ustedes han venido hasta aquí con grandes esfuerzos y tribulaciones. Algunos de ustedes han llegado recién salidos de unas angostas celdas. Algunos de ustedes han venido de áreas donde su búsqueda de libertad los ha dejado golpeados por la tormenta de la persecución y derrumbados por los vientos de la brutalidad policíaca. Ustedes han sido los veteranos del sufrimiento creativo. Continúen trabajando con la fe de que el sufrimiento no merecido es redentorio. Regresen a Mississippi; regresen a Alabama; regresen a Carolina del Sur; regresen a Georgia; regresen a Louisiana; regresen a los barrios bajos y a los ghettos de nuestras ciudades norteñas, sabiendo que de alguna manera esta situación podrá y será cambiada. No nos revolquemos en el valle de la desesperación. Entonces les digo a ustedes, mis amigos, que aunque nosotros enfrentemos las dificultades de hoy y las dificultades de mañana, aún yo tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el Sueño Americano, de que un día esta nación se levantará sobre sus pies y vivirá el verdadero significado de su credo: que todos los hombres son creados iguales. Yo tengo un sueño: de que ese día en las tierras rojas de Georgia, hijos de esclavos anteriores e hijos de dueños de esclavos anteriores, se podrán sentar juntos a la mesa de la hermandad. Yo tengo un sueño: de que un día aun el estado de Mississippi, un estado ardiente por e1 calor de la injusticia, ardiente por el calor de la opresión, será transformado en un oasis de libertad y de justicia. Yo tengo un sueño: de que mis cuatro pequeños hijos algún día vivirán en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel, sino por el contenido de sus almas. ¡Hoy yo tengo un sueño! Yo tengo un sueño: de que un día en Alabama, con sus racistas viciosos, con su gobernador con sus labios goteando palabras de interposición y nulificación, un día allí en Alabama los pequeños negros, niños y niñas, podrán unir las manos con pequeños blancos, niños y niñas, como hermanos y hermanas. ¡Hoy yo tengo un sueño! Yo tengo un sueño: de que algún día cada valle será elevado, y cada colina y montaña serán hechas llanas. De que los lugares más ásperos serán aplanados y los lugares torcidos serán hechos rectos, y la gloria de Dios será revelada y todo el género humano se verá junto como hermanos. Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la cual yo regreso al Sur. Con esta fe podremos labrar, de la montaña de la desesperación, una piedra de esperanza. Con esta fe podremos transformar el sonido discordante de nuestra nación en una hermosa sinfonía de hermandad. Con esta fe podremos trabajar juntos, rezar juntos, luchar juntos, ir a la cárcel juntos, pararse juntos por la libertad, sabiendo que algún día seremos libres, y este es el día. Este será el día cuando todos los hijos de Dios podrán cantar con nuevos sentidos: mi país es de ti; dulce tierra de libertad, yo a ti te canto. Tierra donde mi padre murió, tierra del orgullo de los peregrinos: de cada lado de la montaña, dejemos resonar la libertad. Y si América va a ser una gran nación, esto tendrá que hacerse realidad. Entonces dejen resonar la libertad desde la cima de los montes prodigiosos de New Hampshire; dejen resonar la libertad desde las poderosas montañas de New York; dejen resonar la libertad desde las alturas de las Alleghenies de Pennsylvania; dejen resonar la libertad desde las rocas cubiertas de nieve de Colorado; dejen resonar la libertad desde las curvosas cuestas de California. Pero no sólo esto. Dejen resonar la libertad desde la Montaña de Piedra de Georgia; dejen resonar la libertad desde la montaña Lookout de Tennessee; dejen resonar la libertad desde cada colina y montaña de Mississippi. De cada lado de la montaña dejen resonar la libertad. Y cuando esto pase y cuando dejemos resonar la libertad, cuando la dejemos resonar en cada aldea y en cada caserío, en cada ciudad y en cada estado, podremos apurar el día en que todos los hijos de Dios, hombre negro y hombre blanco, judíos y cristianos, protestantes y católicos, podemos unir nuestras manos y cantar con las palabras del viejo espiritual negro: “Libre, al fin. Libre, al fin. Gracias, Dios Omnipotente: somos libres, al fin”. n
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Discurso de Barack Obama
Chicago (Illinois, USA), madrugada del miércoles 5 de noviembre del 2008.
¡Hola, Chicago! Si todavía queda alguien por ahí que aún duda de que Estados Unidos es un lugar donde todo es posible, quien todavía se pregunta si el sueño de nuestros Fundadores sigue vivo en nuestros tiempos, quien todavía cuestiona la fuerza de nuestra democracia, esta noche es su respuesta. Es la respuesta dada por las colas que se extendieron alrededor de escuelas e iglesias en un número como esta nación jamás había visto; por las personas que esperaron tres horas y cuatro horas, muchas de ellas por primera vez en sus vidas, porque creían que esta vez tenía que ser distinta, y que sus voces podrían significar la diferencia. Es la respuesta pronunciada por jóvenes y ancianos, ricos y pobres, demócratas y republicanos, negros, blancos, hispanos, indígenas, homosexuales, heterosexuales, discapacitados o no discapacitados: estadounidenses que transmitieron al mundo el mensaje de que nunca hemos sido simplemente una colección de individuos ni una colección de estados rojos y azules. Somos, y siempre seremos, los Estados Unidos de América. Es la respuesta que condujo a aquellos que durante tanto tiempo han sido aconsejados a ser escépticos y temerosos y dudosos sobre lo que podemos lograr, a poner manos al arco de la Historia y torcerlo una vez más hacia la esperanza en un día mejor. Ha tardado tiempo en llegar, pero esta noche, debido a lo que hicimos en esta fecha, en estas elecciones, en este momento decisivo, el cambio ha venido a Estados Unidos. Esta noche recibí una llamada extraordinariamente cortés del senador McCain. El senador McCain luchó larga y duramente en esta campaña. Y ha luchado aún más larga y duramente por el país que ama. Ha aguantado sacrificios por Estados Unidos que no podemos ni imaginar. Todos nos hemos beneficiado del servicio prestado por este líder valiente y abnegado. Lo felicito y felicito a la gobernadora Palin por todo lo que han logrado. Y estoy deseando colaborar con ellos para renovar la promesa de esta nación durante los próximos meses. Quiero agradecer a mi socio en este viaje, un hombre que hizo campaña desde el corazón, e hizo de portavoz de los hombres y las mujeres con quienes se crió en las calles de Scranton y con quienes viajaba en tren de vuelta a su casa en Delaware: el vicepresidente electo de los Estados Unidos, Joe Biden. Y no estaría aquí esta noche sin el respaldo infatigable de mi mejor amiga durante los últimos 16 años, la piedra de nuestra familia, el amor de mi vida, la próxima primera dama de la nación: Michelle Obama. Sasha y Malia, os quiero a las dos más de lo que podéis imaginar. Y os habéis ganado el nuevo cachorro que nos acompañará hasta la nueva Casa Blanca. Y aunque ya no está con nosotros, sé que mi abuela nos está viendo, junto con la familia que hizo de mí lo que soy. Los echo en falta esta noche. Sé que mi deuda para con ellos es incalculable. A mi hermana Maya, a mi hermana Alma, al resto de mis hermanos y hermanas, muchísimas gracias por todo el respaldo que me habéis aportado. Estoy agradecido a todos vosotros. Y a mi director de campaña, David Plouffe, el héroe no reconocido de esta campaña, quien construyó la mejor, la mejor campaña política, creo, en la Historia de los Estados Unidos de América. A mi estratega en jefe, David Axelrod, quien ha sido un socio mío a cada paso del camino. Al mejor equipo de campaña que se ha compuesto en la historia de la política. Vosotros hicisteis realidad esto, y estoy agradecido para siempre por lo que habéis sacrificado para lograrlo. Pero sobre todo, no olvidaré a quién pertenece de verdad esta victoria. Os pertenece a vosotros. Nunca parecí el aspirante a este cargo con más posibilidades. No comenzamos con mucho dinero ni con muchos avales. Nuestra campaña no fue ideada en los pasillos de Washington. Se inició en los jardines traseros de Des Moines y en los cuartos de estar de Concord y en los porches de Charleston. Fue construida por los trabajadores y las trabajadoras que recurrieron a sus pocos ahorros que tenían para donar a la causa cinco dólares o diez dólares o veinte dólares. Adquirió fuerza de los jóvenes que rechazaron el mito de la apatía de su generación, que dejaron atrás sus casas y sus familiares para hacer trabajos que les procuraron poco dinero y menos sueño. Adquirió fuerza de las personas no tan jóvenes que hicieron frente al gélido frío y al ardiente calor para llamar a las puertas de desconocidos, y de los millones de estadounidenses que se ofrecieron voluntarios y organizaron y demostraron que, más de dos siglos después, un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no se ha desvanecido de la faz de la Tierra. Esta es vuestra victoria. Y sé que no lo hicisteis sólo para ganar unas elecciones. Sé que no lo hicisteis por mí. Lo hicisteis porque entendéis la magnitud de la tarea que queda por delante. Mientras celebramos esta noche, sabemos que los retos que nos traerá el día de mañana son los mayores de nuestras vidas: dos guerras, un planeta en peligro, la peor crisis financiera desde hace un siglo. Mientras estamos aquí esta noche, sabemos que hay estadounidenses valientes que se despiertan en los desiertos de Irak y las montañas de Afganistán para jugarse la vida por nosotros. Hay madres y padres que se quedarán desvelados en la cama después de que los niños se hayan dormido y se preguntarán cómo pagarán la hipoteca o las facturas médicas, o cómo ahorrar lo suficiente para la educación universitaria de sus hijos. Hay nueva energía por aprovechar, nuevos puestos de trabajo por crear, nuevas escuelas por construir, amenazas por contestar y alianzas por reparar. El camino por delante será largo. La subida será empinada. Puede que no lleguemos en un año ni en un mandato. Sin embargo, Estados Unidos: nunca he estado tan esperanzado, como estoy esta noche, de que llegaremos. Os prometo que nosotros, como pueblo, llegaremos. Habrá percances y comienzos en falso. Hay muchos que no estarán de acuerdo con cada decisión o política mía cuando sea presidente. Y sabemos que el gobierno no puede solucionar todos los problemas. Pero siempre seré sincero con vosotros sobre los retos que nos afrontan. Os escucharé, sobre todo cuando discrepemos. Y sobre todo, os pediré que participéis en la labor de reconstruir esta nación, de la única forma en que se ha hecho en Estados Unidos durante 221 años: bloque por bloque, ladrillo por ladrillo, mano encallecida sobre mano encallecida. Lo que comenzó hace 21 meses en pleno invierno, no puede terminar en esta noche otoñal. Esta victoria, en sí misma, no es el cambio que buscamos. Es sólo la oportunidad para que hagamos ese cambio. Y eso no puede suceder si volvemos a como era antes. No puede suceder sin vosotros, sin un nuevo espíritu de sacrificio. Así que hagamos un llamamiento a un nuevo espíritu de patriotismo, de responsabilidad, en que cada uno echa una mano y trabaja más y se preocupa no sólo de sí mismo sino el uno del otro. Recordemos que, si esta crisis financiera nos ha enseñado algo, es que no puede haber un Wall Street [sector financiero] próspero mientras sufre Main Street [los comercios de a pie]. En este país, avanzamos o fracasamos como una sola nación, como un solo pueblo. Resistamos la tentación de recaer en el partidismo y mezquindad e inmadurez que han intoxicado nuestra vida política desde hace tanto tiempo. Recordemos que fue un hombre de este estado [Abraham Lincoln] quien llevó por primera vez a la Casa Blanca la bandera del Partido Republicano, un partido fundado sobre los valores de la autosuficiencia y la libertad del individuo y la unidad nacional. Esos son valores que todos compartimos. Y si el Partido Demócrata ha logrado una gran victoria esta noche, la asumimos con cierta humildad y con la decisión de curar las divisiones que han impedido nuestro progreso. Como dijo Lincoln a una nación mucho más dividida que la nuestra: no somos enemigos sino amigos. Aunque las pasiones los hayan puesto bajo tensión, no deben romper nuestros lazos de afecto. Y a aquellos estadounidenses cuyo respaldo me queda por ganar: puede que no haya obtenido vuestro voto esta noche, pero escucho vuestras voces. Necesito vuestra ayuda. Y seré vuestro presidente, también. Y a todos aquellos que nos ven esta noche desde más allá de nuestras costas, desde parlamentos y palacios, a aquellos que se juntan alrededor de las radios en los rincones olvidados del planeta: nuestras historias son diversas, pero nuestro destino es compartido, y llega un nuevo amanecer de liderazgo estadounidense. A aquellos que derrumbarían al mundo: os vamos a vencer. A aquellos que buscan la paz y la seguridad: os apoyaremos. Y a aquellos que se preguntan si el faro de Estados Unidos todavía ilumina tan fuertemente: esta noche hemos demostrado una vez más que la fuerza auténtica de nuestra nación procede, no del poderío de nuestras armas ni de la magnitud de nuestra riqueza, sino del poder duradero de nuestros ideales: la democracia, la libertad, la oportunidad y la esperanza firme. Allí está la verdadera genialidad de Estados Unidos: que Estados Unidos puede cambiar. Nuestra unión se puede perfeccionar. Lo que ya hemos logrado nos da esperanza con respecto a lo que podemos y tenemos que lograr mañana. Estas elecciones contaron con muchas primicias y muchas historias, que se contarán durante siglos. Pero una que tengo en mente esta noche, trata de una mujer que emitió su papeleta en Atlanta. Ella se parece mucho a otros que guardaron cola para hacer oír su voz en estas elecciones, salvo por una cosa: Ann Nixon Cooper tiene 106 años. Nació sólo una generación después de la abolición de la esclavitud; en una era en que no había automóviles por las carreteras ni aviones por los cielos; cuando alguien como ella no podía votar por dos razones: porque era mujer y por el color de su piel. Y esta noche, pienso en todo lo que ella ha visto durante su siglo en Estados Unidos: la desolación y la esperanza, la lucha y el progreso; las veces que nos dijeron que no podíamos y la gente que se esforzó por continuar adelante con este credo estadounidense: sí podemos. En tiempos en que las voces de las mujeres fueron acalladas y sus esperanzas descartadas, ella sobrevivió para verlas levantarse, expresarse y alargar la mano hacia la papeleta. Sí podemos. Cuando había desesperación y una depresión a lo largo del país, ella vio cómo una nación conquistó el propio miedo con un Nuevo Trato, nuevos empleos y un nuevo sentido de propósitos comunes. Sí podemos. Cuando las bombas cayeron sobre nuestro puerto [Pearl Harbor, del estado de Hawaii, estado natal de Obama] y la tiranía amenazó al mundo, ella estaba allí para ser testigo de cómo una generación respondió con grandeza y la democracia fue salvada. Sí podemos. Ella estaba allí para los autobuses de Montgomery, las mangas de riego en Birmingham, un puente en Selma y un predicador de Atlanta que dijo a un pueblo: “Lo superaremos”. Sí podemos. Un hombre llegó a la Luna, un muro cayó en Berlín y un mundo se interconectó a través de nuestra ciencia e imaginación. Y este año, en estas elecciones, ella tocó una pantalla con el dedo y votó, porque después de 106 años en Estados Unidos, durante los tiempos mejores y las horas más negras, ella sabe cómo Estados Unidos puede cambiar. Sí podemos. Estados Unidos: hemos avanzado mucho, hemos visto mucho, pero queda mucho más por hacer. Así que, esta noche, preguntémonos: si nuestros hijos viven hasta ver el próximo siglo, si mis hijas tienen tanta suerte como para vivir tanto tiempo como Ann Nixon Cooper, ¿qué cambio verán?, ¿qué progreso habremos hecho? Esta es nuestra oportunidad de responder a ese llamamiento. Este es nuestro momento. Estos son nuestros tiempos: para dar empleo a nuestro pueblo y abrir las puertas de la oportunidad para nuestros pequeños; para restaurar la prosperidad y fomentar la causa de la paz; para recuperar el sueño americano y reafirmar esa verdad fundamental de que, de muchos, somos uno; de que mientras respiremos, tenemos esperanza. Y donde nos encontremos con escepticismo y dudas y con aquellos que nos dicen que no podemos, contestaremos con este credo eterno que resume el espíritu de un pueblo: sí podemos. Gracias. Que Dios os bendiga. Y que Dios bendiga a los Estados Unidos de América. n
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▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬ En días pasados el Consejo Superior escogió como uno de sus nueve miembros, en representación de los ex rectores, al doctor LUIS FELIPE ZANNA CONTRERAS (1978-1982). n ▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬
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u Cualquier nota que no tenga explícitamente autor, debe ser atribuida exclusivamente al director de Occidente Universitario.
v Por limitaciones pecuniarias, las ediciones «en papel» de Occidente Universitario, que se difunden completamente gratis, es de 40 ejemplares, en promedio.
? La edición Nº 99 de Occidente Universitario saldrá (probablemente) el jueves 22 de enero del 2009. ▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬
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