MANUEL ANTONIO RUEDA JARA
Nació el 10 de enero de 1858 en Villa del Rosario. Murió el 24 de mayo de 1907.
Vamos a intentar escribir algunas líneas biográficas del notable ingeniero y matemático Manuel Antonio Rueda Jara, ilustre hijo de Villa del Rosario, la tierra del General Francisco de Paula Santander.
El ilustre matemático nació en Villa del Rosario de Cúcuta, el 10 de enero de 1858; precisamente en la misma casa en que vio la luz el Hombre de las Leyes, Francisco de Paula Santander, es decir, a los sesenta y seis años del nacimiento de éste.
A la edad de 11 años fue enviado a Bogotá a un colegio particular a iniciar estudios; luego pasó a la Escuela de Literatura y Filosofía de la Universidad Nacional, cuyo rector era el doctor Vargas Vega, quien habría de descubrir en él talentos y aptitudes pedagógicas. Contrajo matrimonio con doña Mercedes Vargas el 30 de julio de 1881, a los 33 años de edad.
El escritor e historiador don Luis Eduardo Romero Pulido, el 23 de febrero de 1958, con motivo del centenario de su nacimiento en la sesión del Centro de Historia, dijo:
"Con dolor patriótico confesamos que no hemos debido esperar hasta el centenario de su nacimiento para honrar a Manuel Antonio Rueda, feliz combinación del hombre de ciencia y del patriota iluminado, porque la calidad y cantidad de sus méritos pedía más temprana recordación.
Pero nuestra desidia es bastante hasta para ahogar el ímpetu de los pocos servidores que como Luis Gabriel Castro y Emilio García Carvajalino van marcando el deber de la colectividad frente a los grandes hombres del terruño.
Nacido en un hogar alumbrado por la virtud, el joven Rueda se impregnó bien pronto de anhelos y fuerza de lucha que debían llevarlo a puestos superiores en la sociedad. Animarlo en su carrera de estudiante, el ejemplo de paisanos tan destacados intelectualmente como los hermanos Gutiérrez de Caviedes —Frutos Joaquín y José María— quienes, como muchos otros rosarinos, lucieron fugazmente sus talentos en el cielo de la patria.
No hay que extrañar, pues, que Manuel Antonio Rueda desempeñara en el país el puesto prominente que tuvo en la sociedad colombiana, si además gozó de lúcida inteligencia y voluntad para realizar empresas espirituales; y si, por otra parte, le fueron señalados desde el hogar y en los bancos escolares claros senderos de carácter".
Entra el joven Rueda Jara a la clase de Física en la Escuela de Literatura y Filosofía de San Bartolomé en el año de 1872, y allí llamó la atención por su sagacidad e inteligencia un rapazuelo como de trece años, que parecía escapado de alguna escuela primaria y entrometido allí entre jóvenes mayores que debían superarlo en juicio y capacidades; pero los hechos proclamaban que el jovencito aventajaba a muchos de sus compañeros. Esta es una versión de Daniel Martínez, compañero de estudios.
Por allá en 1874 el doctor Antonio Vargas Vega, Rector de la Escuela de Literatura y Filosofía, con aquella penetración que acompaña el talento, descubrió en Manuel Antonio las dotes de profesor y lo indicó al Consejo de la Escuela como candidato para dictar el Primer Curso de Aritmética.
A los miembros del Consejo sorprendió mucho la insinuación del Rector Vargas Vega de que se indicara como presunto profesor de la Escuela a un niño de 15 años. Pero el Rector, con esa sonrisa sarcástica que usaba a las veces, les dijo:
"Ese niño tiene toda la talla de un profesor, y yo me permito insinuar a ustedes que se esmeren mucho en sus cátedras, no sea que al fin del año el Primer Curso de Aritmética resulte más aprovechado que los otros de la Escuela."
Efectivamente, aquel profesor niño tuvo la capacidad de hacerse respetar de una clase de más de setenta alumnos y de inculcarles una enseñanza que hizo sobresalir su curso mientras permaneció a su cargo.
Como las enseñanzas eran orales, los profesores debían preparar las lecciones antes de exponerlas a los alumnos; y de esta manera, después de dos o tres años de dictar su curso de Aritmética, tuvo reunidos los materiales para publicar la primera edición del Compendio de Aritmética, libro tan bien acogido y tan excelente, que tuvo el honor de ser estereotipado en Norteamérica y ser preferido por los profesores en nuestros establecimientos de enseñanza.
Siguiendo el mismo método de trabajo compuso los demás textos que fueron publicados sucesivamente, y cuyo mérito reconocido hace honor a la ciencia y al profesor. Así dio a luz:
- Lecciones de Contabilidad.
- Tratado de Aritmética Analítica y Comercial.
- Lecciones de Trigonometría.
- Curso de Álgebra (en colaboración con Aníbal Brito).
- Curso de Inglés (en colaboración con Roberto Mac-Douall).
- Curso de Geografía Universal (en colaboración con Francisco Montoya).
- Juguete de los Números.
- Citología.
- Las Cuatro Operaciones de la Aritmética.
Respecto de esta última obra, en carta del 27 de mayo de 1905 decía a un amigo suyo:
"Junto con esta carta debes recibir un ejemplar de Las Cuatro Operaciones de la Aritmética, librito cuya segunda edición acabo de publicar. Te dedico ese ejemplar como recuerdo de amistad y con el objeto de que hagas un examen muy minucioso, con criterio científico y pedagógico a la vez. Esa obrita ha requerido un esfuerzo muy grande de mi parte, porque no es cualquiera cosa llevar hasta la trivialidad la sencillez en la exposición en materia numérica... Desconfiado como soy de mis fuerzas, busco en el concepto de las gentes ilustradas una sanción inteligente para mis trabajos; y aunque he recogido no pocos votos de aplauso con los cuales pudiera darme por satisfecho, te declaro sinceramente que me hace falta tu opinión imparcial para tener definitivamente el fundamento de mi propio juicio."
El amigo era el condiscípulo Daniel Martínez, quien escribió sobre la obra de Manuel Antonio Rueda Jara:
"A la verdad estos elementos de Aritmética son tan claros, tan al alcance de las débiles inteligencias, que bien haría el Gobierno en comprar el privilegio y hacer del librito una edición copiosísima para distribuir en las escuelas. Como profesor de Aritmética he tenido ocasión de consultar muchos compendios de tal materia, y no he hallado ninguno tan claro y metódico, y que contenga todo lo necesario para una enseñanza elemental."
Rueda Jara fue catedrático por varios años consecutivos de la Escuela de Ingeniería; perteneció a varias corporaciones y academias y realizó intensa labor en la Sociedad Colombiana de Ingenieros. En 1892 fundó el Liceo Mercantil en asocio de su discípulo Antonio Ramírez T., a quien luego cedió la institución.
Su muerte ocurrió en Chapinero el 24 de mayo de 1907. Murió relativamente joven, a los 49 años de edad, cuando aún podía dar mucho más en beneficio de la patria y de las letras.
A los datos anteriores se pueden agregar los siguientes: fue uno de los socios fundadores de la Sociedad Colombiana de Ingenieros en mayo de 1887; durante el primer año fue presidente de dicha Sociedad; dirigió los Anales de Ingeniería desde mayo de 1887 hasta mayo de 1888, cargo al que renunció debido a que sus múltiples ocupaciones no le permitían atenderlo satisfactoriamente. En 1890 acompañó a su colega el doctor José Herrera Olarte en la fundación de la Universidad Republicana, donde culminó su carrera de ingeniero poco después de concluida la Guerra de 1876, pues para ese año cursaba el último año de la carrera.
Manuel Antonio Rueda Jara tenía un talento poderoso, una visión clara, una instrucción vasta y una expresión sencilla y persuasiva. Parecía favorecido por el don de acertar siempre, cualquiera que fuese el tema al que aplicara su criterio.